miércoles, 19 de agosto de 2009

caprichos de papel 1ª capitulo

caprichos

de papel



lorena sancari




A mis sobrinos...
...Es lo único que les puedo dar...
“Rodrigo Capdevila,
Renzo Pesano y
Emiliano Casini,
adoran a
su tía Lorena...”.





primero:

barcos que zarparon

A ellos les excedían cuestiones como la vida, la muerte, la guerra o la paz, los desastres naturales… Sólo eran Caprichos, no Dioses, ellos eran otra cosa, y los Caprichos ya tenían bastante con ocuparse de la felicidad y la desgracia de los hombres.
Desde que el mundo fue mundo, existieron ciertas reglas… Aunque ya una vez, en un tiempo lejano, supieron cómo traspasar todos los límites.
…A los Caprichos les alcanzaba con una mirada fija, soplar un par de frases al oído, acariciar una mano o rozar el cabello de alguien; por lo general, con eso era suficiente para entrar, direccionarse y depositarse en una determinada persona.
No eran excluyentes, eso quería decir que varios Caprichos podían, aunque más bien debían, confluir en un mismo ser humano… Del mismo modo, ellos tenían la obligación de ocuparse de un considerable número de habitantes, según supusiesen precisa su intervención en cada realidad personal, con la salvedad de que a mayor cantidad de gente a la que se dedicaban, menos influencia lograban ejercer sobre ellos.
…Su procedimiento formal consistía en escribir en uno de sus papeles personalizados el nombre y apellido del hombre o la mujer en el que iban a trabajar. Luego, doblaban las hojas de colores formando barcos que eran depositados en “La Fuente de la Finalidad” para que, de ahí en más, el Señor Destino se encargase de elegir y digitar su rumbo.
…Manejaban la existencia ajena impunemente, como políticos inescrupulosos que, para peor, no necesitaban molestarse en mentir para que se los tomara por criaturas amables.
Como en un peligroso juego de niños, mucha gente valerosa quedaba a merced de estos seres perversos.
...Ahí estaba Celos anotando: “...Isaías Améndola”, con letra grande y precisa, perfecta, para que cualquiera pudiese entenderla, en un trozo de hoja amarilla rubricada por él. Y Tristeza, “su” Tristeza, hacía lo propio escribiendo: “Rosel Irusta e Isaías Améndola envueltos por mí...”.


-¿La tenés abierta...? –le preguntó una mujer.
“¿Qué cosa? ¿A qué se referirá? Sí, no se imagina qué abierta que la tengo...”, pensaba Cándida...
-Sí, sí, la caja está habilitada... –le contestó con desgano-. Buenas tardes, señora, ¿abona en efectivo?
-¡Con la Visa!
-Necesito la tarjetita y el DNI, por favor...
-Ya me conocés, querida, ¿para qué necesitás el documento...? –se quejó la clienta.
-¡Por seguridad! –le explicó Cándida-. Para abonar con ticket o con tarjeta, se precisa el documento o fotocopia del mismo, cédula o registro... –repitió el versito de todos los días...
-Yo soy clienta, querida.
…Y continuó renegando a la vez que abría su billetera y sacaba todas sus identificaciones y ostentaba sus tarjetas de crédito...
-¡Está bien! ¡Ya está! ¡Con esto me alcanza...! –le aclaró Cándida que tomó lo que precisaba y empujó el resto de las credenciales...
-¡Soy conocida, yo! Nunca me lo piden... Sos la única que hace esto...
¡Y no paraba de quejarse...!
-Bueno, ya está, me lo tenía que dar igual... Mire, señora, yo no voy a seguir discutiendo con usted porque ya le expliqué todo lo que tenía que decirle...
Mientras, la mujer resoplaba y gesticulaba para demostrar su mal humor...
-¡Supervisor! –llamó la empleada...
El joven encargado de las cajas se acercó y cuando escuchó el problema, le recitó a la clienta las mismas frases que había usado Cándida...
-...es lo que marca la ley, señora... –remató.
-Pero yo soy conocida... –insistió la mujer.
-¿Conocida de quién? ¡Yo no la conozco! ¿Es famosa? –le preguntó el chico.
-¡Callate, porque yo no quiero hablar con vos! –le gritó-. ¡No servís para nada, ni para la limpieza, por eso estás ahí parado sin hacer nada...!
-Sí, señora, no sirvo para nada, por eso me ascendieron... –le replicó, burlón.
A todo esto, Cándida ya había terminado el cobro...
-¡Andate, andate, inútil! ¡No voy a comprar más acá! ¡Se van a fundir! –empezó a gritar al irse-. ¡Te piden hasta la partida de nacimiento, acá...!
...Pasión observaba, calificando: “los supermercados sacan lo peor de cada una de las personas... Una realidad opaca y espesa; lenta... ¡Lentísima!”. ¡También el Capricho veía gente muerta caminando por la calle...!


...Amor atravesó aquella frontera y la reconoció al instante, sin esfuerzos, más allá de todos los años y la feroz distancia...
“Está igual, como si no hubiesen pasado siglos”, pensó él... Y halló un universo en sus ojos...
Tuvo que reconocer que lo decepcionó encontrarla tan hacendosa y dedicada a devastar la vida de la gente, aunque ése fuese precisamente su cometido.
...La había buscado por todas las ciudades del mundo, persiguió su rastro; y no su aroma, porque los Caprichos no tenían olor... Hasta que por fin la encontró acá, fuerte e insensible como siempre, tal como cuando la conoció... Amor traspuso tantas vidas, tantos decenios, que sólo le quedaban sus recuerdos y, a penas, podía recordar sus obsesiones: “su amor” profundo e inigualable... Su amor por su Tristeza.
...Aquello nuca tendría que haber sucedido. No debieron oponer sus voluntades ni cruzar sus caminos... Pero pasó y la vez que ocurrió fue demasiado tiempo atrás... Fue una historia que se comentó a lo largo de muchos años... Igualmente, pocos eran los que conservaban en sus memorias las consecuencias de aquello...
¡En realidad, no se podía esperar otra cosa entre Caprichos...! El Amor y el Sufrimiento jamás se sintieron personalmente del todo compatibles (aunque se atrajeran bastante...), pero hasta aquel entonces, se respetaban y permitían que el otro trabajara en paz.
...Se enfrentaron por ella, en medio de una ciudad despótica y desalmada... Al principio, la Tristeza se sintió halagada al verse disputada por dos de los Caprichos más codiciados... Hasta que se enamoró... Y de tanto tener la cabeza ocupada en otra cosa, en él claro estaba; en ese tiempo y en aquel lugar, la gente empezó a sentirse demasiado contenta... Mientras tanto, ellos, como en un juego de vanidades, se atravesaban en sus designios, echando a perder cada uno el trabajo del otro...


-¿Por qué te vestís tan rápido...? –le preguntó Rufina que no tenía ganas de levantarse y mucho menos quería ir a cursar.
-Porque tengo frío... –le dijo Santiago, porque fue lo primero que se le ocurrió.
...Y le mintió porque ni bien notó la luz opaca del nuevo día, deseó alejarse de Rufina. Tal vez se trató del final del hechizo... El truco de magia revelado, básico y simple, sin sorpresa, sin nada de misterio... Ella dejó de representar algún interés para Santiago.
Él se fue y ella se metió en la ducha para terminar de despertarse, recuperar la conciencia y robarle algo de tiempo a la facultad. La imagen de pasarse encerrada la mañana completa, hasta pasado el mediodía, le quitó las ganas de desayunar... Agarró su bolso, los cigarrillos y los anteojos, absurdos en ese día nublado... Quizás no era del sol de quien estaba escapando.
El departamento que compartía con su prima iba quedando atrás a medida que caminaba hacia la facultad...
Cuando vivía en el pueblo, con sus padres y sus hermanitos menores, quería ser veterinaria... Pero llegó a La Plata y se inscribió en Periodismo... Ahora, estaba por recibirse y se daba cuenta de que tendría que haber estudiado peluquería...
En el aula del segundo piso se encontró con sus compañeros que, a lo largo de esos años se fueron alternando en algunas materias... No llegó a formar un grupo compacto de amigos; a penas se hizo de tibios compañeros de estudio...
Como el titular tardaba en llegar, Rufina llamó a la casa de su novio. No le contestó nadie. “A lo mejor, todavía no llegó, ¡pero qué raro!”, pensó, hasta que un hombre triste y desabrido empezó a dar cátedra... Pero ella no escuchaba, no podía sacar de su cabeza la inquietud de no poderse comunicar con Santiago...
Horas más tarde, la mamá de él le confirmó, cuando la atendió a eso de la una, que él había llegado y había vuelto a salir... ¿a dónde? ...no sabía, hacía mucho que su hijo ya no le rendía cuentas... Finalmente, Rufina se resignó y le agradeció a la mujer la poca información que le había dado... Lo llamó al celular y lo tenía fuera de servicio...
-¡Para qué tiene un celular si lo va a tener apagado...! –gritaba cuando entraba al departamento donde ya estaba su prima que pretendía estudiar.
...Para la noche, ninguno de sus mensajes fueron respondidos... Algún pudor la reprimió de seguir llamándolo a su casa... Y ciertas dudas y temores la acosaron durante toda la madrugada.
¡La confirmación del fracaso! ¡El inicio del suplicio...!
...Una vida marcada por las malas decisiones... Rufina se encontraba tan confusa e incomprendida... ¡Demasiadas angustias! ¡Amores esquivos...! ¡Tantas heridas! ¡Todas las decepciones...! ¿Cómo había llegado a enamorarse de Santiago con todos sus desplantes? ¿Cómo había sido capaz de soportar todos esos años estudiando una carrera que no le apasionaba...? ¿Podía imaginar su vida ejerciendo esa profesión? ¿Cómo haría para no morir sin Santiago...?
...El Amor también andaba contrariado por esos días... Entre sus padecimientos personales, él observaba a esa chica atormentada por sus sentimientos, que nada tenían que ver con su intervención... Hasta ese momento, Rufina no integraba su lista.
...Llena de días parecidos pero más crueles, ella continuó yendo a las cursadas cada vez con menos convicción... Desmoralizada, se conformó a pasar sus noches sin Santiago que desapareció de su realidad sin explicaciones ni despedidas. Su corazón chiquito se ensañaba con ella. El príncipe de sus sueños terminaba siendo un sátiro...
De pronto, un atardecer en que otra vez quedaba atrás el edificio de la facultad para volver a su casa, dejó de recordarlo... Y, sin sufrir por el amor estúpido e inservible que sintió por ese pibe, aunque más bien padeció, tuvo la mente despierta para resolver otras cuestiones...


...Pero los Caprichos no estaban solos. Contaban con sindicato, contratos, aguinaldo, vacaciones pagas y, por supuesto, jefes.
Ellos debían responder ante el Señor Destino, que era el encargado de coordinar “El Ministerio de los Sueños”. Allí arribaban los barcos de colores y era el lugar donde se congregaban, seleccionando y organizando las fuerzas que manejaban el devenir y los anhelos de los hombres. El Destino decidía, junto a algunos selectos subalternos, y determinaba, las aspiraciones que los Caprichos elegían para cada persona...
El Señor Destino soplaba los vientos de “La Fuente de la Finalidad” que tenía dos afluentes: un canal conducía los barcos de hojas escritas hacia la felicidad; y el otro a la desdicha... Entonces, una vez asignado el curso del porvenir, restaba estipularles la forma en que se irían a desarrollar los principales sucesos de cada vida, así como los impulsos que se destacarían, marcando, su hoja de ruta... En esta etapa entraba en acción la Señora Suerte, su hermanastra resentida, que veía si favorecería o no a las personas. Sin embargo, la última palabra siempre la tenía el Destino; de ahí, ese recelo que ella le tenía...
Sólo había tres opciones con respecto al sino de cada proyecto de vida... Los sueños de una persona podían ser: reales, posibles o imposibles... Por ese motivo era que “El Ministerio” se dividía en tres grandes oficinas...
La de los Sueños Reales, estaba controlada por la Señorita Casualidad, una joven algo atormentada y despistada.
...El departamento de los Sueños Posibles estaba bajo la tutela de la Señorita Incertidumbre que, indecisa, no sabía si coquetearle o no al Destino, que nunca pudo ocultar su predilección por ella.
Por último, estaba la dependencia de los Sueños Imposibles, conducido por la Señorita Esperanza, la única capaz de alimentar los breves instantes de tiernas promesas para los humanos... Lo que mejor sabía hacer, era dar aliento, aunque ni ella estaba del todo convencida de que eso sirviera de algo.
...La justicia no encuadraba en ninguna categoría de nada... Sí, había que aceptarlo, si la justicia no estaba en los planes de los Dioses era porque no existía.
Efectivamente, fue Esperanza la primera en notar que algo no andaba funcionando bien entre aquellos Caprichos.


...Los Caprichos tenían la facultad de influir en las personas, como un virus o los parásitos que despreciaban a las criaturas en las que incubaban su peste.
Cuando los seres humanos entraban en sus redes, quedaban literalmente “encaprichados”...
Pero de tanto ocuparse de varios seres a la vez, los poderes de unos iban menguando en tanto que los de los otros pasaban a predominar...
Los efectos de los Caprichos en los humanos eran como reflejos conductuales... ¡El perfecto talento de infundir sus furias!
...No podían destruirse entre sí, ¡también para ellos existía lo imposible...! Todos tenían la misma categoría y fuerza; no obstante, con esmero y concentración llegaban a conseguir anular los frutos de los demás colegas.
Algunos Caprichos se inclinaban por premiar a la gente que más se parecía a cada uno. Otros, se ensañaban con ellos por la misma razón; al fin de cuentas no se trataba más que de hombres...
-¿Arriba o abajo? –le preguntó.
-Si te referís a lo que me gusta, prefiero arriba –respondió Augusta-; pero es cuestión de hablarlo, de alternar...
-Me refería al ascensor, ¿subís o bajás?
-Sí, por supuesto, yo también, estaba bromeando... –el espejo le devolvió la imagen de su rostro acalorado-. Voy al segundo piso, a la oficina del Doctor Rosales.
-¿Sí? ...Bueno –agregó el hombre, y presionó el número en la memoria del ascensor.
Después de que el sujeto se alejó, Augusta se insultó a sí misma“por bocona” y se puso a pensar en que hacía varios días que no tenía noticias de Pascual.
¡El reflejo de la insensatez...! ¡Augusta era tan arrasadora, tan inimputable...!
Al instante, una secretaria le avisó que el señor fiscal la estaba esperando, que ya podía pasar...
A Pasión le cayó bien esa chica que le habló con desparpajo a un desconocido en pleno ascensor... Pasión coincidió con esta mortal: “¡ese hombre con estirpe de actor de cine podría se un buen pasatiempo!”. Por otra parte, el Capricho sabía que los efectos del Viejo Amor habían caducado entre Augusta y Pascual, aunque ellos insistieran en querer estar juntos.
...Asimismo, desde muy lejos, la Señorita Incertidumbre también había sonreído con la charla del ascensor... Le recordó la forma en que ella se le había aproximado a su padrino.
-Permiso... –dijo Augusta a la vez que abría la puerta y se topaba frente al rostro de aquel hombre...
Se volvió a avergonzar... “Le dije una guarangada al tipo que tengo que entrevistar sobre algo tan serio...”, pensó en un flash de segundo, “¿qué va a pensar de mí...? ¿Qué le puedo decir para revertir la imagen que le debo haber dejado de buscona desesperada?”. Finalmente, optó por omitir aquel lapsus de sinceridad.
...Y luego, las presentaciones ayudaron a devolverle el carácter formal al encuentro, y pronto, ambos volvieron a concentrarse en el asunto que había motivado a Augusta a pedir una cita con este fiscal.
-La escucho, ¿qué quiere saber, señora? –le habló, a la espera de que ella lo corrigiera con un “señorita”.
-Señorita... –le aclaró...
“El tipo realmente está muy bueno...”, siguió pensando.
Y pronto, las preguntas, concisas, bien pensadas, difíciles de eludir, útiles e interesantes; escasos cruces de información; las dudas operativas y ciertos cuestionamientos, tensaron la charla...
-...Yo no estoy acá para lucirme, doctor, y tampoco tengo la intención de hacerle buenas preguntas, prefiero que me dé buenas respuestas... De igual modo, tampoco me importa parecer tonta con esto que quiero saber porque lo que no entiendo es... –destacó la periodista-... si usted cuenta con la misma información que nosotros y mucha más todavía, como me dijo, ¿por qué no arresta a ese delincuente...?
-Porque un tribunal es distinto a un diario... –y Basilio le explicó-: es decir, sus pruebas le pueden alcanzar para no “comerse” una demanda, pero si yo voy a un juez solamente con esto, no me alcanzaría, señorita... ¡Haría el ridículo y ese tipo saldría impune! ¡Tengo que seguir trabajando en el caso antes de tomar medidas! ¡Parece que usted y yo manejamos otros tiempos y diferentes urgencias...!
La entrevista fue suficiente para satisfacer la primera etapa de su investigación, así que se despidió manifestándole que ella no pretendía presionar a nadie pero que, probablemente, tendría que volver a contactarse con él...
Al instante, Pasión escribió: “Augusta Palmero y Basilio Rosales van a sentir una atracción mutua y un deseo desesperante...”.
...Así se inició “el caso: Augusta Palmero/ Basilio Rosales”, y al Capricho no le interesó, sino más bien le atrajo, la idea de que también hubiese un expediente abierto, flotando por ahí, con los nombres de “Augusta Palmero/ Pascual Ferreira”.
A su vez, Incertidumbre, vio con buenos ojos los esfuerzos del Capricho y se dispuso a colaborar con aquella historia...
Augusta regresó al diario y como no se encontró con demasiadas novedades, aprovechó para desgrabar y analizar los dichos del fiscal. Aún con tiempo, se dispuso a avanzar en el libro que venía leyendo. Siempre cargaba con ella el libro al que se dedicaba por esos días... Volvió a empaparse de los anhelos que Minerva Mirabal tenía...
“...Contempla las estrellas. Hace poco había leído que la luz de las estrellas tardaba años en viajar a la tierra. La estrella cuya luz veía, bien podría haberse extinguido hacía años. Esperanzas falsas. ¡Qué las noches sean totalmente oscuras! Pero hasta ese oscuro deseo lo hizo mirando una estrella...”.
-¿Cómo te fue en la entrevista? –le preguntó el jefe de redacción.
-Nada mal...
“...Pedacitos del pasado emergían de la sopa acuosa de aquellos días: Lío explicando cómo darle a la pelota de voleibol para que formara una curva al caer; la lluvia que no cesaba mientras íbamos al entierro de papá; mi mano asestando una bofetada en la mejilla de Trujillo; el médico dándole una palmada a mi primera hija al nacer...”.
-¿Me conseguiste el artículo que te pedí? –esta vez, la interrumpió un colega.
-Sabés que no lo puedo encontrar por ningún lado, pensaba que lo tenía guardado pero se ve que lo borré o algo, porque en la compu ni rastros...
“...Cuánto deseé en ese momento desahogarme con mi vieja amiga. Confesarle que no me sentía igual que antes de la prisión. Que quería volver a tener mi vida de antes.
Pero antes que pudiera decir nada, ella me tomó de las manos.
-¡Viva la Mariposa! –susurró emocionada.
Le sonreí con valentía, como ella esperaba que hiciera...”.
Entonces, apareció Pascual. “¡Así no se puede leer ni el horóscopo!”, se dijo y, cansada de las interrupciones, guardó el libro.
Con Pascual dialogaría de verdad, entre ellos tenían algunas cositas que coordinar...
-¿Qué hacemos hoy? –él, empezó con las tratativas.
-No sé, ¿vos qué decís?
-¡Yo digo que te vengas a mi casa! –sugirió.
-Bueno.
Y, sin más dificultades, arreglaron para pasar la noche juntos, después del cierre de la edición.
...Una cama dura, como hecha de asfalto... Ahí dormía Pascual aunque por lo general, se pasaba demasiadas horas despierto si era que estaba acompañado por Augusta.
-¡Augusta, qué nombre más feo! –le dijo para despabilarse...
-¡No vayas a creer que el tuyo es más lindo! –le retrucó.
-Un poco más lindo es... –sugirió él.
-A penas, casi nada...
-¿Averiguaste algo nuevo para tu investigación? –quiso saber, aunque ella no tenía muchas ganas de hablar, y menos, de trabajo...
-Poco... –le contestó, esquiva-. El tipo me mintió o me ocultó demasiado para mi gusto... De todas maneras, no creo que esté dilatando las cosas a propósito... Igual, yo estoy convencida de mi teoría...
-¿Cómo lo sabés?
-No lo sé, por ahora es pura intuición, es un riesgo que voy a correr...
-¿Pero lo vas a publicar...?
-Todavía no, me falta un poco de información... Voy a volver a hablar con este tipo para ver qué más le puedo sacar...
-A lo mejor conseguís apurarlo un poco...
-¿En qué sentido? –le preguntó, como si él hubiese sido testigo de la bochornosa escena del ascensor...
-¡Para que detenga a ese corrupto hijo de puta...! ¿Qué otra cosa, si no?
...Durmieron un poco... Pasión los observaba y, lejos de horrorizarse o preocuparse, le fascinó el panorama... Lo dicho, ellos persistían con la idea de seguir juntos aunque ya no los uniera el amor.
-...Vení un poquito más acá... Ponete así... ¡Cómo me gusta hacer esto...! ¡Quedate así...!
-¿Así está bien...? –le preguntó Augusta, plenamente obediente.
-Sí, así, así...
¡Ellos sabían cómo aprovechar el tiempo en que cada uno se encontraba solo...!
...Pasión, buscó una de sus hojas y antes de armar un barco con ella, anotó: “Augusta Palmero y Pascual Ferreira viven un apasionamiento irrefrenable...”.
-¡Dios mío, sos única...! –Exclamó Pascual después del sexo-. ¡Te amo! –dijo, y a nadie le importó si le mentía o no-. ¿Estás bien?
-Sí –y volvió a tomar aliento-. ¡Pero me la metiste hasta el alma...!
-¡Vos solita te lo buscaste, así que no te quejes! ¿Para qué me provocas...?
-Te provoco porque me encanta... Y para que te enteres, no me quejo...
-¿Pero te gustó?
-¡No sabés cuánto...! –le aseguró Augusta.


...No era fácil de definir en qué etapa de su aprendizaje adoptaron el hábito, pero los Caprichos, absolutamente todos, sentían una atracción irrefrenable por los puntos suspensivos...
Cuando le contó que se iba a vivir con sus abuelos para poder estudiar, Isaías sólo le dijo que estaba bien, que eso era lo mejor, que para qué iban a seguir estirando “esto”; si ellos únicamente estaban juntos para pasarla bien, pero que no se querían...
-Yo nunca te voy a pedir que te quedes conmigo –le afirmó, por si eso era lo que Rosel esperaba de él...
Y, confiada y lunática como siempre, se vino pensando que Isaías iba a tener demasiado tiempo libre con ella lejos.
...Semanas después, el Amor de San Martín de los Andes, volvió a anotar sus nombres, letra por letra, y una corriente beneficiada por el viento del Destino, empujó a Isaías a viajar, olvidándose de su orgullo de niño acostumbrado a que lo consintieran, a buscarla por las calles de nuestra ciudad.
¡Toda aquella distancia por recorrer...! ¡El tardío descubrimiento del amor y todo lo que ello implicaba en el ser más inmaduro del planeta...!
La encontró con la ayuda de los padres de ella que no sólo le anotaron la dirección sino que también le explicaron cómo llegar...
...Por eso, simplemente, un domingo, toco el timbre de la casa de los abuelos de Rosel.
...Se sabían la lección que exigía la noche. En medio de sabores heredados de los primeros hombres y mujeres... Con las horas a su favor reconciliaron sus placeres como cuando se gozaban amparados por la calefacción de los cuartos de los hoteles del papá de él.
Con veintitrés años, Isaías, un chico bien con pinta de ex presidiario, no tenía vergüenza ni culpa de ser mantenido por su familia, así él podía contar con más tiempo para adorar a Rosel....
-¿Cómo conseguiste mi dirección? –quiso saber ella, después de degustarlo.
-Siempre consigo lo que me propongo... Por cansancio o por mérito, pero lo logro... ¡Y más si se trata de la dirección de donde está la chica que quiero!
…Otra tarde de su vida, se lo encontró a la salida de la facultad... Podrían haber ido a algún café pero optaron por volver a la casa porque ella tenía que hacer algo que le habían encargado en una de las principales cursadas, y para aprovechar a tomar el chocolate que su abuela preparaba como los dioses.
Rosel pensaba que ya era hora de ponerse a delinear los primeros trazos de aquel trabajo... Pensaba que tendría que sentarse a la computadora, pero no era más que una idea porque algo ajeno a ella, como una fuerza ancestral, no le permitía abandonar el abrazo de Isaías y el frío de su piel...
Volvió a mirar la computadora y, básica y natural como era, tan segura y soberbia, a través de un impulso incontenible le contó la aventura que tuvo con Octavio...
-¡Esperá...! ¡No te vayas...! –le pidió Rosel...
-...No tenés las palabras para convencerme ni la fuerza para detenerme... –le explicó él.
-...Pero en ese momento no estábamos juntos, no sé por qué te enoja tanto... –intentó justificarse.
-Para mí tampoco fue fácil quedarme sin vos de la noche a la mañana, y ni así me anduve garchando a cualquiera...
-...Pero si te lo cuento es porque ya se terminó...
-Pero yo no te quiero escuchar...
-¡Vos no te das cuenta, pero a veces, se hace muy difícil hablar con vos!
¡Verdades inoportunas!
¡Una nueva tarde en ruinas...!
-Te amo, nene, aunque no me creas nada... –le dijo mientras lo oía marcharse.
Y volver a morir, sencillamente...
-¡Isaías...! –lo llamó con toda su voz, como en un intento absurdo de gritar afinando...
Un profundo desencanto se apoderó de Isaías; tal vez fuera el inicio de los celos... Él podría haberla matado mientras le narraba aquel romance como si hubiese sido una travesura...
Ninguno se acordó en detenerse a pensar en el otro...
Y Rosel, podría haberse dedicado el resto de la tarde a trabajar con la computadora porque ni bien ella terminó de hablar, él se alejó de su cuerpo, odiando a esa chica traidora y perversa... Sin dudas, ya empezaba a padecer los primeros síntomas de un devastador sentimiento...
Si ese día hubiese terminado el mundo, sus vidas habrían sido en vano.
...Celos miró con complicidad a Sufrimiento…
-¡Nuestro trabajo ya está hecho, estimado amigo mío! –dijo el Capricho.
Tristeza suspiró convencida de que con “el caso: Rosel Irusta/ Isaías Améndola” no tendría ni un segundo de descanso, si era que pretendía lograr su cometido... Y entonces, los tres acallaron sus risas, observados por un Amor dolido y molesto por el curso que iba tomando la historia.
...Isaías le demandaba mucho esfuerzo, pero los Caprichos eran así, no podían dejar de buscar satisfacciones propias...
Y así, hurgando entre sus placeres, Pasión se le cruzó en el camino... Él, tan acostumbrado a entrometerse entre hombres y mujeres, asediándolos con dudas, temores y tormentos... Él, Celos, el más desconfiado e inseguro de los Caprichos, se cegó y se dejó envolver por el fuego de la Pasión que, de quemar y jugar, sabía muchísimo...
Celos fue descubriendo que, al fin y al cabo, no era tan incapaz de querer o disfrutar como los otros creían... Él se dio cuenta de lo prometedora que podía resultar entrar, de tanto en tanto, a la habitación que Pasión ocupaba en “El Muelle”.


...En “El Muelle”, que en nada se parecía a los que nosotros conocíamos, trabajaban los Caprichos. También dormían allí, se alimentaban, se distendían... Sin embargo, la mayoría de las veces, lo que ellos más disfrutaban era salir a pasear...
Los profundos anhelos de la gente que derrapaban, siempre era responsabilidad de ellos... Como los de Isaías y Rosel, que jamás llegarían a enterarse de que en un lugar extraño e inalcanzable para los humanos, sus nombres habían sido escritos en papeles que navegaban en forma de barcos por el agua de una fuente especial...
No obstante, Celos, siempre se hacía de un rato cada día para atormentar a Isaías y a varios más, antes o después de escarbar entre la cama de la Pasión...
Pero él no era el primero ni el único que contaba con semejante privilegio... No por nada Pasión tenía fama de desalmada y aventurera, la más peligrosa de todos ellos, tanto, que hasta sus colegas más sensatos, preferían mantenerla alejada, a una distancia prudencial...
Rencor, el más obstinado y sabio de los Caprichos, también solía relajarse después de horas de arduo trabajo en compañía de ella... Él era el hermano mayor del callado Olvido y del tierno Consuelo... Aunque mandón, ninguno de los dos le hacía caso.
...Fue precisamente Olvido, el que, fastidiado por sus reclamos, le dijo que no tenía autoridad para recriminarle nada a nadie...
-Si usted es la burla de todos los Caprichos de esta sucursal, a lo mejor de todo el mundo... Es poco serio, sabe... Usted es el único que todavía no está enterado, estimado hermano, de que cuando abandona el cuarto de Pasión, otro entra a ocupar su lugar...


...Los Caprichos influían tanto en la mente y el corazón de los hombres que terminaban por apoderarse de la voluntad del ser elegido.
No se los veía, aunque hubiera habido quien juró conocerlos, haberlos sentido acercarse.
...La gente podía expulsarlos de su cuerpo, como los antibióticos que curaban una herida infectada; pero la mayoría de los mortales ignoraba la fórmula.
Un Capricho por sí solo no conseguía demasiado, siempre terminaba recurriendo a otros compañeros para realizar una obra magistral... ¡Un trabajo en equipo entre las criaturas más egoístas y ventajeras del universo...!
Nada relacionado a los Caprichos tenía que ver con una cuestión de merecimientos... Más bien era un asunto de antojos.
Ya tenía las valijas preparadas al momento de sentarse a hablar con Jacinta...
-Por lo menos no nos mentimos... –sentenció Cayetano cuando le dijo que tenían que separarse...
-Yo nunca te engañé en nada, supongo que vos tampoco... –analizó Jacinta.
-Probamos y nos salió mal, pero probamos...
-¡Es verdad, al menos lo intentamos...!
-¿Cómo hacés para no parecerte en nada a la mujer de la que me enamoré...?
-¡Mirá que vos tampoco sos como el Cayetano de antes...!
...Habían llegado al penoso estado en que ya no tenían de qué conversar. No les quedaba secretos que ocultar, contar o adivinar...
Después se pusieron a tratar de ver cómo podían arreglar el tema de los negocios...
...Civilizadamente acordaron que, como tenían dos zapaterías, cada uno se haría cargo de una. No fue fácil establecer cuál saldría beneficiado: ella era una brillante vidrierista, con un gusto excelente, pero era también pura inconciencia; y por otro lado, Cayetano era el que contaba con una excepcional visión para los negocios. Él trataba con los mayoristas aprovechadores... Él mantenía a raya a los empleados...
-Me parece bien –opinó Jacinta-, preferiría evitar a los abogados que se van a terminar quedando con lo poco que tenemos... –agregó.
...Al escucharla, Rencor la maldijo ciento cinco veces por su determinación y salió corriendo, desesperado, a buscar uno de sus papeles.
...Como Sufrimiento tenía predilección por los enamorados, se ensañó con ellos y escribió: “...Jacinta Gandolfo y Cayetano Márquez van a sufrir cuando estén cerca... Pero será aún peor cuando estén lejos el uno del otro...”.


...A pesar de que fue en una época muy, pero muy lejana, todavía quedaba alguien que recordaba que Amor escribió y subrayó el sonoro nombre de una mujer... Aunque para nosotros no significara nada más que eso, entre Caprichos, quería decir que el Amor había elegido a esa persona para guiar su vida, acompañándola siempre, envuelta por el amor correcto, hacia la felicidad...
Tristeza andaba tan enamorada y, gracias a los consejos que recibió de la Ternura, reforzó sus lazos con Amor... ¡Y lo arruinaron todo! ...Ella se convirtió en un Capricho que rechazaba su nombre... Fue tan dichosa que se olvidó de hacer correctamente su trabajo. Perdió, o más bien, dejó de lado su eficiencia...
Sufrimiento se enfureció tanto con esa elección que, sin poder hacer otra cosa, dedicó todos sus esfuerzos a atormentar, hasta el día de su muerte, a la mujer protegida por el Amor... ¡Y claro, él, sólo tenía ojos para prestarle atención a “su” Tristeza, así que cuando advirtió las maniobras de su contrincante, ya era tarde...!
...Y los rumores de desconcierto y disputas llegaron hasta los Dioses que estaban muy interesados en seguir de cerca los avatares de esa cruel ciudad en aquellos tiempos turbios.
...Siempre se dijo que los Dioses eran sordos y, ¡lo eran bastante en verdad, aunque terminaran por enterarse de casi todas las cosas, a veces no se escuchaban ni entre ellos...!
...Los Dioses eran tres, aunque en realidad parecían uno solo, repartiéndose el trabajo, turnándose para poder descansar cada tanto.
Pasado, el Dios más irritado y obstinado, al extremo de negarse a aprender...
Futuro, el más joven de los tres, todavía no tenía formada su verdadera identidad y, sin personalidad, se mostraba indeciso, incierto y bastante inestable...
Finalmente estaba el olvidadizo Presente, el más vulnerable de los Dioses que, culposo, se dejaba influenciar con exagerada facilidad por lo que le decía el Pasado...
¡Uno era malagradecido, otro absolutamente ignorante y el que quedaba se mostraba resentido...!
Entre tanto delegar en el Señor Destino, los Dioses se guardaron exclusivas tareas de las cuales encargarse... Digitar el fútbol, manejar la naturaleza, castigar, distribuir la riqueza y diseminar la pobreza en este mundo, entre otras cosas...
Estos Dioses eligieron permanecer en el más absoluto anonimato con respecto a los mortales... ¡Una idea nada despreciable! ...Porque al no darse a conocer, quedaban eximidos de cualquier responsabilidad... Sin la obligación de dar respuestas a los reclamos de sus fieles, se desligaban del compromiso de ocuparse de aquellas vidas... Porque si las personas se veían defraudadas, a quienes culpaban eran a los “otros dioses”, los ficticios, los de repuesto... Asimismo, el Presente, el Pasado y el Futuro, no se alimentaban de la veneración ni del temor humano... Y, por otra parte, nadie podía revelarse contra los Dioses que no se conocían... ¡Era la ecuación perfecta...!
¿Qué clase de conductas se podía esperar de Ellos...? ¿Qué otra cosa podíamos haber hecho con estos Dioses...?
...Los Dioses, cuando no estaban distraídos o cuando el placer les dejaba tiempo y energías, se entretenían sojuzgando a los seres humanos... Terremotos, guerras y enfermedades; eran sus pasatiempos predilectos.
...Cuando al fin se pusieron de acuerdo los tres, una vez hastiados de la insurrección y los disturbios que reinaban en aquella ciudad a causa de los Caprichos, se vieron obligados a intervenir directamente.
...Cortaron por lo sano: a Tristeza la deportaron a una sucursal perdida en el sur del planeta, tanto, que ella nunca había escuchado ni siquiera nombrar...
El cuento que divulgaron los Dioses a través del Destino, había tenido la función de amedrentar al resto de las criaturas con ínfulas insurgentes o perturbadoras del estatus quo establecido... ¡Una versión con moraleja...! ¡Una historia que rengueaba...!
A ella, a la Tristeza, la experiencia le resultó lo bastante aleccionadora como para dejarse de chiquilinadas y entendió que había llegado el momento oportuno para retomar su carrera, hasta entonces, impecable. ¡Volvió a ser obediente...!
...Una vez acá, desaparecidos los recuerdos, se encontró con otros Caprichos, castigados como ella, que le enseñaron a sobrevivir en esta latitud... ¡El Consuelo también la ayudó a superar sus trastornos!
...Nada de esto quiso significar que ese lado del mundo se libró de la Tristeza, muy por el contrario, su lugar lo ocupó una homónima muy aplicada.
Entonces, con el paradero de Tristeza mantenido en rigurosa reserva, Sufrimiento se mudó a otra ciudad menos devastada que le ofrecía novedosas perspectivas de desarrollo para demostrar su talento...
Por su parte, el Amor, se quedó allí para tratar de recompensar la mayor cantidad posible de corazones... Se lo veía desilusionado porque la Nueva Tristeza no se parecía en nada a “su” amor.
...Pero una mañana cercana, la Derrota, uno de los más desobedientes de todos los Caprichos, le sopló algo al oído... Así fue como se le reveló el sitio en que se encontraba “su” Capricho preferido... “Su” amor, el que había buscado sin éxito a lo largo de tantos siglos y por tantos lugares diferentes, aprovechando sus vacaciones y los días de licencias que se le otorgaban cada año...
Una Envidia irresistible le fue con el chisme al Sufrimiento que, haciendo gala de su cara de inocente, embaucó a su jefe, el Señor Destino, y consiguió su traslado... ¡Todo o casi todo se propagaba rápido entre esa clase de criaturas...! ¡Si ni los Dioses sabían guardar un secreto...!
...El Entusiasmo, si bien nunca llegó a entenderlo del todo, le dio ánimos y un poco de sus ínfulas... Entonces, el Amor se tomó licencia sin goce de sueldo para poder viajar con tranquilidad... Así fue como, una vez designado su reemplazo, él se vino a este lugar lejano para reconquistarla...
Llegó a un territorio con nombre prometedor... ¡Una ciudad impúdica...! No tuvo conciencia, no especuló, ni siquiera reparó en las consecuencias futuras que podrían derivar de sus actos... Apenas un par de ideas certeras lo mantenían en pie: una, era el objeto de su amor; otra, el convencimiento de no volver a cometer el error de descuidar su trabajo y dejar que algún inocente padeciera por su culpa.
...Ya nada lograría volver a ser como antes... Parecido a aquella primera vez en que confluyeron sus caminos, los Caprichos desataron tal desconcierto en los corazones de los humanos, que la vida de las personas y de los Caprichos mismos, se tornó un caos... En medio de todo eso estuvieron los hombres y las mujeres envueltos por estas batallas de amor, tristezas, odios y obsesiones; historias como tantas otras que se podrían contar en esta vida, en este mundo, pero que sólo podían suceder en esta ciudad... Y como los Dioses tenían bastante relegada de su orden de prioridades a la sucursal de La Plata, nunca llegaron a enterarse de todo lo que nos pasó...


Isolina llegó de su tercera clase consecutiva después de haber salido de la escuela... Se moría de ganas por ducharse, comer algo rápido y acostarse que, al día siguiente se tenía que volver a levantar a las seis...
Pero se encontró con que en su casa se había armado una gran comida. En medio de un aire risueño, totalmente ajeno a ella, cenaron.
Ambos matrimonios eran amigos y, los invitados solo convencieron para ir a la reunión a sus dos hijos menores...
Isolina tuvo que olvidarse de los planes que se había hecho, postergar sus deberes de inglés y sentarse a la mesa sin bañarse...
Remigio, se mostró de lo más maleducado, estaba molesto porque esa mañana había desaprobado otro examen... A los dieciséis años, se sentía excluido de lo bueno de la vida, si era que tal cosa existía... Se agobiaba en la escuela, con los amigos ya no se divertía, y sus padres lo obligaban a ir a cenar con gente adulta y aburrida...
Isolina se fue a dormir temprano y lloró toda la noche.
Alegría la vio y se compadeció de ella: “la niña más triste”, pensó... Poco después, exponiendo el tema entre sus compañeros de trabajo, el Amor le explicó algunos de los motivos...
-...Es que tu niña ama a un tal Remigio... –le confirmó.
-Ya veo... ¿y él? –le preguntó.
-No lo sé... No consigo ver nada dentro de él... –reconoció el Amor.
-Es imposible que una pequeña de quince años esté enamorada... –sostuvo, segura y tajante, la Tristeza.
...Ella, había hablado para lucir su voz y para que ninguno de los Caprichos se olvidara de que ella también integraba la mesa.
-¡Va a padecer muchas penas, pobrecita! –afirmó Consuelo-. ¡Tendré que estar atento...!
-Solamente sufrirá si su amor no es correspondido... –aclaró la Alegría...
-...Pero no sabemos si el jovencito la ama... –destacó, otra vez la Tristeza, que ya se estaba relamiendo con la historia...-. Ella piensa que el tal Remigio no la registra...
-¡Amada Tristeza, tal vez mi carrera se me vaya en ello, pero esa niña, lo va a enamorar, créame, como que soy el Amor!
...Y Alegría festejó, seguía creyendo que el amor era un excelente juego.
...Aquel día, Isolina salió del colegio, almorzó una hamburguesa en la plaza y se fue directo a lo de su profesora de piano y solfeo; a ella no le gustaba en verdad, pero tres años atrás su madre la convenció de que le iba a gustar.
…A la hora, volvió a pisar la calle y se dirigió al instituto de inglés. Desde los diez que estudiaba idiomas y se alegraba de ello, porque pensaba que le serían de utilidad, al menos en el futuro, si era que definitivamente confirmaba que seguiría periodismo... De hecho, a principios de este año, ella eligió, en su escuela, la orientación “comunicación” y aún no se arrepentía; varias ex compañeras le habían contado que la división de “naturales” era un desastre...
Para cuando llegó a su casa, a eso de las cinco, no había nadie, se preparó un te, hizo algunos de los ejercicios que le habían encargado, hasta que se puso a pensar...
¿Cómo desoír sus sentimientos...? ¿Cómo no responder debidamente a sus emociones? ¿Cómo escapar...? ¿Cómo no dar un paso hacia adelante, al menos uno, frente a su deseo por Remigio? ¿Cómo ignorar su necesidad de él...?
El riesgo. El juego. El fuego. El premio...
...En ese momento, el Amor escribía: “...Isolina Crespo ama a Remigio Ruzzo y hace lo que está a su alcance para conquistarlo y enamorarlo...”.
...Bien podría haber archivado la frase que anunciaba que Remigio amaba a la pequeña, pero consideró que eso hubiera sido jugarle sucio a “su” Tristeza que apostó por el fracaso de la relación... Y Tristeza, ¿ella también respetaría las reglas del desafío? ...Era que todos tenían derecho a jugar, y ellos también, claro.
...En un segundo todo cambió para Isolina que, irrefrenablemente, como por un sortilegio, tuvo que salir, aunque hacía un ratito que había llegado...
Caminó las cuadras que la llevaban a la casa del chico del que ya no le importaba si se burlaba de su voz aniñada, ni si se hacía el interesante con todas sus compañeras de la escuela...
El hermano mayor le abrió la puerta a Isolina y le confirmó que Remigio estaba tratando de estudiar en su habitación... Golpeó y entró sin esperar la autorización... Y ahí lo vio, como nunca, como la primera vez...
Confirmó que lo amaba y no se asustó de la cara de malo que tenía. Aún de pie, llegó a observar su libro de francés apoyado en la cama y descubrió que no era contra ella, Remigio siempre odió el francés...
El hermano la incitó a ponerse cómoda a la vez que les trajo unas galletitas...
-Hola –le dijo dulce.
-¿Qué hacés por acá? –así la saludó él.
-Estaba aburrida y me dieron ganas de tomar helado y pensé que...
-Y no puedo... Mañana tengo que entregar esto y dar un examen... No puedo...
-Sí que podés... Si yo resuelvo tus ejercicios y te preparo un buen machete, podés...
-¡Yo estoy un año más adelantado que vos! –se hizo el grande-. No creo que sepas esto...
-Hace cinco años que voy a la Alianza, creeme, podría ser tu profesora... –se llevó una galletita a la boca, tomó el libro y le sacó el cuaderno de la mano-. ¿Vos no comés...?
-No me gustan...
-¡Qué raro, a todas las personas decentes les gustan las Pepas!
-¡Entonces, no seré decente...!
-¡Bueno, eso es más tentador...!
-¡No me provoques, nenita, porque...!
-¿...Por qué, qué? ¿Por qué, no? No amagues más pibe... Ya no me digas lo que harías conmigo, ¡hacelo!
-¿Qué te hacés tan la canchera...? ¿Sabés besar? ¿Alguien te besó, alguna vez...?
-Esas cosas no se cuentan, se demuestran... ¡Y creeme, sé besar...! ¡Y cuando quieras una demostración, me avisás...!
...Al instante, empezó a reírse, por lo que había dicho, por la cara que puso Remigio al escuchar su reacción... Ella reía como si reír fuera lo mejor que hacía.
Une personne qui travaille dans une maison d’édition parle de son entreprise.
“Je travaille dans une maison d’édition qui publie des livres pour enfants et qui... du grand groupe de presse “CEP communications”. Nou bureaux... à Paris dans le quartier de Montparnasse mais nous... plusieurs antennes en province. Cette maison d’édition... plusieurs services: le service de l’édition et le service comercial au premier étage, le service de la fabrication au deuxième étage. Au rez-de-chaussée, il... aussi un service d’accueil du public et une salle de documentation. Notre entreprise... environ trente salariés...”.
Muy instalada en la cama, Isolina no tardó de más de veinte minutos en terminar los trabajos y los machetes...
-¡Los helados los pagás vos, ¿no?! –le dijo ella invitándolo a salir, o a vivir...
“¡Es admirable esa feroz determinación suya!”, comentó el Amor, al verla, admirándola...
-Hace frío, ¿estás segura?
-Sí, con frío, se toma despacito y así se disfruta más...
-¡Me inspirás tanta ternura...!
-¿Eso sólo?
-¿Qué tengo que me mirás así...? ¡Sos una calentona! –afirmó Remigio.
-¡Desear es lo más normal de mundo, y yo te deseo a vos!


...Los tres Caprichos desayunaban leyendo el diario... Las noticias de cada día les valían de incentivo.
-...Es verdad que la realidad es más aterradora de lo que me imaginaba –acotó la Tristeza, algo abatida-... Cada vez tenemos menos trabajo...
-¡Es espeluznante, ¿no es cierto?! ¡Qué maravilla! –le susurró el Sufrimiento, insinuante-. Fíjese esto –y leyó un artículo de opinión del diario-:
El presidente estadounidense, George W. Bush, firmó el pasado jueves la ley que lo autoriza a construir un muro doble en 700 kilómetros en el límite sur con México.
“Esta ley hará nuestras fronteras más seguras”, dijo el mandatario norteamericano al instante de rubricar el texto que le envió al Congreso. Escoltado por su vicepresidente Dick Cheney y varios miembros de su gabinete, explicó al respecto: “tenemos la responsabilidad de proteger nuestras fronteras”, y reiteró su pedido a los parlamentarios de buscar la aprobación de un programa de permisos temporales de trabajo para aquellos que busquen inmigrar a Estados Unidos. “Debemos reducir la presión en nuestras fronteras creando un programa temporal de trabajo”, sostuvo. “Somos una nación de inmigrantes, (pero) somos una nación de ley”, aseguró Bush, al tiempo que destacó que su administración trata de modernizar los mecanismos de seguridad en el límite sur, proveyendo a las patrullas fronterizas nuevas tecnologías.
Bush había autorizado un presupuesto de 1.200 millones de dólares para la construcción del muro. La iniciativa fue rechazada por México y varios países de América Central y del Sur, que han calificado desde errónea a lamentable la decisión de Estados Unidos.
1.126 kilómetros de separación, de distancia insalvable... de diferencia...
Ellos festejan la guerra y nosotros la padecemos...
Ellos buscan venganza y a nosotros nos alcanza con la justicia...
Sus muertos son tapa de todos los diarios, pero los nuestros sólo figuran en lápidas...
¡Eso sí, ellos hacen mejores películas que las nuestras!
Ellos se vuelven locos por el petróleo y nosotros elegimos tener los pies en el barro.
Subestiman a la naturaleza pero nosotros no tenemos huracanes...
Nosotros votamos gobernantes desastrosos, pero ellos matan a sus presidentes.
A ellos les encanta jugar con armas, nosotros preferimos juegos más entretenidos.
Ellos engendran terroristas y nosotros sólo engendramos hijos...
Ellos compran la vida ajena, pero nosotros ya no tenemos nada que vender...
¡Claro está que no somos como ellos!
Más que nunca es preciso discriminar entre los que somos y lo que ellos representan y no queremos, por nada del mundo, ser...
Nosotros tenemos el fútbol y ellos deportes de mierda.
Sudacas.
Ilegales.
Panzas sucias.
Muertos de hambre.
Chicanos.
Latinos mugrosos.
Mojados...
¡Podrá ser, pero ustedes son ASESINOS!
Gracias por marcar la diferencia.
-...La nota la firma una tal Lisandra Crimonti... –remató-. Por eso me gustan tanto los periodistas, porque si ellos están bajo mis efectos, a través de su trabajo, mi poder se propaga a mucha más gente de la que puedo calcular... Lectores, oyentes, televidentes que sufren con una intervención indirecta... ¡Viva la globalización! –les explicó.
¡Las noticias eran su virus...!
-¡A esto llamo yo operatividad! –volvió a arremeter-... ¡Las ventajas de la modernidad...! Antes, no quedaba otra más que hacer el trabajo de manera artesanal... –y se echó a reír...
-¡Este muro nos va a traer muchas satisfacciones! –aseguró el Rencor.
-Pero aun así, queda muy lejos... –destacó ella-. Allá sí que debe haber poco trabajo... ¡Ese borracho debe tener buenos consejeros...! Los hombres aprendieron bien, después de todo...
-¡Siempre se pueden perfeccionar, estimada amiga! –le dijo el Rencor.
-Al parecer, pronto, no nos van a necesitar... ¡Es el inicio de nuestra extinción...! ¡No veo los motivos para celebrar...! –de nuevo se lamentó la pobre Tristeza.
-...Me fascina la huella de odio que llevan en el rostro mientras escriben... –soltó de la nada el Sufrimiento acerca del seguimiento que hacía de sus víctimas.
-¿Quiénes, los periodistas...? –repreguntó el otro.
-Sí, ellos... Definitivamente los periodistas son únicos... –explicó el Sufrimiento.
-Mis principales aliados son los banqueros –destacó ella-. ¡La codicia es mi mejor excusa!
-Yo utilizo algo inclusive mucho más potente que la codicia: el amor... Sí, sí, así es, aunque suene curioso estimada Tristeza, no me mire así, es la verdad... ¡Soy como un parásito productivo para nuestro querido Amor...! –Indicó el Sufrimiento-. ¡Si ustedes supieran cuánto hago sufrir en nombre de ese idiota!
…Y la Tristeza guardó silencio y Rencor no opinó al respecto; todo eso formaba parte de una batalla que no era la suya... ¡Sólo la guerra por Pasión le interesaba...!


…Ellos tenían reglas pero que no alcanzaban a cubrir todas las posibilidades de procedimientos... Ante ciertos vacíos legales, Amor se encontró desolado...
Durante semanas venía oyendo que Leopoldo rogaba para tener “amor propio”, y por otro lado, el Capricho estaba convencido de que ese hombre amaba a la mujer que necesitaba echar de su vida... Constanza, la chica más autoritaria, distante y descomunal de la ciudad... ¿Qué tenía que hace él en “el caso: Constanza Andrade/ Leopoldo Huergo”?
...Clarificando, el amor propio de Leopoldo significaba darle el coraje, la fuerza para alejarse de ella... Pero sin ella, él iba a sufrir demasiado... Entonces, llegaba la hora, indirectamente, de premiar o aniquilar a los amantes.
¡Hasta para el Amor era difícil deducir cuáles eran los verdaderos sentimientos de Constanza! A veces, le decía a Adrián, su marido, que lo amaba, y el Amor sentía que era sincera... Otros días, disfrutaba plenamente del afecto y la adoración que le profesaba Leopoldo; y de igual manera, se la veía colmada y feliz... ¡Tampoco era un simulacro...! Pero en contrapartida, ¿cuántas veces, Constanza, con su habitual soberbia, le había asegurado a Leopoldo que no lo amaba?
...Amor hubiera querido escribir que Constanza Andrade amaba más y definitivamente a Leopoldo Huergo, por lo que abandonaba a Adrián Ledesma... Pero no correspondía.
...Los humanos contaban con un escaso margen para poder decidir y ese tipo de descubrimiento y la determinación consiguiente, corría por cuenta exclusivamente de ellos. Todo se armaba en función de no despertar sospechas y dejar a las personas conformes con “su libre albedrío”; para que creyeran que su voluntad tenía peso, que eran los únicos dueños de sus vidas... ¡Falsas dicotomías y opciones engañosas! Así funcionaba el sistema, y el Amor no fue quien hizo las reglas.
Constanza debía elegir, esclarecer su corazón, porque: ¿quién era él para matar el amor que sentía por uno u otro? ¿Cómo podía llegar a ser capaz de suicidarse...?
¡Lo único que podía hacer fue lo que hizo...! Leopoldo era un hombre adulto, cabal e inteligente; y si él pedía amor propio, era porque sabía lo que necesitaba o lo que más le convenía... ¡¿Eso quería?! ¡Eso era lo que iba a tener!
...De esta forma, el Amor, delineó con trazo algo dubitativo el deseo que ese ser tantas veces esperó que se hiciera realidad...


El Señor Destino entró a su oficina, era algo que se podría considerar bastante lógico por tratarse de su jefe, o hasta habitual como parte del procedimiento laboral; pero a la Señorita Casualidad le produjo mucho escozor verlo frente a ella...
Sus obligaciones no habían sido las que lo llevaron allí, fue su ego, la contienda particular que llevaba a cabo con su hermanastra, ésa era la razón...
Él sospechaba que Casualidad conocía algo, un secreto importante y suculento, acerca de la Señora Suerte, algo que ella ocultaba y guardaba con recelo... En muchas oportunidades las había visto cuchichear... El Señor Destino estaba seguro de que esta Señorita sabía de qué se trataba y él estaba dispuesto a averiguarlo, le costase lo que fuere...
-Estimada Señorita... –y detuvo su discurso, no sabía cómo continuar-. ¿Cómo anda todo por esta oficina?
-Muy bien, Señor, todo en orden –no creyó su intención de ser amable-. ¿Algún problema? ¿Tiene alguna queja sobre mi proceder...?
-No por ahora, Señorita... Pero tengo una duda que sé que usted puede despejar... Me gustaría saber si hay algo que quisiera contarme...
Casualidad repasó sus memorias y al no hallar nada que decirle, le aseguró:
-No, Señor, usted lo sabe todo, ¿qué podría contarle yo que usted no supiera...?
-Muy buena pregunta, Señorita, a decir verdad, no puedo enterarme de todo, absolutamente todo, no soy un Dios... y, efectivamente hay algo que usted sabe y que yo necesito conocer...
¿Por qué ese crápula la trataba de igual a igual? ...Si ellos no se parecían... Si él la despreciaba y ella lo aborrecía... Le repugnaba su proceder...
“¿Por qué el Destino me habla de este modo? ...Porque cuento con una información que jamás conseguirá, mensajero crápula...”, reflexionó velozmente... Ahí radicaba su poder sobre él... ¡Sobre el Señor Destino, nada menos! ¡Un poder que hacía que se doblegara ante una Señorita...!
-Si en mis manos está ayudarlo, considérelo un hecho, estimado Señor –le mintió-. ¿De qué se trata?
-De la Señora Suerte... Valoro que no dé rodeos... Quiero saber cuál es el secreto de mi maldita hermanastra... –dijo, deshaciéndose por convencerla...
-Padrino, desconocía que la Señora Suerte tuviera secretos...
-Los tiene, querida...
¡Y vaya que los tenía...! ¡Y ella sabía, al menos, de uno!
...El Señor Destino hubiera pagado con creces por semejante información, habría hecho cualquier cosa con tal de saberlo, pero ella no le revelaría aquello que llevaba callando por siglos... Casualidad no le iba a contar, ella era perfecta, no tenía el defecto de propagar penas ajenas... Además, hablar, significaba la ruina de la Suerte y en verdad no tenía nada en contra de ella; en cambio, el Señor Destino, era un ser tan detestable...
Quería gritarle, insultarlo, decirle todo lo que pensaba acerca de él... Necesitaba descargar su impotencia en alguien, aunque hacerlo frente a su patrón, no era la opción más indicada.
-Perdone mi ignorancia, Señor...
-Dígame lo que quiero saber y le daré a cambio lo que usted quiera... Sólo tiene que hablar... ¿Qué es lo que más desea en este mundo? ¡Piénselo bien! Piense en eso por lo que sería capaz de morir con tal de tenerlo...
-¡No podría morir, Señor Destino! –exclamó, como si se lamentara.
-Piense, tiene que haber algo que quiera más que todo...
“¡Que alguien me ame!”, afirmó mentalmente, pero no se lo dijo; total, él no podía conseguírselo. “¿O sí...? ¡Tal vez, si hablara...!”.
-No se me ocurre nada, padrino... –gimoteó por fin.
Ella debía ser la única que conseguía guardar un secreto...
“A lo mejor podría extorsionarlo, venderle la información”, pero reconsideró la idea y creyó mejor, más sensato, seguir haciéndose que ignoraba por completo el tema... “¡Muchas veces, no saber es más conveniente y saludable...!”.
Casualidad no era una Señorita de muchas palabras y menos le agradaba aún propagarlas por los cuatro vientos. Su problema, su defecto, era su constante inconformismo... “¡Si aprendiera a aceptar mi suerte sin quejarme ni cuestionarme...!”.
Ninguno de los vaticinios que le habían hecho, se habían cumplido... Esos que daban cuenta de su prosperidad, que anunciaban un amor profundo, el más comprensivo, tierno y apasionado... “Un ser con el cual complementarme...”. ¡La buenaventura vedada...! Ninguna de esas predicciones tuvo asidero en la realidad... No sabía por qué estaba tan apurada, si al fin de cuentas, tenía todas las vidas del universo para llegar a ser feliz...
Por un momento especuló con exigirle al Señor Destino sus merecidas vacaciones que siempre eran postergadas por razones insignificantes. Finalmente desistió, “pedirle algo a este canalla rufián... El alcahuete de los Dioses... Deberle algún favor... ¡No!”, se convenció; además, no se las concedería...
-Volviendo al tema, querida Casualidad, andan asegurando por ahí que usted es responsable de aquellos atroces accidentes que tuvieron lugar en Europa, los de hace unos meses...
-Sabe que mi poder no tiene alcance cuando se trata de la vida o la muerte, Señor...
-¡Lo ve...! Le voy a decir una cosa... La Suerte, a la usted tanto protege, disemina su desastre y todos la culpabilizan a usted, querida ahijada, ¿no cree que eso es muy injusto? ...Entonces, ¿por qué aún le guarda tanta fidelidad...? ¿Qué le prometió ella? ...Porque yo puedo darle el doble o el triple, ¡lo que usted desee!
-No hay nada de eso, estimado Señor –y la sensación de sentirse la Señorita más desdichada de la galaxia, volvió a asaltarla...
-¿Es devoción o... o acaso le teme por algo? ...Yo puedo protegerla, estimada mía. ¿La tiene amenazada?
-No, Señor.
-Entonces, ¿está dispuesta afrontar el castigo por los males que le achacan, ésos que produjo esa abominable Señora? –y desplegó una lista de falsas imputaciones...
Las acusaciones la tomaron por sorpresa. Finalmente cayó en la cuenta de que el crápula no podría probar ni la más mínima de aquellas barbaridades... Pero si le creían, la sancionarían severamente... Sin embargo, se imaginó que algún Dios intercedería por ella. Tuvo miedo.
“...Ya es tarde para echarme atrás... Este maldito no me sacará ni una palabra...”.
-Señor, no sé qué decirle en verdad... Yo sé que ninguno de aquellos sucesos tuvo que ver conmigo... Pero si debo hacerlo, acataré las consecuencias...
-Pero los dos sabemos que eso no es necesario...
“La Señora Suerte, ella más que ningún otro, me tendrá que respaldar...”.
Asimismo, el Señor Azar le debía unos cuantos favores, varias veces le había salvado el pellejo evitando que hiciera el ridículo ante los Dioses... Y por otro lado, sopesó: “nadie puede contra el Destino...”.
...Se sintió a punto de desfallecer, pero a penas fue una elucubración, ella nunca se había desfallecido; no podía saber lo que se sentía.
...Caviló acerca de sus posibilidades... Eran pocas... Hablar con los Dioses y presentarles sus quejas, revelarles las amenazas que le hizo el Señor... Pero ésa era una invitación a estropear su existencia. Recobró la cordura... Siempre había respetado la verticalidad del sistema, nadie tenía motivos para quejarse de ella.
-Usted sabe, Señor, cuánto lo admiro –largó por fin-. Haría cualquier cosa por complacerlo...
“...Aunque para ello ya está otra...”, pensó en un segundo...
-...Pero no puedo decirle lo que no sé, padrino... –continuó con su defensa-. Muchas veces me hizo la misma pregunta, y de nuevo tengo que volver a contestarle lo mismo: que no sé nada acerca de la Señora Suerte...
Algo andaba mal para el Señor Destino... Algo no estaba saliendo como esperaba. Había pensado que con sus nuevos métodos coactivos, con un simple apremio, esta Señorita insulsa y frágil, se entregaría, pero otra vez se mostraba hermética. Las acusaciones del Destino no tenían consistencia, y él era conciente de ello; Casualidad era una empleada modelo, dedicada y con un sofisticado estilo para resolver situaciones problemáticas.
Ella, por otra parte, creyó que estaba a punto de quebrarse y ponerse a confesar pecados ajenos, aceptar cualquier responsabilidad...
“Podría inventarle algo convincente con tal de que me deje en paz... Un cuento de mentiras...”. Casualidad no tenía historias propias que contar... “Mil vidas gastadas en vano...”. Igual, se mordió los labios hasta hacerlos sangrar; esos labios que nadie besaba...
“¡La inutilidad de los sentidos!”.
Sobrevivir era bueno, pero tampoco lo era tanto...
Permanecieron en silencio bastante rato...
El Señor reflexionaba sobre las palabras que la convencieran de pasarse a sus filas, mentalmente formuló promesas e ideó nuevas amenazas... Pero siguió callado.
Casualidad se debatía sobre qué hacer... Él podría echar a perder su carrera y no pretendía comprobarlo... Así que otra vez reprimió sus impulsos y tampoco habló.
El Destino detuvo su presión, no quería exponerse a ser demandado por esta maldita criatura desleal...
-¿Así que usted va a seguir encubriendo a esa odiosa...? Muy bien, aténgase a las consecuencias, entonces... –remató y abandonó la oficina de los Sueños Posibles.
...Cuando la Señorita Casualidad era Capricho, se divertía más, saliendo a pasear, compartiendo extensas charlas con sus colegas y amigos, disfrutando de una hermosa ciudad... Todavía recordaba aquello con vivaz intensidad, a pesar del tiempo transcurrido...
Ahora, pasaba cada momento encerrada en ese sitio espantoso, aburrida, trabajando todo el día y rodeada de seres que la ignoraban... Pero ella siempre había aspirado a un cargo de categoría, pensaba que en “El Ministerio” iba a hallar al amor de sus vidas...
“El Ministerio” resultó ser la prisión más sofisticada, y el Destino era su perfecto carcelero...
“Si pudiera elegir, pediría nacer de nuevo, como mortal...”.
...Era preciso que depurara y desinfectara sus emociones... Se consolaba juntando a los hombres y mujeres, como quien no quería la cosa, los empujaba a encontrarse hasta que se enamoraban... Igual, tampoco eso le alcanzaba... ¡La única que no tenía consuelo era ella! Sufría al no tener con quien compartir, a lo mejor tendría que hacer lo mismo que Esperanza... Probar otros aires, tentar a su quietud, aventurarse en un camino incierto... ¿Se atrevería alguna vez a hacer algo por ella misma, algo como revertir su insignificante existencia en este planeta?
...Después de tanto atormentarse con sus pensamientos, se convenció de que debía dialogar con la Señora Suerte, a lo mejor ella sí podía ayudarla a cambiar su realidad. “¡Tengo que ponerla en alerta, y así, me deberá otro favor...!”. Esta idea le agradó, así que se anotó en su ayuda-memoria: “¡suplicarle o exigirle a la Señora que cambie mi suerte!”.


...Esa mañana, Incertidumbre, cuando le consultó un par de pavaditas al Señor Destino, se hizo de tiempo suficiente para mover los hilos de la trama entre Augusta y Basilio... Y forzó un nuevo encuentro entre ellos para que volvieran a estudiarse y que Augusta pudiera completar su entrevista.
“Hola, qué tal, señorita, mi nombre es Augusta Palmero, estuve hace unos días con el doctor Rosales y llamaba para ver si era posible concertar otra cita con el fiscal... ¿A las once...? ...Mirá, a las once me queda un poco complicado, como temprano, podría llegar a las once y media... Muy bien, perfecto, entonces quedamos mañana a las once y media... Mil gracias, hasta luego”.
Puntualmente, Augusta volvió a trepar al ascensor que había depositado a Basilio en su mundo...
La secretaria con la que había hablado, le informó que tendría que esperar al doctor Rosales unos minutitos porque estaba ultimando los detalles de un juicio.
¡Era mentira! ...La joven había recibido la orden tajante de retener a Augusta en la recepción el tiempo que Basilio considerase necesario...
Obediente, haciendo gala de una paciencia artificial, infinita, ajena; se sentó en una de las butacas... Sacó de su bolso el nuevo libro que venía leyendo, al verse imposibilitada de tomar el atado de cigarrillos que la miraba con insinuación...
...Pasaron veinte minutos... Luego, contabilizó cinco más...
-¿No sabés si tendrá para mucho...? –le preguntó a la muchacha, hastiada y deseosa de fumar...
¡...Cuarenta minutos exactos! ¡Cuarenta y otros diez minutos más...!
-¿Podrías llamarlo para ver cuánto le falta...? –volvió a hablar Augusta.
-Disculpe, pero no puedo molestar al doctor... –le explicó la eficiente secretaria que ya empezaba a compadecerse de ella...
-¡Lo debés interrumpir para decirle cada pelotudez! –rezongó, retomando su habitual mal humor...
-Lo siento, pero no puedo...
¡Una hora clavada...! Ése fue el tiempo que transcurrió mientras Augusta aguardaba y Basilio la vigilaba desde su oficina con la intención de que el reloj amansara a la fiera, o por lo menos, le bajara los humos a la periodista...
Entonces, tras una hora exacta, el doctor Rosales abrió la puerta, despidió al amigo con el que había estado haciendo planes para una de esas noches y enfrentó el rostro de esta mujer.
-Ahora sí... Perdóneme la demora... ¡Pasemos a la oficina! –anunció el fiscal.
-Permiso... –pronunció Augusta, aún educada, al entrar...
-Pase, siéntese... –y Basilio la besó en la mejilla, como si fueran amigos o se conocieran de otra vida...
-¡Qué bueno, estaba a punto de irme...! ¡Nunca me quedó bien el papel de la que espera pacientemente...!
-Si se hubiera ido, hubiese salido perdiendo...
-¡Créame, doctor, usted también hubiera perdido conmigo...! ¡Y eso, hubiese sido una lástima, ¿no le parece...?!
-Ustedes, los periodistas son todo un caso, ansiosos, imprudentes... ¡Son una bomba de tiempo! –soltó.
-¿Tiene algo en contra de los periodistas?
-¡No!
-Porque yo sí, y créame que me diferencio de todos ellos. ¡Yo no soy como nadie que haya conocido!
Basilio era un tipo para devorar, como un buen libro, de esos que ella acostumbraba leer...
La Señorita Incertidumbre, se encargó de que dejaran de tratarse de usted, para que se distendieran, propiciando la continuidad de la historia...
-...Yo entiendo perfectamente que vos tengas apuro para publicar tu trabajo que, por lo que veo, es bastante completo... Pero tengo que pedirte que no lo hagas todavía...
-¿Cómo? –objetó o se quejó ella.
-...Que si la nota sale a la calle, el caso se me va al carajo... y yo necesito más pruebas para que el juez me dé la orden de captura... ¿me entendés?
-Sí... ¡Dos semanas!
-...
-En dos semanas, la nota se publica, mi jede de redacción está ansioso y eso deja de depender de mí... yo, más no lo voy a poder retrasar...
-¡Parece que estás apurada...!
-Si querés, podés invitarme a salir y te sigo explicando cómo son los tiempos del periodismo... ¿Algún problema...?
-No, creo que no va a haber ningún problema... ¡Todo está más que bien! ...A mí me gusta abajo, así que va a ser genial...
Augusta se alegró porque notó que tenían mucho más que un par de enemigos en común...
-¿Almorzaste? –le preguntó Basilio, para ir poniéndole fin a la entrevista.
Y a lo lejos, Pasión sonrió, y más lejos aún, Incertidumbre se puso a aplaudirlos y desconcentró a todos los empleados de la oficina de Sueños Posibles en “El Ministerio”.


Cada quien andaba con lo suyo mientras que él trataba de dormir... Pero de tanto abrumarse con sus ideas, el Amor, sólo consiguió enredarse en sus feroces pensamientos...
“¿Qué futuro les podrá tocar a los hombres? ...No a uno en particular, no alguno que haya inscripto en mis papeles; pienso en el Hombre, en general, el género humano... ¿Qué les deparará cuando el mañana sea un hecho? ¿En qué planeta lo vivirán?
...Seguramente, también en aquel momento habrá otros ojos que miren. Otros dedos que sujeten... Pieles que guarden historias. Orejas que escuchen secretos... Otras manos que maten. Nuevos cuellos que se dejen besar. Lenguas deseosas que busquen... Otras bocas que mientan...
¡Almas y personas...! ¡Guerras y pecados...! ¡Será como todo lo anterior!
...Como un espiral que se conduce por un camino que se cree estrenado, pero que sin embargo, toma un cause conocido, repetido, cíclico, natural como la muerte... Tiempos divididos por épocas muy parecidas entre sí... La historia que se continúa para complementarse, para darle la oportunidad al Hombre de enmendar errores, perdonar al pasado, usufructuar al presente y reconciliarse con el futuro; en fin, con la vida... Una condena para la mayoría que no llega a ver más allá... Una reivindicación para otros. ¡Continuidad, más que repetición! ...Porque esa historia no gira en el mismo lugar, sino que en cada vuelta, desplaza su eje, dándoles la chance de observar el recorrido, de apreciar los resultados, descubrir las fallas; de aprender... ¡La vida es inmortal! Pero así como los Dioses son sordos, los Hombres son ciegos.
...Otras personas vivirán las realidades que a muchos les ha sido vedada. ¡Serían como uno! ¡La incongruente fantasía se creerse único en este universo! ...Si lo vieran, al menos... Un ser humano no muere si existe otro capaz de valorar aquella vida, cada vida. La existencia se complementa con las demás existencias. Una persona es persona junto a otra persona... Los otros le dan sentido a uno. Como la madre pare al hijo, pero es el hijo quien desde ese momento, el que reviste de razón de ser a la madre. ¿Alguna vez llegarán a comprenderlo, o continuarán anulándose entre ellos para sentirse únicos y superiores? ¡Seres necesarios e indispensables en este mundo para proseguir en el camino! ¡Todos los rumbos inciertos iluminados por otras personas! ¡Ellos son lo que aman! ¡Cada uno es lo que ama!
...Pero prefieren ignorarse, separarse, destruirse, aislarse. No depender de nadie los hace sentirse fuertes. ¡Eternidades estropeadas con envidias insensatas!
...Probablemente, su futuro sea igual que el pasado. ¡No escuchan sus memorias! ¡No leen sus libros! ¡No quieren ver! ...Seguirán permanentemente insatisfechos, tanto, que no llegarán a reconocer lo bueno con lo que cuentan...
...Poco cambiará cuando llegue el mañana para la humanidad... Si no aprenden, sólo anhelarán lo que tendrán los otros.
¡Qué futuro los esperará!
¿Cuál se merecerán? ¿Cómo lo construirán? ¿Sobre qué bases lo cimentarán? ¿Qué harán ellos por su propio porvenir? ¿Por qué lucharán? ¿A causa de qué serán capaces de dar sus vidas? ¿Con qué armas quitarán otras vidas? ¿Para qué seguirán adelante? ¿Cuánto más derrocharán? ¿Qué no desperdiciarán?
¿Qué gritarán? ¿Qué murmurarán? ¿Qué se callarán? ¿Sofisticarán sus métodos para hacer daño? ¿Descubrirán nuevos venenos? ¿Inventarán mejores medicinas? ¿Cómo curarán sus dolores? ¿Qué fumarán? ¿Dónde los dejarán fumar? ¿Cuánto les costará fumar?
¿Qué los desvelará? ¿A dónde acabarán sus miedos? ¿Qué los hará sentirse dichosos? ¿Cuántas veces por día se van a reír?
¿Qué elegirán: matar o morir? ¿Matar por qué? ¿Morir por quién? ¡Si matar y morir es lo mismo...! ¿Llorarán por amor o por dinero? ¿Qué no harán por dinero? ¿A cuánto se venderán? ¿O se alquilarán? ¿No sería más rentable prestarse? ¿También venderán sus conciencias? ¿Y a qué precio? ¿Cuántos serán capaces de hacerse valer? ¿Qué les faltará comprar? ¿Habrá algo que tenga verdadero valor y se pueda cambiar por dinero? ¿Cuántos cuidarán más a sus autos que a las flores?
¿Cuándo se detendrán? ¿En forma de qué les llegará la resignación? ¿Podrán distinguir entre el premio y la reprimenda? ¿Cambiarán algo? ¿Habrán escarmentado? ¿Serán capaces de reconocer los milagros? ¿Recuperarán su magia? ¿Qué los conmoverá? ¿También se tragarán sus lágrimas? ¿Por cuánto tiempo podrán hacerlo? ¿Sus lágrimas, seguirán teniendo el mismo sabor?
¿Qué enemigos elegirán? ¿Qué desgracias los abatirá? ¿Con qué entereza las afrontarán? ¿Cuánto les durará el orgullo? ¿Tendrán paciencia? ¿Tendrán remordimientos?
¿Continuarán mintiendo? ¿Continuarán creyendo? ¿Querrán oír la verdad? ¿Y verla? ¿A quién extrañarán? ¿Cuándo dejarán de recordar? ¿Qué recordarán: lo bueno, lo malo? ¿De qué manera recordarán las cosas buenas que vivieron? ¿Para qué recordarán lo que les hizo daño? ¿Qué parte de la historia se ocultarán?
¿En qué objetivos gastarán sus energías? ¿Cuáles serán sus prioridades? ¿Qué problemas tendrán? ¿Serán distintos a los de ahora? ¿Qué dudas los guiará? ¿Cuáles verdades los confundirán?
¿Qué será lo que aprecien? ¿Alguna vez desecharán aquello que merezca ser descartado? ¿Qué luces apagarán? ¿Cuántas vidas quedarán en el camino? ¿Cuántas guerras librarán? ¿Seguirán siendo todas tan estúpidas? ¿Qué priorizarán, lo mismo de siempre? ¿Cuánta sangre precisarán? ¿Será que por fin les alcanzará con la propia?
¿Qué sueños resguardarán? ¿Cuántos cumplirán? ¿Harán algo por los otros? ¿Harán algo por sí mismos? ¿Todas las vidas se considerarán importantes, o seguirá todo igual? ¿Podrán matar a la memoria, o les alcanzará con matar la vida? ¿Y los que queden vivos, querrán recordar? ¿Con qué imaginaciones se alimentarán? ¿Qué palabras usarán? ¿Valdrá la pena esperar para ver ese futuro? ¿Qué les quedará por arruinar? ¿Y lo arruinarán?
¿Seguirán corriendo? ¿Hacia dónde? ¿Llegarán algún día adonde esperan llegar? ¿Qué harán cuando lleguen?
¿Cuándo se despertarán?
...En el futuro, muy probablemente, habrá algunos hombres con ojos que miren distinto... Con secretos contados de oreja a oreja... Con otras manos que maten lo mismo. Con nuevas bocas con más mentiras. Nuevos Hombres, parecidos, inexpertos en continuar historias... Seguramente, así será el final de la humanidad que me toque presenciar...”.
...El Amor pensó que pensando así no conseguiría conciliar el sueño... Pero no pudo evitarlo tampoco, las tristes frases brotaban infectando sus cavilaciones. Finalmente, cerró los ojos con la esperanza de anular su mente. Pretendía dormir ignorando los efectos que el exceso de comida producía en él.


...Varias de las siguientes noches, Basilio y Augusta se las pasaron intercambiando posiciones, cediendo terreno un día, recuperándolo en otra oportunidad... Estuvieron en la cama cómoda y suave de él; en la de ella, amplia y turbulenta como el mar...
-Contame algo de vos... –le dijo él.
-No sé qué decirte, no estoy acostumbrada a hablar de mí... ¿Qué querés saber? –se arriesgó.
-¿Amores...?
-¡Pocos, pero intensamente enloquecedores! –admitió y a la vez sonó a invitación-... ¿Sos celoso?
-Creo que no... –dudó.
-Eso es bueno... ¡No tenés idea de lo bueno que es! –afirmó, soberbia, orgullosa y digna.
-¡No lo puedo creer...! ¡...Fumás marihuana en la cama de un fiscal...! ¡Sos única, sabés! –le dijo en uno de los intervalos.
-¡No pretendas hacerme creer que nunca fumaste...!
-¡Es verdad, jamás fumé eso, y al cigarrillo lo dejé hace dos años! –le confirmó...
-¿Vos nunca fuiste a la facultad? –le preguntó una idiotez para burlarse de él.
-¡Parece que Derecho es bastante diferente a Periodismo...! ¡No sé qué imagen tendrás vos de la facultad...!
-¡La mejor! –le aseguró.
-...
-¿Estudiaste en la Católica? –insistió en saber...
-No, ¿por...?
-Porque no parece que hubieras ido a la facultad pública...
-Yo no iba a la facultad para drogarme...
-Yo tampoco, pero por suerte, aprendí muchas más cosas de las que esperaba... ¿Querés probar?
...Formas de vidas distintas... Personalidades contrapuestas... Placeres complementarios...
-¡Me tengo que ir...! –anunció al rato.
-Te llevo –le ofreció Basilio-. Preparate todo que ahí vuelvo...
Él se levantó de la cama y se metió en el baño. Y cuando entró de nuevo al cuarto, ella seguía recostada, intacta enredada en la almohada...
-¿Y, qué pasa...?
-¡Me parece que me arrepentí, no me voy nada!


La progenitora lloraba desconsoladamente, como si la criatura que había llegado al mundo hubiera sido un engendro destinado al fallecimiento... Pero no, el ser era tan inmortal como aquéllos que la habían procreado...
La reconocieron por la sonrisa que la pequeña lucía inevitable y permanentemente...
Su madre seguía llorando entre lamentos... El Señorito Pudor, sin embargo, aunque tan dolido como su pareja, pretendía mostrarse un poco más sensato y discreto respecto a sus sensaciones... Entonces, desesperada, la Señorita Lástima, intentó hacer algo absurdo para lo cual le suplicó ayuda a la Señora Belleza...
-¡Señorita, esta criatura será hermosa! –le explicó.
-Lo sé, pero si usted tuviera el agrado de maldecirla, tal vez ella...
-No hay nada de esto que dependa de mi intervención... ¡Será hermosa, aun a pesar mío! ¡Esto es producto directo de los Dioses, Señorita! ...Como se habrán dado cuenta, la chiquilla ha nacido Risueña y ésa ha sido una determinación Divina... –expuso la Señora.
-Pero si fuese fea, a lo mejor ellos la rechazarían... –la progenitora fundamentó su deseo.
-¡Cállese, por favor, no sabe lo que dice...! Si yo no cobijase a la pequeña, sería infeliz; no obstante, con la gracia natural que muestra tener, será una excelente Risueña y le aseguro que tendrá millones de vidas gozosas...
-¡Pero tan lejos de nosotros...! –ahora sí se lamentó el Señorito Pudor...
-Así son las reglas, querido, y ninguno de nosotros puede quebrarlas...
-¡Reglas injustas hechas por Dioses perversos...!
-Incluso así, siguen siendo reglas que hay que obedecer... –determinó la Señora.
¡Que la pequeña fuese una Risueña, era un castigo para la pareja...!
...Según los Dioses, tal como lo habían establecido Ellos mismos siglos atrás, la criatura nacida Risueña debía ser criada por aquéllos que la engendraron hasta que ella cumpliera las trece infancias, entonces, se consideraba que había llegado el momento adecuado para que la joven comenzara a vivir su nueva realidad, para la cual había nacido... El día convenido por los Dioses, una Risueña Adulta, se acercaría a la familia para llevar a la muchacha a “El Deleite” para iniciar su instrucción...
¡Entonces ellos nunca más volverían a ver a su hija...! ¡Solamente les quedaría apelar al olvido para expulsar de sus retinas al fruto nacido de su unión...!
La Señorita Lástima continuó llorando, incluso, tras haber notado la siniestra presencia del Señor Destino...
“¡Hubiera preferido que naciera Ángel...!”, pensó como plegaria tardía... “¡Pérfidas Deidades impúdicas...! ¡Malévolos perniciosos...!”.
-¡Malditos sean estos Dioses desconsiderados...! ¡Y maldito usted también por ser su mensajero...! –le soltó al Señor.
-¡Cálmese, Señorita! –dijo el Destino con tono complaciente...
-¡Vaya y cuénteles a esos bastardos qué es lo que pienso sobre Ellos...!
¡Dioses bastardos!, los insultó con exactitud...
-¡Basta de ya de hablar así...! ¡Deje de blasfemar a los Dioses, ingrata criatura! –le gritó el Señor Destino, cansado de oír tantas maldiciones.
-¡Usted es un digno truhán, esclavo de esos Dioses envidiosos y bribones...! –habló esta vez el padre de la Risueña.
¡Calificaron la férrea mirada del Destino puesta al servicio de los intereses de estos Dioses...!
-Escúchenme, por favor... Señorita, Señorito, aunque no me crean, entiendo su pesar... –trató de tranquilizarlos-... ¡Les ordeno que encuentren consuelo! ¡...Y no se olviden de que es un orgullo servir a los Dioses...! ¡Ése sí que es un futuro honorable...! Ahora, Lástima, seque sus lágrimas y dedíquese a cuidar a la niña y no se amargue más que yo mismo le auguro para ella un destino sublime...
-¿Cómo la llamarán? –preguntó a los progenitores la Señora Belleza.
-¡Ira! –respondió la Lástima con una resignación cargada de altanería.


En “El Ministerio de los Sueños” todos estaban muy aburridos, pero la más desolada era esa joven fresca y conflictuada que se encargaba de consignar las páginas destinadas a la oficina de los Sueños Reales.
...Se trataba, otra vez, de la Señorita Casualidad que, desordenada, vigilaba a los hombres y Caprichos, vacíos, y todos distantes de la buena fortuna...
Pero ella no era cualquier cosa, era poderosa, ¡claro que lo era...! Si era capaz de cruzar o atravesar vidas... Cambiar presentes y predeterminar futuros...
...Observó, notó ciertos desbarajustes, se lamentó por su rutina hasta que se decidió a mover ciertas piezas necesarias.
...Como una diablura juntó a un hombre y a una mujer que por muchos años no se habían visto, en una fiesta a la que ninguno podría faltar.
...Para Beltrán, el reencuentro con su vecino de la juventud significó una gran alegría... También de eso tuvo la culpa Casualidad... Román fue a buscar a su novia al secundario donde trabajaba dando clases de francés... Ahí fue que vio bajar las escaleras a su antiguo amigo rodeado de adolescentes, cuyos nombres eran elegidos por la mayoría de los Caprichos...
Beltrán enseñaba comunicación en la misma escuela que Galilea. Él no tenía contactos fuertes como para que presionasen y lo hicieran entrar en algún medio de la ciudad; igualmente, no se lamentaba mucho que digamos... Y desde que se encontró con Román, se pusieron al día con sus vidas y alegrías.
“...Román-Beltrán; Beltrán-Román...”, recordaban que de niños jugaban a hacer versitos y bromas con sus nombres... Le decían a todo el mundo que eran hermanos, hasta que un día, dejaron de ser chicos y la mentira ya no le causó gracia a Beltrán... ¡No quería ser el hermano de Román y de Paulina...!
Lógicamente, él se puso su mejor traje para el casamiento de su amigo...
Durante los últimos quince días se había preparado para el reencuentro, pero nada de lo planificado le dio resultado... No le sirvió ensayar una interesante cara de superado. Tampoco le valió alucinar, inconmovible, con otras mujeres presentes en la fiesta...
Paulina fue la testigo del Civil así que estaba realmente deslumbrante, destacándose sobre casi todas las otras invitadas...
...Frente a Paulina, se quedó desnudo y sin coartada. ¡Tiempo perdido practicando no recordar...! Invariablemente, reviviendo los días en que reían juntos sin remedio... Beltrán la reconoció sin la necesidad de que Román le dijera cuál de todas era su hermana... Además de ella, notó al estorbo que la estaba acompañando.
...La promesa que el Viejo Amor, desmemoriado y resentido, había escrito sobre Paulina y Gastón, estaba envejeciendo.
“¡Tendrán que acomodar ojalillos en el libro del pasado, para no sufrir más de la cuenta!”, conjeturó Casualidad, al observarlos.
...Y cuando Paulina se enteró de quién era ese hombre tan bien vestido, cierta extrañeza se asomó a sus ojos, un sentimiento parecido a la pena o al desamparo... Pasaban en fila frente a ella, una a una, las borrosas, maltrechas, acuosas, páginas de la memoria... Asimismo, entrañables esperanzas se renovaron... ¡La novedad de reencontrarse, de volver a ver a alguien que se creía archivado! ¡Una imagen lejana, que parecía oculta en el olvido!
¡Claro que ese tipo de desvaríos y traumas solían aflorar con frecuencia cuando se dejaban capítulos inconclusos...!
-¿Te acordás de mi, no? –le preguntó Beltrán.
-Sí, más vale... –le aseguró Paulina.
-¡Qué bueno, no te hubiera perdonado que me hubieses olvidado!
...En plena comida Gastón se puso cargoso... La retó porque se había aclarado demasiado el pelo y a él no le gustaba el rubio...
-¿Y lo que me gusta a mí, qué, adónde queda? –le retrucó disimulando ante los demás-. ¡Te das cuenta de que siempre es igual, ¿no...?!
-...Te da aire de tilinga –insistió-. Te hace parecer estúpida.
-Es verdad, cuando pienso que estoy al lado de un tipo como vos, creo que tengo que darte la razón... ¡Una estúpida que elige mal! Ahora, sobre lo de tilinga, me parece que me gusta la idea...
Mientras tanto, ella hacía todo lo posible para engañar a su cabeza distrayendo a sus ojos que no paraban de buscar... ¡Envuelta en medio de sus divagues infantiles...! A su vez, fiel a su estilo, no pudo evitar protagonizar alguna que otra payasada para conseguir llamar la atención de Beltrán, aunque más no fuera, lograr una mirada suya.


...Como los Caprichos eran los impulsos más básicos y naturales que se colaban en la tierra, les costaba adaptar sus instintos elementales a las rigurosas reglas de los Dioses.
Una cadena de poder alterada, ignorada por todos; y aquel mundo se fue convirtiendo en un descontrol, aunque esos vicios fueran cosa de los humanos...
Para ellos, las vidas ajenas sólo servían para estimular su profesionalismo...
Dedicados y perseverantes, pero dispersos y descontrolados... Fueron mezclando sus intereses con sus obligaciones laborales.
...La Señorita Esperanza se dio cuenta de todo rápidamente... Los barcos que llegaban a destiempo, estropeados, o con consignas incongruentes...
Ella y Casualidad lo vieron claramente, porque el Señor Destino, lejano y arrogante como de costumbre, estaba muy entretenido aconsejando a la Señorita Incertidumbre...
Así fue como vieron cruzar la frontera de “El Muelle” a Esperanza y aquéllos que la conocían de antes la encontraron más triste y fracasada que nunca...
Había llegado con la intención de permanecer allí una breve temporada, la necesaria para plantearle a los Caprichos sus quejas y críticas, restaurar el orden y... Pero el fin de su estadía nunca dejaba de ser pospuesta...


...Galilea y Paulina se miraban y entendían lo que cada una pensaba mientras una tipa insensata, con el fin de sobresalir, exponía una ridícula teoría sobre los idiomas.
-...Mi segunda lengua materna... –dijo la ignorante...
-Disculpame que te contradiga... –saltó Paulina que, como Galilea era profesora de francés.
-...Alguien puede saber muy bien otro idioma, incluso muchos idiomas... –le retrucó a la “fronteriza ésta”.
...Ella, algo sabía del tema...
-...Pero a lo sumo se pueden incorporar naturalmente ciertos fragmentos de la nueva lengua, la lengua extranjera y traducir mentalmente el resto... –intervino Galilea.
-...Porque hay cosas que nunca se consiguen, porque sólo se hacen en la “única” lengua materna: pensar, sentir, contar y putear... –Paulina, completó la explicación.
Instantáneamente, Paulina obtuvo la aprobación de Galilea, Román y otros de los invitados de la boda... Pero a ella le seguía rebotando en la cabeza la frase que la insensata ésa dijo: “mi segunda lengua materna...”
-...Lengua madrastra debe haber sido –aseguró, y todos volvieron a reír.
...Cada tanto, como en su juventud, Beltrán volvía a emborracharse para no olvidar que su cuerpo aún seguía vivo... Como ese día, en que se dispuso a tomar todo lo que le sirvieran, para que la reminiscencia de aquellos años no prevaleciera sobre el hombre adulto. ¡Para él, emborracharse era como morir, aunque con la ilusión de volver a despertar...! Hasta que un día empezó a sentir que emborrachándose, moría dos veces: primero, cuando tomaba y, finalmente, cuando se despertaba con jaqueca.
En el momento en que Gastón se puso a bailar con la recién casada, Beltrán le dijo a Paulina, algo así como que la “Paulina actual” se había puesto linda, aunque él empleó otras palabras...
-Me acuerdo perfectamente de vos, aunque te hayas convertido en una chica peleadora y soberbia.
-...Para algunos, la soberbia no es un pecado, para otros es una palabra que no saben cómo escribir... –le contestó fríamente, desconfiada y precavida-. En cambio para mí es una simple cualidad...
-Te convertiste en toda una mujer inteligente, que sabe discutir con altura... –opinó.
-¡Con esta cara, ¿qué querías que hiciera...?! De alguna manera me tenía que esmerar para destacarme sobre el resto... –se sinceró.
-¿Qué tiene de malo tu cara...?
...Y Beltrán recordó las benditas carcajadas de la época en que la adolescencia se empezaba a insinuar.
...Mientras tanto, la Pasión los veía hablar y se tentó de signarles su suerte... Pero igual, prefirió escapar de una cama mal tendida para irse a encontrar con Rencor.
-¿Tenés alumnos particulares...?, de francés, digo... –volvió a hablarle Beltrán, para que ella no se alejara, no se le fuera...
-Algunos...
-...Porque a mí me gustaría estudiar... ¡Estaría piola, me parece...! ¡Vos me podrías enseñar...! Dame tu celular y cuando tenga plata que pueda usar para tomar clases, te llamo...
-Estaría bueno, no te cobraría mucho...
-Eso espero, pero igual tengo que hacer cuentas...
-¿No sería más fácil que, directamente, me pidas el teléfono diciéndome que querés que volvamos a vernos o porque tenés ganas de que sigamos hablando, en vez de inventar esa excusa tonta...?
-¡Si te dijera eso, quedaría feo...! ¡Ahí está tu novio...!
-¡Te lo daría igual...!
...La fiesta terminó y así como Galilea y Román se fueron para su flamante departamento, Paulina se marchó exhausta de bailar a lo de Gastón, y Beltrán llegó a su casa con un aire fresco dentro de él, esperanzado en volver a verla...


...En verdad, la gente no le importaba en absoluto a los Caprichos, lo que les interesaba a cada uno de ellos era prevalecer sobre los otros, sus pares, hacer gala de sus logros ante los demás... ¡Engordar su ego!
...Concientes de que sus comportamientos los llevaría a la ruina, pero incapaces de no dejarse envolver, cayeron otra vez en una emboscada de la Suerte que se desvivía por dejar al Señor Destino mal parado ante los Dioses...
Fueron retomando viejos métodos, con los artilugios de siempre, empezaron a hacer desaparecer los papeles de los demás... Iban derribando sus barcos, jugando a hundirlos en una batalla naval...
Cuando Amor, tan torpe y distraído como de costumbre, cruzó la frontera por “su” Tristeza, el caos y la crisis se tornaron inevitables... Las disputas privadas se convirtieron en una guerra en la que el resto de los Caprichos no pudo mantenerse al margen...



Proximamente continuara en otras entregas

sueños prestados 2ª parte


segunda parte:
sueños comunes





“Temía que la realidad vulgar y sangrienta
de aquel mundo en guerra pudiese infectar,
envenenar nuestras caricias”.
“clea”

En las mañanas frías, como ésta, alguien sensato debería decretar que madrugar es un delito. Así amaneció, con viento, temperaturas muy bajas para este lado del mundo y amenazando con llover. Después lo supieron, el clima no sería lo único que los iba a intimidar. Lisandra deja sonar el reloj a pesar de que ya está despierta, viéndolo dormir, “tal vez estés soñando con otra o, simplemente, engañándote con que nunca van a llegar a ser las siete”. Pero se trata de algo que no pueden controlar... y la alarma suena puntualmente.
Como suele suceder, en invierno, el gas se hace rogar, por eso el agua para el mate demora en calentarse. El cigarrillo que comparten cada mañana espera a que ella salga del baño. Si bien no toman el mismo micro, la parada queda en la misma esquina. “¡No puedo entender por qué la rutina siempre se repite!”, se lamenta mentalmente ella. Pero hasta a esto uno se acostumbra... A menos, se trata de una cotidianidad mejor que cuando no tenía a Gabino a su lado...
Ella se baja en el diario, donde sabe que la va a estar esperando el jefe de redacción para señalarle de qué se tiene que ocupar especialmente. En este momento Gabino debe estar entrando en la facultad donde, por lo menos treinta personas, ruegan porque hoy no llegue.
Las informaciones también se reiteran, tal vez todo empeore cada día. A lo mejor el mundo se deshaga, reviente entre guerras y atentados; invasiones repudiadas y más muertes... Quizás terminen por habituarse, quién sabe... Probablemente él no lo logre, Lisandra lo sabe porque a Gabino no le gusta escucharla hablar así, con esta especie de desánimo y conformismo. “Vos no sos como yo que estoy vacunada contra el mundo, inmunizada”.
Se pasa las horas entre cables de noticias que anuncian catástrofes y canales de televisión que tienen el último momento. Va de la computadora que funciona mal al teléfono que siempre interrumpe. Como cuando están juntos y Gabino le pide, le suplica que lo apague.
Las novedades que llegan a su redacción son aterradoras... Si no fuera porque se amolda a todo, saldría corriendo a buscarlo, entraría al aula, buscaría sus labios y lo secuestraría. Eso sí, no habría pedido de rescate. Pero ya lo dije, hay gente que se acostumbra hasta de lo peor. Ya le resultan familiares los nombres de diversas nacionalidades de los que hablan las noticias, conoce las especificidades de todo tipo de armamento, las cifras de muertos que aumentan cada vez y las mentiras oficiales. Es un espanto: la realidad y su naturalidad.
Ella, con algunos compañeros, mientras esperan volver al trabajo, pican algo en el bar que tanto le gusta a él: “El Barrio”. Con ese nombre es inevitable que alguien no se sienta como en casa; ésa, la sus nuestros padres, donde siempre huele a torta de chocolate, el sitio adonde más de una vez quisieron regresar. Por estos días no vendría nada mal, la seguridad del hogar, ese puerto que fueron las brazos de una madre... “Los mismos que en este momento entierran, en alguna ciudad con un nombre impronunciable, a un niño víctima de un misil o una peste más que evitable”, piensa y se dice que al fin y al cabo, no es tan insensible. De verdad que no lo es, pero es más fácil adaptarse, se sufre menos...
Las tardes de Gabino podrían ser más entretenidas que las de ella porque ya terminó su trabajo. Es probable que las pase especulando con otra mujer o intentando empezar a escribir el mismo libro cada día. Es tenaz, como las esperanzas, estoy segura de que cuando menos se lo espere, lo va a terminar y se le va a aparecer a Lisandra con sus papeles desordenados, todos borroneados y se lo va a leer. La verdad es que no sé porqué se dedica al periodismo si lo que en realidad desea es ser escritor. Recuerdo que una vez se lo explicó a ella, pero nadie lo escuchó...
Él no se va a acomodar nunca a este mundo... Siempre se pelean y ella le dice que “es porque sos menos inteligente que yo”, pero eso no es cierto. Está convencido de que un día la vida va a estar por encima de cualquier otra cosa, ilusionándose de que es posible que las plazas nunca queden vacías de chicos ni de enamorados y... tantas cosas que suenan algo cursi. Por lo pronto a veces consigue que Lisandra se sienta mejor persona.
Escribe sus artículos pero se imagina entrando al departamento, él ya está ahí, impaciente, leyendo o escribiendo, pensando en ella o en otra... Creyendo que vive lejos de guerras inútiles, conmoviéndose con las caras de un grupo de nenes que juegan a la pelota, sin miedo, en el parque. Divagando acerca de un futuro cargado de sonrisas y manos que plantan árboles.
Ella no sueña mucho, cuando abre los ojos nunca recuerda lo que pasó en la noche de su mente y despierta... no, despierta tampoco, lleva demasiado esfuerzo. Pero sí imagina, para eso es buena, pero no piensa escribir en sus noticias lo que su cabeza está fantaseando en este momento...
Finalmente, cuando llega a casa, el gato hace una fiesta, expresivo como pocas personas, exige su comida que Gabino no le dio porque no le tiene paciencia. Y a él, lo ve ahí sentado rodeado de papeles inservibles, abatido, desanimado o simplemente cansado.
-¿Qué pasa Gabino, hoy tampoco pudiste empezar tu libro...? ¡No ves que sos un desastre! –se burla y busca roña.
-Callate, no pelees, vos trabajás en un diario pero por lo visto no lees las noticias... –pronuncia abrumado.
-Mi amor, yo escribo las noticias que vos lees –insiste en la disputa.
-Entonces, explicame ese aire de triunfo que tenés en la cara porque el mundo está estallando y vos como si vieras Video Match... –dispara y se siente tocada.
-Sabés que no me gusta ese programa. Además, qué querés que haga, no tengo tiempo para compungirme por lo que le pasa al mundo, con mi vida y con vos. “cariñito”, tengo bastante... –le explica encarnizada, mala.
-Lisandra, llamó Esperanza para que nos juntemos a comer... –cambia de tema.
-Después le hablo y arreglamos, hoy no tengo ganas de salir, estoy muy agotada... Además, viendo tu ánimo, cenar con tu hermana sería como propiciar un suicidio en masa...
Se le queda mirándola con rabia, resentido por sus palabras. Por su parte, a Lisandra la enternece cuando se defiende de sus ataques. Sabe que le molestó que dijera lo del libro, igual, no es lo que piensa...
Comen hamburguesas, para no estar tan alejados de la civilización. Gabino quiere ver una película por octava vez, se nota que le gustó mucho... Ella prefiere el partido de Boca, pero no insiste porque se trata de un amistoso con un equipo mexicano que poco le interesa, y además, se siente culpable por haberlo camorreado; sabe que no se lo merece... “Un día de estos me vas a encontrar la vuelta, te vas dar cuenta de lo mucho que me divierte pelearte, porque te jode”, analiza. “Y entonces, vas a ser vos quien busque lío, me ignores o me dejes hablando sola. Mejor eso último no lo hagas, me molestaría demasiado”.
En la película, en ningún momento el protagonista dice que el mundo se derrumba y... De todas maneras, el planeta se inflama, se desmorona y ellos se aman... Ella se da cuenta de que no le presta atención al tele, se queda pensando en la insignificante discusión. “Tal vez comprendas que éste no es un lugar seguro para que viva un niño, el que todavía no tenemos. Quizás medites con realidades más justas, todo lo imposible...”. Es que le toca soñar por los dos y hay que reconocer que debe ser extenuante. Lo observa y espera que sea con ella en quien piensa. Lo besa, para que si por una de esas, especula con otra, se arrepienta. Le gustaría leer su mente, sin embargo se conforma con lo que tiene, podría resultar ser aburrido... Él también tendría que aprender a aceptar algunas cosas tal como son y quedarse tranquilo, sin torturarse, darse un respiro... “Porque si de nosotros dependiera, las únicas guerras serían las nuestras y la bomba, sólo sería el sobrenombre de una cantante tucumana... (ja, ja)”. Este chiste, aunque en verdad no lo sea, no se lo dice porque le parecería una estupidez, una chiquilinada más...
-¿De qué te reís...? Ves que sos una loca que se ríe sola... –interrumpe su universo de ideas...
No se lo cuenta, probablemente, insulte su inteligencia, quizás ni siquiera sepa quién es esa mujer. Pero no puede parar, cuanto más piensa más gracia le causa...
-Pará de reírte o contame por lo menos...
-Es una boludez de las mías...
-Una costumbre, querrás decir, Lisandrita.
Ups, eso duele... Ahí van de nuevo. Tiene que pensar bien lo que va a decir, no se va a quedar atrás, siempre le gusta estar a la altura de las circunstancias...
-Pensaba en un chiste que me contaron, que no vas a entender porque no te da la cabeza...
-¿Y quién es el genio, el superdotado que te lo contó...?
-Genio no es, pero superdo... –no consigue terminar la frase por culpa de una nueva carcajada.
No lo puede evitar, encima, se la deja picando... Evidentemente le molesta, porque la echa de sus brazos y se va hasta la estufa, enfurecido... parece que no es tan inteligente.
-¡No ves que no se puede hablar con vos, sos una pelotuda...!
Quiere seguir riendo pero se contiene al ver su cara intimidante, rabiosa. A parte le parece lo más correcto que sea ella quien ponga fin a la amena conversación (ja, ja).
-¿No hay un lugarcito para mí en esta estufa?
-No, rajá de acá...
-Dale, no te enojes, ves que no tenés humor...
-No, humor tengo, pero no me causan gracias esas estupideces –eso y decirle en la cara deficiente es lo mismo...
-Basta, ¿sí? Estuve trabajando todo el día y estoy agotada, no peleemos más.
-No sé de qué, tu trabajo lo podría hacer cualquiera, un estudiante de secundaria, hasta el más cuadrado –indudablemente con ella aprendió a discutir...
-Sí, cualquiera, un alumno tuyo, sin ir más lejos, ¿o no sos vos el que da clases de periodismo...? –se combustiona, esto va a terminar mal-. Pero basta ¿sí?, dame un beso y no seas malo que para eso estoy yo.
-¡Basta nada...! Yo enseño a hacer periodismo, no propaganda...
-¡Conchudo!
-¡Mirá las cosas que me hacés decir...!
-Estás aprendiendo...
Y se amigan de la manera que mejor saben hacerlo, después Gabino se duerme abrazado a ella, como les gusta. Lisandra se queda despierta un rato más, prende el tele sin volumen para ver cómo salió el partido de Boca. Espera que él no esté soñando con otra, sí con un futuro en paz, con flores y caricias como siempre dice, con armisticios y niños que ríen a carcajadas... “Eso me lo banco; pero con otra no... al menos, espero que no me lo digas...”.
A ella le pasa que cuánto más cansada está, más tarda en pegar los ojos. El agua que choca contra los árboles secos lo arrulla, a ella no... Se asegura de haber prendido el despertador, no sea cosa que... Tiene que hacer un esfuerzo para dormirse mientras muchos confunden una luz con un misil y llueve en este lado del mundo.


“Ella clavó sus ojos en los míos largo
rato y luego lanzó una risita larga”.
“balthazar”

-¡No sabés cómo me gustás, Emma! –le dice mientras besa su cuello y hubiera sido perfecto si ella se llamase Emma.
-No, si algo me faltaba para convencerme de que sos un forro, era esto –se la ve furiosa como nunca.
-Pero mi amor, si no es para tanto... –insiste Ariel, para minimizar el episodio-. Fue una equivocación, nada más...
-¡Claro que la pifiaste! ¡Flor de error el tuyo...! –grita y se aleja del cuerpo de su novio.
-Estás haciendo un escándalo de una pavada...
-¡Sos un cínico! Abrís la boca y me mentís... No sabés jugar sin hacer trampas... ¡Te merecés que te diga que sos un reverendo hijo de puta!... –mientras le revolea los almohadones del sillón.
-Bueno... Mirá, si te molestó, si te ofendiste con lo que dije, perdoname... que no es para tanto, che... –intenta acercarse. Tanto, que ella le encaja un sopapo memorable; tan bien dado...
-¡Estás loca! ¡Todo porque te dije otro nombre!
-La locura es tuya, Ariel, no mía... A mí, no me vas a confundir...
-Está bien, cortémosla, ¿sí...? –la atrae hacia él-. No voy a volver a perdiste disculpas... –ella vuelve a tomar distancia.
-Sos un enfermo... –determina-. Si no te la podés sacar de la cabeza... ¡A mí no me jodas más...!
-No es eso, mi amor... es cierto que fue una historia muy fuerte en mi vida... Pero...
-Por eso lo único que hacés es hablarme de ella... –lo interrumpe, no le interesan las explicaciones, sus mentiras-. Siempre me tirás una indirecta, un palazo... que Emma esto, que ella lo otro... ¡Continuamente me estás recordando lo genial que era! ¡Todo el tiempo me estás comparando... No con tu madre, como lo hacen todos los tipos, es con tu ex novia!
-Oíme, ya te estás yendo de mambo... ¡No te des manija, querés! Con Emma ya no pasa nada...
-Y conmigo tampoco... –le replica.
-¿Qué decís?
-...Que si cuando me besás me vas a decir su nombre... lo nuestro no tiene mucho sentido que digamos... Siempre creíste que ella es la mujer de tu vida... Pero sos un cagón y me jodés la vida a mí... ¡Me sacás las ganas de estar juntos!
-¡Por favor, lo de Emma ya pasó!
-¡Estoy harta de que me hables de ella! –y se queda callada, supongo que piensa...-. ¿Es más linda que yo? –pero Ariel no le responde. De hecho, no es una cuestión de belleza, él se está dando cuenta de que extraña su antigua realidad. La inteligencia de aquella otra mujer, su alegría, la frescura; la ama a pesar de llevar separados muchos meses. ¡El tiempo más largo...!
-¡Mirame cuando te hablo, basura! –ella grita con la intención de provocar alguna reacción-. ¡Me tenés podrida! ¡Ya no soporto ni al sucio de tu perro!
-¡No te voy a permitir que me sigas insultando!
-Me vas a escuchar todo lo necesario, forro... Ves pasar tu vida sentado en una platea de lujo... –está dispuesta a seguir, aunque ello atente en su contra-. Si es a ella a quien amás, si la seguís queriendo, andá a buscarla, boludo... ¡Pero a mí no me uses!
-¡Qué decís...! Yo te adoro a vos, necesito que estemos juntos...
-¡Basta, ya no tenés que mentirme! –y se relaja... No hay vuelta atrás-. Me juego la cabeza que siempre sos vos el que termina las relaciones –dice calmada-. Por eso estás tan molesto conmigo... ¿Vos la dejaste a ella? –cree escuchar un sí, suave y dolido-. ¡Sos un estúpido; te cagaste la vida! –sentencia, mientras sonríe levemente.

“Mi problema es que la mujer a quien amé
me dio una satisfacción perfecta que jamás
tuvo nada que ver con su propia felicidad”.
“justine”

Maneja, rumbo al departamento de Zoe. Está reventado después de haber oído tantas horas a sus pacientes...
¡Tan ansioso por llegar a ella y resguardarse en su cuerpo...!
La notó rarísima por la mañana... Más angustiada de lo habitual, seria, pero igualmente dulce.
Conduce, distraído, especulando sobre el tema tan importante del que quiere que hablen. Sabe que no está pasando por su mejor momento, y está seguro porque él la conoció cuando era feliz... Tan alegre y luchadora; más joven y linda que ahora...
Abre la puerta y la encuentra sentada frente al piano, tomando mate y haciendo bollitos de papeles... Se acerca a sus brazos, la besa y tibiamente, Zoe se aleja para calentar el agua.
Definitivamente algo le pasa, más allá de su tragedia crónica... Tiene la sensación de que si fuera por ella, nunca empezarían a hablar...
-¿Componías? –le pregunta por fin...
-No, tocaba algo, para no perder el hábito... –responde dolida, derrotada, resignada a tomar su profesión como un hobby y nada más.
-¿No me vas a decir de lo que hoy temprano querías que hablemos? –se arriesga, se prepara para lo peor.
-Sí, es cierto, te pedí que vinieras porque tengo algo muy serio que decirte... –le ofrece un mate que Gerardo disfruta como si fuera vino-. Es sobre nosotros. No te va a gustar...
-¡Zoe, hablá de una vez!
-Quiero que terminemos... Estoy enamorada de otro tipo... –anuncia, pronunciando cada letra; impune y criminal.
-...Y se supone que yo te tengo que creer...
-Y, sí... ¿Te sentís tan especial como para que no te meta los cuernos?... –sigue hablando y cebando mate como una idiota-. Estoy siendo sincera con vos... ¡Agradecelo!
-Muchas gracias, mi amor...
-¡Escuchame y creeme...! ¡Bancate lo que digo!
-Está bien... Ahora decime la verdad, porque lo que acabás de escupir no es cierto...
-¡Dejá de analizarme que no soy una de tus pacientes...! –se enfurece y abandona su voz pausada.
-¡Zoe, dejate de joder...! Si hay algo de lo estoy seguro es que vos sos una mina con códigos, leal. No te creo que me engañes con otro...
-Ser leal no tiene nada que ver con la fidelidad... –intenta serenarse.
-Pero si me esquivás la mirada, estás mintiendo... ¿no ves? –se acerca a ella, busca su boca que lo rechaza-. ¿A quién querés engañar? –toma aliento y fuerza para lo que viene-. Zoe, si querés que cortemos, ok, pero por lo menos decime la verdad de lo que pasa...
Sólo ella toma los mates, que ceba uno tras otro, para no prestarle atención. Realmente, él no puede entender qué bicho le picó... “Hace bastante tiempo que está extraña, confundida; pero no como para que ahora me salga con un martes 13...”, analiza veloz, mentalmente.
-Confiá en mí... –le asegura, calmo-. ¿Qué es lo que te pasa, amor?
-Pasa que no soporto que no puedas ser feliz por mi culpa... ¡No te das cuenta de que no te dejo disfrutar de la vida! –vomita por fin su angustia...
-Entonces, te molesta que me vaya bien... –le grita, ingrato.
-¡No, me jode que me vaya mal a mí...! –confiesa vencida y llena de congoja...
-¿Es una cuestión de principios o caprichos? –sigue hiriéndola...
-No entendés nada... Tus urgencias no son las mismas que las mías... ¡Date cuenta de que yo no soy para vos...! ¡Te libero! –se resigna.
-La que no razona sos vos... –piensa y trata de ser menos cruel; no lo consigue-. Por eso te va mal... ¡Vos no sabés leer la realidad...!
-Más bien que no, yo tengo la costumbre de leer libros, música como mucho... –se defiende, como puede...
-¡Escúchate, por favor...! ¡No sos capaz de hacer concesiones!
Por fin deja la pava de lado... No sabe qué lo desespera más: si la conversación o verla empacharse de mates fríos...
-¿Por qué hacés esto?, si yo me desvivo por vos –busca un remanso, una tregua...
-Serías más feliz sin mí... –asegura convencida e inflexible.
-¡Dejá que eso lo decida yo...! ¡Sos desesperante, Zoe...! A veces parecés una nena desamparada; otras, sos la indiferencia en persona... tan injusta... –busca acercarse a su respiración que huye de él. Intenta conmoverla... Necesita que cambie de opinión...-. Si tus sueños no te ayudan a vivir, dejá que te preste los míos...
-Tus sueños me desvelan... –inquebrantable.
-¡Convencete Zoe: sos buena mina aunque hagas todo lo posible para no parecerlo! –pero no afloja, sigue el combate... dispuesta a aniquilar a su enemigo.
-¡Pero no ves, Gerardo...! ¿Qué clase de relación tenemos? Si ni siquiera escuchamos la misma música... Vos, odiás lo clásico y a mí me aturde lo que a vos te gusta...
-¡Dejate de poner excusas tontas...! –ahora el que está desconsolado es él, no puede ver nada alentador de todo esto...-. ¿A dónde fue a parar la chica alegre de la que me enamoré? –ella lo mira callada como nunca. Pero también él se harta de esta situación, de su locura. Se enfurece... Le clava sus ojos altivos, tan fracasados como orgullosos. Su oponente, su rival en esta guerra privada-. ¡Zoe, mirá que no sos superior a mí...! Tu sensibilidad de artista es una mentira, no existe... ¿Por qué actuás así? ¡Todo porque tocás el pianito y alguna vez compusiste una melodía...! ¡Dejate de joder, querés...! No sos ni más ni menos que nadie. Vas a terminar como todos: tocando el arpa... ¡Así que terminala con tu soberbia de intelectual...! –le larga su veneno a los gritos... y se arrepiente. Va deteniendo su ira... Es preciso terminar con esta demencia...-. Pero, decime: ¿vos ya no me querés?
Ya no lo mira, tiene la cabeza escondida entre sus brazos. ¡Es que la ama tanto...! Ella intenta contestarle, pero...
-Si me vas a decir mentiras, no hables... Shh, dejá de fingir que no te importo... –se sienta a su lado en el sillón. No la abraza pero se acerca bastante-. ¡Dame una oportunidad para convencerte de que tengo razón...! ¡De verdad, vale la pena! Dejame ayudarte, demostrarte que estás equivocada... –levanta su cara y se refleja en sus ojos.
-Bueno, inténtalo –le susurra mientras él besa sus ojos mojados.

“Cuando se fue, el mundo entero desapareció.
Estaba agonizando. ¡Pero nadie tiene derecho
a ocupar semejante lugar en la vida de otro, nadie!”.
“balthazar”

Toda la lluvia del mundo cae sobre esta ciudad. “Desde que te fuiste... Arrastro mi angustia, mis penas... ¡Creo me que voy a enfermar!”.
Retumban los ecos de sus promesas, ésas que hablaban de que nunca lo iba a abandonar, por ningún motivo... Extraña poder disfrutarla. “¡Necesito que regreses pronto! ¿Y si nunca volvés? No tolero esta incertidumbre...”.
Tiene tanto cargo de conciencia por haberla dejado atravesar esa puerta... No encuentra escondites donde protegerse...
Supongo que el motivo que la llevó a irse, fue algo lógico... “Por mi parte, me dolió demasiado entrar y toparme con el departamento vacío. Siempre te pierdo... Llegar y no verte, es un castigo que no creo merecer...”. Una cadena perpetua para sus ojos.
Se convirtió en su esperanza, su única alternativa. “¿Por qué no puedo dejar de pensar en vos ni por un minuto? Mis deseos y tus órdenes...”. Tiembla al darse cuenta de que la gata delira con devorarse al pichoncito que no sabe cómo abandonar el balcón... “Añoro tu periferia”.
Mientras no esté acá, van a seguir los chaparrones, continuarán las demoras... “Mi techo se hunde sin vos...”. De a poco supera el impulso de salir con furia a la calle, hecho un loco y buscarla con desenfreno por todos lados, por los habituales y a los que nunca fue... Igual, se contiene. Planea no dejarse vencer por sus ansiedades... Empieza a redactar su rendición...
Y cuando Martina abre la puerta, su piel clara ilumina el comedor. “Las plantas que nunca cuido, reviven, como yo”. Fue demasiado para él... “¿Por qué le habrá tocado este horario horrible en la facultad?”. Le devuelve el aliento...
-¡Viste Galo, pude escaparme temprano de la última clase, como te prometí...! –habla y tiene los labios quebrados por el viento. Deja el paraguas chorreando por ahí... Se saca el piloto.
-¿Ah, sí...? No me había dado cuenta... Para mí, como que fue una eternidad... –revela, absolutamente desguarnecido.
-¡Qué dulce que sos...! –tira la mochila en el piso, también está empapada-. Lo que me mató fue esta llovizna infernal...
-Martina, mi amor, no creo que en el infierno llueva...
-Ay, perdón, sabelotodo... ¿Cuándo estuviste por ahí? –y lo besa para que se calle... No, lo hace porque necesita su boca-. ¡Compré una cervecita para la cena...! –anuncia.
-¡Hmm, qué rico!
-Me esperás, que me pongo algo seco y más cómodo... Hoy podemos pedir unas empanadas, ¿te parece...? –lleva la bebida a la heladera. Piensa en empezar a preparar la mesa...
-¡Mejor poné algo así nomás en la mesita del sillón, así no ensuciamos mucho...! –grita desde la pieza. ¡Otra vez le lee la mente! Piensa que son los forjadores de un idioma que solo ellos conocen, se hablan con su propio léxico privado-. ¿Qué hacés con esa ropa? –le pregunta cuando la ve aparecer...
-Me vestí de vos... ¿No te molesta, no? ¿Qué tal estoy? –mientras hace como que desfila...
-¡Un poco grande! Pero la verdad es que te queda mejor que a mí... –se derrite... Esta vez no lo enoja que le toque bajar a buscar la comida...
-Galo, sos un sueño... –asegura al verlo entrar con las empanadas, haciendo uso de sus ternuras más seleccionadas...
-No sé si creerte... A veces también me decís que soy una pesadilla.
-Hay, no seas tonto... –y trae los vasos y la cerveza.
-¿Cómo te fue en la facultad?
-Bien, normal...
-...Los periodistas se creen que las personas se mueren sin ustedes, ¿no?. Creen que los necesitan para que revelen la verdad oculta de todas la conspiraciones del planeta... Se sienten que son imprescindibles...
-Yo no, yo no creo en nada... No me importa lo que busque o necesite la gente, me gusta el periodismo, contar noticias y punto. ¿Vos elegiste tu profesión pensando en las demás personas, o por vos...? Porque mirá que yo no...
-¡Qué mala que sos, siempre distorsionás todo lo que digo!
-¡Reconocelo, tengo razón, mi amor...! –sentencia y empiezan a reír... Y respira, toma aire y otro sorbo-. ¡Te amo tanto...!
-Me parece que yo te amo más...
-No es cierto –protesta.
-Yo te adoro, peor todavía... ¡te venero...! –y vuelve a reír.
-¿No estarás exagerando...? –apunta y de nuevo la interrumpe con besos...
-...Yo pensé que me ibas a decir que estudiás periodismo porque amás la verdad... –exagerando su forma de hablar.
-¿A vos te voy a mentir...? La verdad está enfrente de todos, al alcance de la mano, así que el que la quiera ver que la vea y el que no, que se joda... ¡Mirá que yo me voy a ocupar de los idiotas que prefieren hacerse los distraídos...! A mí me gusta escribir y transmitir noticias, nada más... A parte, ¿vos pensás que los medios te dicen la verdad que tanto buscás...? Vos no sos de los que repiten tal cual lo que escucharon en el noticiero...
Por un ratito comen en silencio, sólo se escuchan los ruidos que hacen sus vasos cuando los apoyan de nuevo sobre la mesita.
-¡Ay, no, por favor Galo, cambiá de canal que acá van a dar “El Exorcista”...! ¡Cómo admiro a la gente que consiguió superar ciertos traumas de la infancia... porque a mí me sigue aterrorizando esa película...!
-No debés ser la única, mi amor...
Y él empieza a pensar que debe haber bastantes mujeres y hombres parecidos a ella y a él, “pero nosotros tuvimos el lujo de habernos encontrado entre toda esta fauna”. Debe ser probable que existan otras con una personalidad parecida a la suya, quizás con una cara semejante, con su misma profesión... “Y de todas formas, te reconocería con el olor, por tu estilo de fumar, tu voz te delataría, sabría que sos vos a través de tu manera de decir... ¡No me confundiría! A lo sumo, te distinguiría en el segundo intento, como mucho...”.
-En estos días voy a invitar a cenar a unos amigos de la facu para que los conozcas... –lo arranca de sus especulaciones.
-Cuando quieras, mi infierno... –le habla con una ensayada naturalidad.
-Bueno, mi cielo... ¡Viste qué dulce que soy! Este sábado podríamos ir a tomar algo al bar, hace mucho que no salimos... Tengo ganas de andar por la calle abrazada a vos y que todas las demás mujeres me miren y piensen en la suerte que tengo...
-Bueno, pero vas a tener que ponerte algo rojo, no sea que la envidia te haga mal...
-Dejá ahí –refiriéndose al canal que está a punto de cambiar-, que ahora empieza un recital...
-¡Estás en pedo! Yo la música la escucho, jamás se me ocurriría bancarme dos horas viéndole la cara a un tipo que canta...
-¡Qué estructurado que sos! Vos, porque sos cero imaginativo...
-Vos, porque te calienta este cantante...
-Sí, qué tiene, a mí me calientan casi todos los hombres lindos e inteligentes... Y vos más que ningún otro... Igual, si yo te metiera los cuernos con este tipo, vos tendrías que perdonarme...
-¿Y eso?
-¡Eso, que para cada hombre y cada mujer hay una persona con la que tendría que tener una licencia para engañar a su pareja...! Yo te la dejaría pasar si cogieras con Uma Thurman que es tu debilidad, ¿o no? Bueno, vos tendría que hacer lo mismo si yo tuviera un desliz con este tipo...
-...Si acaso este mamerto te diera bola...
-¡Qué malo que sos! ¿No me vas a decir que no es lindo? ¡Además, no tiene cara de mamerto!
-...Martina, voy a cambiar...
-¡Ah, pero si soy una tarada... Alquilé una peli, la tengo en el bolso! Galito, no te traés otra cervecita de la heladera...
-¡Ay, no, no me jodas que estoy viejo...!
-Sí, mi hermoso viejito de la bolsa...!
-Menos mal que aclaraste lo de hermoso... –y va hasta la cocina y trae lo que ella le pidió. Aunque la pelee, siempre hace lo que ella quiere... Tiene que hacerle notar que sufrió demasiado esas horas esperándola en la casa desolada y herida. Es como un obrero de sus deseos-. ¡Tomás, destapada y todo! ¿Qué alquilaste?
-No sé si decirte... Mejor buscate algo que te guste en la tele...
-¿Por qué...? Seguro que trajiste una de la onda que detesto...
-Argentina no es. No tiene discursos ni moralejas y el sonido tiene correlación con la imagen...
-Hasta ahí vamos bien... ¿Es europea...?
-No, si a mí también me aburren las europeas lentonas... Tampoco es yankee...
-¿No? –dice decepcionado, su cine es lo único que les admira-. Seguro que es un bodrio, entonces...
-¡Las pelis son lo mejor que hacen estos yankees, eh! ¡Hasta las de guerra son buenas!
-Pienso igual, es una sensación de lo más rara, ¿no, mi amor?
-Sí... En una película espero encontrarme con una buena historia bien contada...
-Lo primero que fijo en una película es quién es su director, después pregunto por el argumento y finalmente, leo quiénes actúan... –se queda pensando-. ¿Qué, es una porno?
-No, sabés que no se me ocurrió... –responde lamentándose y despliega algunas de sus armas para la función de alegrarle y complicarle la vida.
-¿Alquilaste una comedia?
-No, para qué, si no nos hacen reír... El del video me dijo que es una historia tristona... Me encanta tener la excusa para llorar desinhibidamente... Es mexicana...
-Está bien, las pocas películas mexicanas que vimos estaban buenas... –indica creyendo que al despertar se van a enfrentar a una mañana fría, de ésas que atan a la cama y a sus brazos-. ¡Ponela!
-No, mejor no... –asegura ensayando nuevos inicios, improvisando exploraciones sorpresas.
-Bueno, como quieras... Entonces, ¿qué querés hacer...?
-No sé, ingeniátelas... ¿o no sos ingeniero, vos? –y estalla con sus carcajadas, desenfrenadas, incontrolables y hasta algo obscenas...-. ¡Galo, te quiero tanto, tanto...! ¡No puedo vivir sin vos...!
-¡Qué bueno escuchar eso! ¡Y más lindo porque sé que es verdad... porque a mí me pasa lo mismo con vos, Martina...!


“Y entonces veo a Melissa abajo, caminando
por la calle, y mi corazón se aprieta de
compasión y alegría, y salgo a abrir la
puerta del departamento”.
“balthazar”

Sale del trabajo fulminada, viendo números donde hay manchas... No sabe si le duele la cabeza o solamente es el zumbido de aquel tubo de luz sobre su cabeza. Camina dos cuadras, en la parada, fuma un cigarrillo porque tiempo es lo que le sobra: tiene por lo menos veinte minutos de demora, o más porque es domingo...
Llega a su puerta, recobrando las ilusiones y toda la vitalidad...
-¡Melisa, pensé que no ibas a venir...! –le dice Ernesto, con su voz clara-. Si hasta llamé a tu casa y Lucio me dijo que no sabía nada de vos...
-Lo preocupaste al pedo... No hay derecho a tener que esperar un micro más de media hora... ¡Acá estoy! ¡Sos muy impaciente vos...! –lo besa-. Traje algo rico para comer... Ah, y un vinito que te va a encantar; es carísimo, pero estaba de oferta en el súper...
Empiezan abrir las bolsas, hay pan, fiambre, él trae las copas, una compotera de aceitunas, papas fritas... Cenan una picada antológica.
-¿Qué estuviste haciendo? –le pregunta.
-Extrañándote... –le responde tierno.
-No, en serio, digo...
-...Escribí algo...
-Después tenés que leérmelo... ¡Ah, tengo para devolverte el libro que me llevé la otra vez! –y se para, inspecciona en el interior de su bolso hasta que lo encuentra.
Efectivamente, el vino es delicioso... Ernesto trae al sillón unas hojas desordenadas, es lo que escribió por la tarde. Está bueno, a Melisa le gusta, son líneas algo cursis, casi melodramáticas... Pero al fin de cuentas se trata de una historia de amor... “Dudo que sea algo publicable, pero me alegra que haya tomado el primer envión para cumplir sus deseos”, se guarda para sí.
-¿Muy mersa? –testea.
-No... –no sabe cómo explicarle-. Contás historias que jamás podrían ser ciertas... Escribís sobre gente dichosa. Me gusta que termine bien, para finales tristes está la vida real...
...Todo se detiene cuando le dice, sincero, que la ama. Cree que es un sueño... La felicidad, ¿se puede medir? ¿Se puede identificar en un lapso preciso? ¿Es inodora, incolora; como el agua...? ¿O, simplemente, es una mentira, la más falsa ilusión?
-Ernesto, ¿vos creés que la felicidad existe? –le habla y lo desconcierta, supone que no esperaba que saliera con una frase tan descolgada...
-¡Existís vos, Melisa... que es casi lo mismo...!
Se conmueve con su respuesta... hasta el momento en que enciende la tele y le presta más atención a un programa político que a ella. Se adormece, pero igual escucha lo que algún sabelotodo, subido a un pedestal opina...
-...Cuando alguien ve así, las cosas demasiado claras, me asusto... No le creo, siento que es muy peligroso, que oculta sus verdaderas intenciones... –le comenta.
-Conmigo no vas a tener ese problema... yo sólo tengo dos o tres ideas precisas... Una, es que te quiero mucho –y ella no puede no sonreírle...
-¡Te voy a tener que dar un beso, entonces! –y lo hace, y se van sacando la poca ropa que llevan puesta.
Le ofrece sus manos hechas un puñado de alegrías. Como un vendaval, trepa por su cuerpo.
-...Yo te voy a consentir... –le dice con voz de actor de cine.
-¡Mirá que soy muy caprichosa...! –intenta asustarlo.
-¿A dónde vas? –pregunta inquieto porque lo abandona...
-Preparo café, si no, me quedo dormida...
-¡Te quiero ya en el sillón conmigo...! –imperioso, ansioso como un nene.
-¡Qué impaciente! Estoy yendo... –se sienta y apoya la cabeza en su hombro.
-¡No sé de qué me ilusiono si en unos segundos te vas a levantar y de nuevo me vas a dejar solo!
-¡Pero voy a buscar el café y vuelvo...! –le asegura con los ojos entrecerrados. Por unos instantes, confirma que la felicidad es posible...-. ¿Me amás? –le susurra.
-¿Hace falta que te lo diga...? ¿No te alcanza con todo lo que hago cada día?
-No, la verdad es que no es necesario; pero me encanta escucharlo...
Si no fuera porque mañana tempranísimo tiene que volver al súper, haría un esfuerzo para quedarse despierta un rato más. Se van a la cama... Igualmente, ella no puede dormirse...
-¿Qué te pasa? –le pregunta porque sabe que algo o demasiadas cosas la inquietan...
-Nada en especial... Pienso en la vejez y me asusto por las ausencias que me van a perseguir; las presencias de los seres queridos que me van a faltar... –y le pide que la abrace, pero muy, muy fuerte para volver a la realidad...
-Yo siempre voy a estar... –le afirma, hasta se lo jura... ¡Qué promesas hermosas. Incumplibles, lógicamente...!
Su abrazo es tan potente como dulce. Salvaje, le dice obscenidades al oído. Ríen juntos entre salivas fermentadas por el calor...
-¿Cuándo te vas a venir a vivir conmigo? –le cuestiona lo mismo de siempre.
-...El día menos pensado me tenés acá... –le contesta mientras lo muerde.

“Simbolismo. La abreviación del lenguaje en poema”.
“clea”

-...Viniste a decirme que sí a lo que te propuse la otra vez, ¿no...? –habla Martino, lleno de euforia cuando la ve acercarse al mostrador.
-Nene, sos muy lindo y simpático, pero lo lamento, pichón, sos muy chico para mí –lo desanima-. No, la verdad es que vengo a buscar un libro que le encargué al dueño, lo tengo reservado.
-Veamos... ¡máquina conchuda! –busca en la computadora- ¿Cómo es tu nombre?
-Victoria Azcarra...
-No, está por llegar en un stock de importados... –y se queda dudando-. ¡Qué título raro! ¿De qué es?
-...Es para una investigación que estoy haciendo, soy lingüista.
-¡Ah, catás lenguas...! –le saca una sonrisa. Debe estar pensando que Martino es un idiota; disimula bien-. ¡Es un chiste, una vaga idea tengo de lo que es...! Mirá, hagamos una cosa, ¿cómo se dice: la o el diagonal?
-“La”.
-Bueno, en la diagonal puta –remarca el artículo definido-, hay un café, en una hora volvemos y seguro que ya llegó el pedido... ¿Te parece? –Victoria, un poco desconfiada, igual acepta la invitación, le divierte el jueguito de ser halagada.
-Pero, ¿no vas a tener problemas con tu jefe por irte...?
-Olvidate, de esa mierda me ocupo yo, vos dedicate a pensar en lo que te dije el otro día...
Sentados, tomando gaseosa ella y un enorme café él; tiene la intención de explicarle a este encantador chico de qué se trata su profesión... Lo que menos hacen es referirse a los signos, lenguajes o al habla.
-¿Estás casada, de novia? –le pregunta a la espera de algún guiño cómplice.
-Separada.
-Entonces, ¿cuál es el puto problema para que vos y yo...?
-Yo te lo voy a decir, chiquito. ¿Cuántos años tenés? ¡Y no mientas...! –reacciona por fin Victoria.
-Veintidós... ¿De qué te reís?
-...Que yo tengo muchos más que vos... ¡Ese es el inconveniente!
-¿Cuántos, diez más? –y sube la oferta ante la mirada de ella-. ¿Doce?
-...Por ahí anda...
-Lo que sea no me interesa... –le asegura Martino-. ¿No te tienta ni un poquito? –ella le sonríe, se perfila para ser sincera... Pero lo desalienta, no lo hace...
-No insistas...
-¡Dale, no seas guacha! –ella muestra claros indicios de disgusto; finge-. ¿Qué te va a ser de malo un buen polvo...?
-¡Sos un insolente, nene! ¿Siempre sos tan sutil? ¿No podés no usar las palabras equivocadas?
-...A veces la cago del todo, ¿no...?
-Trabajás en una librería, podrías intentar hablar con un poco más de propiedad... –expone, didáctica.
-Supongo –duda-, pero lleva mucho esfuerzo... ¡Vos podrías ayudarme! Igual, me importa un pito...
-¡No puedo creer lo mal hablado que sos...!
-Ya sé pero, ¿para qué usar sinónimos o eufemismos, si existen estas palabras tan ilustrativas...? ¿No te parece?
-La verdad, es que me quedo con algunas teorías algo más científicas... –analiza-. Así que...“eufemismos...” –repite el término.
-Sí, ayer escuché que alguien la dijo... ¿La apliqué bien?
-Muy bien.
-Me alegro... ¡No me hagas esto! –y vuelve al tema que le interesa-. ¡No me digas que no! ¡Pensalo, por lo menos! Yo sé que me lo vas a agradecer... –Victoria no le responde, prefiere seguir escuchando a este joven-. ...No te escapes, te estoy hablando en serio... ¡Mirá los méritos que hago...! ¿Cuántos cafés vamos a tener que tomar hasta que te convenza? ¡Me vas fundir...! –y ella vuelve a esbozar una mueca de satisfacción-. ¡No lo analices tanto que no es una cuestión de Estado!
-¿Y qué sabés vos de política, pichón?
-Poco y nada... Pero sé de otras cosas que vos ni siquiera te imaginás...
-¿Ah, sí? –interroga, sugerente.
-Por supuesto.
-...Supongo que no conozco tantos insultos como vos...
-...Entre otras cosas... Debés ser muy inteligente vos, porque siendo tan joven estás haciendo una flor de investigación... –lleno de ansiedades, cambia de estrategia.
-Es que la edad no tiene nada que ver con...
-¡Viste! ¿Qué te vengo diciendo yo? –especula y se alegra de que por fin, ella haya pisado el palito-. Antes de que me putees, volvamos, que ya deben haber llegado los libros...
-¡Ahí está el dueño, le voy a preguntar a él...! –exclama Victoria al ver que se acerca hasta donde el chico está revolviendo libros en una caja.
-Hijo –le dice-, los importados están en ésta –y señala una más pequeña mientras tira abajo toda su táctica para demorar los minutos...
-Se rompió el encanto –pronuncia resignado Martino.
-¡El engaño, querrás decir...! –algo molesta.
-...Si vos nunca me preguntaste... –se defiende-. ¡Acá está! –revela que encontró el tesoro-. Siempre las mujeres lindas me dejan... –le confiesa cuando ella se dispone a hurgar en su billetera...
-Sos perseverante, chiquito... Hasta molesto, diría yo...
-¡Vamos, si te encanta...! Puedo verlo... –y ella se esfuerza, en vano, por que no se le note-. Decime, entonces, cómo te saco de mi cabeza... Mañana te invitaría otro café, pero ya no tengo guita y además curso...
-Ah, bueno, por lo menos estudiás... –su cara es una gran mueca de asombro...
-Sí, estoy en cuarto de Antropología... ¿Sorprendida? ¿Me vas a decir que no te gusta la novedad?
-No te voy a negar que sos muy lindo pero también demasiado mentiroso para mí...
-¿Te parece? Te vas a arrepentir de dejarme pasar... Te voy a decir una cosa más. Vos te vas a ir de acá y no vas a poder dejar de pensar en mí, te lo aseguro... –y le guiña un ojo, mientras pone en la bolsa otro libro para garantizarse de que la va a volver a ver...

“De todos los actos, supongo, el sexual es
el más importante, pues es aquel en el
que más se divulgan nuestros espíritus”.
“clea”

-...Te dejo estos libros acá, reservados, voy afuera a fumar un cigarrillo y vuelvo... –le murmura a la empleada.
Al regresar encuentra todo como lo dejó, los gigantescos tomos sobre el escritorio y la bibliotecaria, escoltándolos.
-...Será que cuando estudio tengo la costumbre de tomar mate y saber que acá no puedo fumar, me dan más ganas todavía... Encima estos libros que no se prestan... ¡Tendrían que habilitar una sala para fumadores...! –y le sonríe.
-Decímelo a mi que paso todo el día acá... –agrega ella-. Apenas tengo una hora al mediodía, y en vez de almorzar, devoro cigarrillos... –y ve al joven alejarse hasta aquellos pupitres elegantísimos donde se sienta para seguir con su labor.
Durante dos semanas, él concurre a la Biblioteca de la Universidad para preparar una materia.
-Acá te los devuelvo, tratá de que no los guarden que mañana estoy acá... –pide él como cada día-. ¿Ya empezaste tu hora libre? –le pregunta al verla agarrar su cartera-. Te invito a comer un pancho a la plaza... y a fumar. ¿Qué decís? –insiste ante su silencio.
-Bueno.
Un sol genial alumbra la calle, que disfrutan sentados en un banco desprotegido de los árboles, dichosas víctimas de la tibieza de invierno llegando a su fin.
-¿Santino es tu nombre, no? Lo leí en tu carné... –dice ella, por decir algo...
-¿Y el tuyo?
-Fedra.
-¡Qué bueno, ahora la guardiana de la sala de lecturas tiene identidad...! –ya terminaron de comer, hace un ratito que encendieron sus cigarrillos.
-¿Qué estudiás?
-Filosofía. ¡Me estoy por recibir... Creo que, a más tardar en diciembre!
-¡Qué bueno! ¡Tengo que volver, sabés...! Igual, ¿pronto nos vemos?
-Sí, por supuesto.
Así sucede cuando entra con la cara cada vez más cansada, cargando su cuaderno y con la lapicera en la mano, débil de tanto escribir... Saluda a Fedra amigablemente y se ubica en el sitio más cercano al escritorio.
-Ya está, podés hacer que los guarden, que los quemen –mientras le entrega los tomos-, no, mejor que los guarden solamente... ¡mañana rindo!
-Te deseo suerte... –dice, algo desanimada, siente que no va a volver a verlo. Es decir, la gente, si no es por necesidad, no va a las bibliotecas.
-Me gustaría que fuéramos, cuando termines acá, a tomar un café, una cerveza, lo que vos quieras...
Como acordaron, Santino la pasa a buscar a las seis y se meten en el primer boliche que encuentran. ¡Podrían haber elegido algo mejor!
-¡Qué difícil la filosofía! Pensé que la gente ya no estudiaba esas carreras... –analiza ella-. A mí, siempre me costó entender todo eso... La verdad es que no sé para qué sirve, para qué se usa...
-¿Cómo para qué sirve...? La filosofía no es como la electricidad que se aplica y listo. La filosofía es para vida, enriquece el espíritu, es para el alma, la mente y hasta sirve para el cuerpo... –expone apasionado.
-Ah, no sé... Permitime que lo dude. Me parece que para la vida sirve la política... Para el espíritu existen las religiones; para el alma... la música; para la mente está la literatura. Y para el cuerpo, nada mejor que el sexo... –declara, gracias a su habilidad y a su memoria.
-Bueno, la filosofía es todo eso junto... –intenta convencerla.
-¿El sexo también?
-Claro que sí, ¿querés que te explique?
-...Mejor no –igualmente le sonríe.
-...Volvamos al principio, veo que te interesa la política...
-Por supuesto –responde categórica-, es la realidad, el día a día, ¿a vos no?
-Sólo en un plano teórico.
-A mí me pasa todo lo contrario... –él pide otra cerveza y más maní.
-Yo no soy creyente, tengo ciertos conocimientos de teología, por lo que estudié, pero nada más... ¿vos tenés alguna religión?
-No, pero me gusta saber que existen, tal vez en algún momento las pueda necesitar...
-Sos bastante práctica por lo que veo... ¿Y qué música te gusta?
-Casi toda... igual siempre termino quedándome con la es en castellano. Me enloquece cantar y entender las letras... y como no hablo otro idioma...
-Y respecto a la literatura...
-Me gusta la ficción, leo bastante variado, pero prefiero los libros que cuentan historias lindas...
-...Las novelas rosas... –dice intentando molestar...
-No necesariamente, pero si son buenas, por qué descartarlas...
-¿Y el sexo?
-Como todo el mundo... me divierte más hacerlo que hablar del tema... –le sonríe-. ¿O no?
-Creo que tenemos ciertos puntos en común...
Como le había contado, por la mañana rinde aquel final y ya es tarde. Con su auto la alcanza hasta el edificio de la calle 10 donde le indicó que vive. Se despiden como amigos.
Todavía Fedra no sabe si él aprobó o no, hace varios días que no aparece por la biblioteca, tal como lo había pronosticado. Hasta que abre la atascada puerta de la sala... Resulta que después de rendir, literalmente, “cayó rendido”, durmió dos días seguidos y tardó otros dos para despertarse. Le fue bien en su examen.
-Acompañame a festejar –le sugiere-. Vamos, cenamos algo y después arrancamos con las cervezas...
-No sabía que los estudiantes de filosofía tomaran tanta cerveza... –señala, cómplice.
-Eso le gusta a la mayoría de la gente...
-Pero el bar lo elijo yo esta vez, conozco uno a la vuelta de la diagonal que está bueno, vas a ver...
En esta oportunidad la pasa a buscar por el departamento, ella quería bañarse después del trabajo y ponerse alguna ropa más linda...
Haciendo labor de hormiga, cada día, Fedra se lleva para la casa de Santino un libro que toma “prestado” para que pueda fotocopiarlo o resumirlo con mayor comodidad. Luego vuelve a ponerlo en su sitio... a lo largo de todos estos meses, nadie en la biblioteca descubrió su metodología.
La humedad aplaca sus ganas de estudiar, “si no fuera que es la última...”, le explica algo desanimado, tirado en la cama...
-...Si yo pudiera darte una mano... –y le ceba un mate que lo hace transpirar pero que también le saca la sed.
-Ya me estás ayudando bastante... ¡Quedate a dormir esta noche! –le suplica a su manera-. ¡Quedate conmigo, te diste cuenta de lo bien que te queda mi cama!
-No sé... –haciéndose la tímida.
-¿Por qué siempre te vas...?
-No me gusta invadirte...
-¡Ocupá mi territorio tranquila...! ¡Colonizame, si querés! –le sonríe y le hace caras de nene bueno, de perrito abandonado...
-¡Mirá que a la mañana soy peor que Mister Hyde...!
-No me importa, no vas a conseguir asustarme... ¡Dale, no te vayas hoy...! –y siente que la convence por el beso que ella le regala.
Las transpiraciones los pega, se escurren, se alejan y se amalgaman otra vez... ¡Hacen buen equipo! Se tocan, se rozan, se hunden...
-¡Dale, decime que no te vas a ir...! ¡No vas a ser tan mala de dejarme ahora...! ¿Te quedás conmigo, no? –le implora.
-¡Acá estoy! ¡Acá me tenés! –lo calma con su voz y sus caricias...
-...Digo... siempre, toda la vida...
-Bueno, vamos a ver...

“El pasado se le había desprendido como una piel”.
“mountolive”

Se queda parado frente a la casa antigua donde funciona una oficina de diseño gráfico. El agua le chorrea por donde mire... Hace más de quinde días que llueve a cántaros confabulando contra la tibieza de la primavera que aún no se anima a instalarse... Supone que ésta es la tarde ideal para acercarse a ella.
Disimulado, como distraído visita sus lugares, esperando un golpe de suerte... como verla salir del trabajo y hacer que nada pasó en ese año. Y ahí aparece... Corre hacia ella, haciéndose el extrañado, luchando contra el viento y el paraguas...
-¡Emma! –le grita, la nombra; se enamora cada vez más.
Se queda helada al descubrirlo...
-¡Ariel, qué casualidad...! ¡No puedo creer verte por acá...! –le parece que el azar nada tiene que ver con este reencuentro...
-Estás más linda que nunca... –le dice y no consigue ocultar su emoción.
-...Y vos tan mentiroso como siempre... –sigue sorprendida.
-Vamos a tomar un café –le propone-. Si seguimos hablando bajo esta tormenta, vamos a terminar los dos enfermos –y es el hombre más secretamente feliz cuando acepta su invitación...
Tiene en mente ir al bar de siempre para que los recuerdos de los buenos tiempos lo ayuden a convencerla. Al atravesar esa pesada puerta se siente resguardado, a salvo del agua y de la tristeza de todos esos meses sin ella. El mozo que los atiende es el mismo de entonces, también parece estupefacto al verlos juntos... Desde que cortaron nunca había vuelto... ella, se ve que sí.
-¡Qué tal Cristian...! ¡Traenos dos cafés! –le pide. Piensa y recuerda. Le cuesta empezar a hablarle... ¡Pensar que ensayó tantas veces esta conversación!-. ¿Cómo estás, tanto tiempo? –arranca por fin...
-Bien, creo... Estoy como se puede; laburando como una condenada... –le contesta.
-Emma, voy a ser totalmente franco con vos. Todo este tiempo evité ir a los sitios a los que solíamos ir... La verdad es que no te quería ni ver... Hasta que me di cuenta de que sigo enamorado de vos... Que nos encontráramos no fue casualidad. –Ella lo oye seria. Lo mira fijo-. ¡No estoy dispuesto a conformarme con otra mujer, te quiero a vos!
-No sé qué decirte, Ariel... –duda-. Muchas veces imaginé este momento...
-¡Fui tan infantil! –la interrumpe, no podría tolerar que le dijera que sale con otro hombre-. Desde que nos separamos, no pude parar de extrañarte... Tu potencia, tu alegría... Tu creatividad, todo tu dramatismo... Por favor, démonos otra oportunidad para ser felices... –de los cafés ya no queda nada-. ¡Necesito hacer lo correcto de una vez por todas!
-Ariel, no estoy segura... Yo, ahora estoy con otro hombre... –y lo apuñala; él cree que se va a desangrar...
-Mirá que ya no tenemos veinte años... Estamos viejos... ¿Cuándo vamos a tener en esta vida otra chance así?
-¡Hablá por vos porque yo estoy cada día más joven! –y sonríe, sabe que le miente.
-Siempre le pego en el palo... –prende su segundo cigarrillo y él, que lo había dejado, le pide que le convide uno-. ¡Ninguna es como vos...!
-¡Más vale, nadie es como otra persona! ¿Qué esperabas?
-Emma, no todo fue tan malo... También pasamos momentos bárbaros, ¿o no? –y la ve fumar con la misma voracidad de antes-. ¡Quiero enfrentar el futuro con vos, juntos!
-No sé si es lo mejor... Yo ya me acostumbré a... –la hace callar...
-¡Dale, dame una posibilidad de volver a enamorarte! ¡Vos sabés lo que me cuesta hablar con esta sinceridad...! ¡No puedo pasar un día más alejado de vos...!
-Que te quede claro... Yo estoy con otro tipo, Ariel, que me quiere y me valora; que es bueno conmigo...
-¿Ya no me querés más? –pero no le contesta-. ¡Vos me debés odiar a mí! -busca otra táctica, la está perdiendo...
-No, fíjate vos que hasta hace poco seguía enamoradísima, súper enganchada...
-¿Y ahora?
-...Ahora que lo pienso, creo que no...
-Me estás mintiendo.
-Volver con vos significaría un retroceso en mi vida...
-¡No me digas eso, Emma!
-¿Sabés qué...? Me moría de ganas de encontrarte; y no te imaginás cuánto me alegra verte la cara de hecho mierda que tenés –lo mata. Se pone la campera-. ¡Me imagino que la cuenta la vas a pagar vos...! –dice la asesina. Lo besa en la boca, saluda al mozo y lo deja, solo.

“¡Hay tantos recursos para una mujer de experiencia!”.
“mountolive”

Camina rumbo a su casa y trata de pensar en su investigación para sacarse de la cabeza a ese mocoso... “adorable”. No ve la hora de empezar a elaborar en sus ideas, su teoría. Enciende la computadora mientras se prepara café. “Pero es tan lindo...”. Se muda al escritorio con viejas carpetas, el libro nuevo y otros que ya leyó varias veces. Abre la bolsa, entonces se da cuesta de que el pendejo mal parido le dio cualquier cosa. “Seguro que lo hizo a propósito, el puto de mierda...”. Suspira, se sonríe, sigue por un rato maldiciéndolo hasta que se resigna a postergar el inicio de su proyecto.
-¡...No me grites! –le dice, se ataja, cuando la ve aparecer con cara furiosa.
-¡No, si no voy a gritarte, vengo a putearte de arriba abajo!
-¿Sabés insultar? –lo mira feo- ¡Esperá, dame la oportunidad de que compense mi bromita...!
-¿Me estás cargando...? ¿Bromita? ¡Te daría un sopapo, nene!
-Era la única forma que tenía de volver a verte... ¡Vamos a tomar algo, por favor!
-¿No tenés que ir a la facultad?
-¡Falto, no me importa...!
No sabe cómo, pero acepta otra vez, su invitación. Atraviesan la diagonal y entran al bar de ayer. Las calles se derriten cuando caminan juntos. Sigue retándolo un poco más, se aprovecha y le dice que estuvo muy mal, que ella necesitaba urgente ese libro (que ya se guardó, no sea cosa que...). Es encantador, le hace hombritos como una criatura caprichosa y malcriada.
-¿Por qué tenés tantos prejuicios? –le cuestiona por fin.
-Ah, ahora vas a hablar como un estudiante de antropología...
-Eso es lo que soy.
-Creo que prefiero al vendedor que dice un insulto en cada oración...
-¡También soy eso...! Insulto porque me gusta, de verdad pienso que una puteada es muy gráfica... Fijate que no soy tan mal partido... –intenta ponerse serio.
-¡Qué antiguo, nene! No insistas con lo mismo...
-Y vos no te niegues a pasarla bien, es lo más recomendable...
-Sos mister caprichitos vos...
-Dale, vayamos a un lugar más tranquilo...
-¡Sos un irreverente, además! –tratando de hacerse la ofendida...
-Es una modesta falta de respeto, nomás...
-En poco tiempo te vas a cansar de mí, pichón...
-...En poco tiempo te voy a pedir que te cases conmigo... Lo único que te prometo es una sensacional idea cada día...
Dejan el café, pagan a medias, sus ojos se abren al mundo, como un telón gigante...
-¿Agarraste tu libro, no? –le pregunta ingenuo.
Casi sin darse cuenta acepta una nueva invitación suya...

“Le servirá mucho que alguien la quiera un poco”.
“balthazar”

-¡Sol, qué sorpresa verte por acá! –dice dormido, extrañado por la presencia, especialmente, por la hora atípica. Todo se detiene para él.
-Estoy buscando a Melisa, ¿está...? –habla a punto de llorar.
-Está en lo de Ernesto... ¡Pero pasá, no te quedes ahí dura...! Vos no estás bien, ¿te puedo ayudar? ¿Pasó algo con Nicolás?
-Sí –y acepta el café que amablemente Lucio le ofrece-. Ando buscando asilo, necesito un escondite por esta noche, pero si Melisa... –amaga con levantarse; él no la deja terminar de hablar...
-Te podés quedar aunque mi hermana no esté... Viniste al lugar perfecto. ¡Tomá, ponete hielo en la boca que se te va a hinchar...! –parece un poco más calmada-. ¿Qué pasó?
-...Lo encontré con otra en mi cama... Llegué del trabajo y los vi. Peleamos y salí corriendo, me fui olvidando todas mis cosas...
-...Y te pegó también... –ella se queda callada, no lo puede desmentir. En vez de negarlo se echa a llorar, como una criatura, llena de congoja, desconsolada-. ¡No te pongas así, Sol, ese hijo de puta no se lo merece... Vos le importás a mucha gente...!
-Menos a quien yo quiero...
-Necesito que estés bien. Te quiero mucho, sabés. En este mundo hay gente muy valiosa, como vos...
-¡Para mí, todo el mundo vale lo mismo!
La ve tan triste y desprotegida que Lucio olvida instantáneamente el dolor que le provocó cuando lo cambió por otro... Se borran los antiguos rencores porque vuelve a ser la chica más tímida y más desamparada del mundo... Tan huérfana, tan desvalida...
Se habían enamorado cuando ambos soñaban con irse de sus casas... Hasta que un día, Sol se deslumbró con un nuevo hombre: Nicolás. Todo lo que la había seducido de él, quedó detrás de la puerta de calle cuando la flamante pareja empezó a convivir hace unos largos meses.
El odio de Lucio se escapó ni bien la vio entrar a su departamento... El llanto la va tranquilizando, por un rato nada pasa, ninguno habla; tan sólo ella lagrimea con su cabeza baja y él acaricia, discretamente su pelo, para que sepa que no está sola.
-Estoy tratando de entender qué pasó... de ver en qué me equivoqué –se pregunta en voz alta.
-¡No pienses en eso! ¡No te tortures más...! Sol, ésta es una pocilga, pero acá vas a estar bien, segura... yo te voy a cuidar, si me dejás... –ella no le contesta pero le agradece con su mirada llena de ojos desolados.
-Tomá, acá tenés ropa de Meli... –y le abre la cama de su hermana.
Antes de irse a acostar, Lucio entra en el otro cuarto, la tapa y ve que duerme... Reconoce por fin, en ella, a la joven más tierna, a la que siempre amó.
Tan temprano como cada mañana, Melisa abre la puerta de su casa. Extraordinariamente, Lucio está tomando café sentado en la cocina. Inquieta por el panorama no evita preguntar, porque sabe que algo pasa...
-...No me extraña, ese tipo está loco... –asegura ella-. ¿Ahora dónde está?
-Durmiendo... ¿Qué más sabés vos? –la interroga.
-...Que ésta no es la primera vez que le pega... –responde, aunque dudó en decirlo...
-¿Por qué no me lo contaste antes, pelotuda?
-Por esto... ¡Mirá cómo te ponés! –y se callan, poco discretos al ver entrar a Sol.
-¡Traje facturas! –anuncia Melisa-. Igual ya me estoy yendo, en una hora entro al súper... –el saludo de las amigas, le da seguridad, la serena-. Mirá, Sol, yo voy a pasar un tiempo con Ernesto, quiere que me mude con él, así que vamos a probar... Sabés que podés quedarte acá todo el tiempo que necesites... Lucio te va a cuidar bien, lo sabés... –Sol atiende el teléfono celular que no para de sonar, contesta, aunque teme que sea Nicolás...
“...Cristian, qué tal... No, estoy bien, de verdad... En lo de unos amigos... ¿Y cómo te enteraste...? ¿Ah, sí...? Tengo todas mis cosas en el departamento... ¿Pero vas a poder...? No te quiero meter en quilombos, si no voy sola... Bueno, muchas gracias, Cristian... ¡Mandale un beso también...!”. Hasta que corta y ve que finalmente Melisa se fue al trabajo...
-¡Cómo me gustaría tener la confianza de tu hermana! –señala a modo de súplica.
-¿Por qué no te acostás un rato más...? Aprovechá que es sábado... ¡Andá, llevá las facturas que preparo unos mates ricos...! –ya en la habitación, él se sienta a su lado en la cama...
-¿Vos te acordás de la sonrisa hermosa que tenías cuando te conocí?
-...Fue hace mucho... –le responde.
-Yo te la voy a devolver...
-Lucio, tengo ganas de llorar...
-Entonces, yo voy a tener que secar tus lágrimas...
Llegará el momento en que Sol sea capaz de redescubrirse... Cuando piense claramente. Cuando recuerde que alguna vez fue feliz, lejos de los tormentos y del llanto. Probablemente, sea el día en que cambie de dirección el viento y la niebla se disipe... Tal vez entonces las caricias sean recíprocas, quizás vuelva a reír...
-No sé por qué sos tan bueno conmigo... –dice, mientras se adormece-. ¡Con lo mal que me porté con vos...!
-Porque te quiero, Sol... –le asegura Lucio, pero no lo escucha, ya está dormida.

“Vi en ese momento lo que debía haber visto
mucho antes: que nuestra amistad había
llegado a tal punto de madurez que ya éramos
parcialmente dueños uno del otro”.
“justine”

-Oíme flaco, te jode que con Ana... –le pregunta Marcos.
-No, para nada –Cristian no lo deja terminar la frase-. Andá tranquilo, Ana ya no me interesa –explica-. ¿Pero... y Carla?
-No sé, con ella nunca se sabe...
Esta madrugada empuja a salir... Será que es uno de los primeros sábados de esta primavera, qué sé yo... Una noche repleta de ojos que se hacen los distraídos. Todos los viejos conocidos del bar están ahí hoy. La pesada puerta de “El Barrio” no descansa en su ingrata rutina de abrirse y cerrarse. Es que se trata del lugar ideal para buscar, desencontrarse y también para aquellos que necesitan perderse... En esa estamos cuando, de nuevo, la puerta deja paso a Carla con su compañera de trabajo Zoe que viene de la mano de su novio. De todos los boliches de la ciudad, a cada uno se le ocurrió entrar a éste...
-...A esa tilinga la desfiguro... –le asegura Carla a la otra vendedora de ropa.
-Hola, buenas noches, ¿qué les traigo...? –pregunta el mozo de siempre.
-Cristian, hacele una gauchada a Ana y decile que se aleje de Marcos... –insiste en el tema.
-...Por favor no armes bardo acá adentro, ¿sí...?
-Traenos cervezas... –Gerardo interviene para distraer...
-No te preocupes, soy una conventillera discreta... Yo quiero un Margarita.
Las bebidas aún no llegan y nuestra amiga ya lleva fumados dos cigarrillos. “Podría haberse ido a otro lugar...”, piensa al respecto de Marcos.
-La verdad es que de discreta no tenés nada, Carla –dictamina Gerardo, que es bastante observador-. ¡No les podés sacar los ojos de encima! ¡Los vas a ojear...!
-No sabía que los psicólogos creían en supercherías... –advierte insidiosa Zoe.
-¡Cuidado con lo que me vas a decir, Gerardito...! Mirá que no soy tu paciente y ni siquiera, ando buscando un analista...
-Podrías necesitarlo...
-A lo mejor, sí...
...Y detiene la conversación porque se da cuenta de que la chica que está con Marcos se levanta para ir... No importa adónde, ella la sigue; y detrás va Zoe.
El espejo del baño es testigo de los cruces de las miradas de estas dos viejas conocidas... De reojo se desafían, se sacan chispas mientras se lavan las manos... Antes de que Ana salga, la agarra del brazo para retenerla...
-Escuchá una cosita... Ese chico que te habla al oído, te está mintiendo, porque me quiere a mí... –asegura violenta, recién empieza...
-¿Ah, sí..? No parece... –le retruca Ana arriesgadísima.
-Te lo digo una sola vez, va a ser mejor que pienses lo que vas a hacer...
-¿Qué, me vas a pegar? –le pregunta.
-Podría ser... ¿Por qué no? Me conocés bastante bien, sabés que soy capaz... –sigue tranquila, para el caso...
-¿Me estás amenazando?
-Te estoy diciendo lo que va a pasar si te metés con Marcos... –y la empuja contra la pared ante la mirada horrorizada de Zoe. La agarra del cuello, casi apretándola-. ¡Esperá, qué apuro tenés...! ¿No ves que te estoy hablando? –no la suelta. Si lo que quería era asustarla, empieza a lograrlo...-. Porque a vos te sacaron a tu novio, no te quieras meter con el mío...
-Que yo sepa, Marcos no es nada tuyo –le dice con la poca voz que le queda a su antigua compañera del secundario.
-Te informaron mal... ¡Ya estás advertida, forra...!
-¡Basta, Carla...! –interviene Zoe; Ana aprovecha para irse.
A Gerardo no le preocupa que tarden en el baño; las chicas no se conocen hace mucho, pero se llevan bien... Retornan de la travesía, Zoe parece más afectada que la propia víctima.
-Carla, nosotros nos vamos... Vine para hacerte la gamba, pero no me siento cómoda... –le dice Zoe-. No me gustan estos lugares...
-¿Qué tiene...? Es un bar... –aclara Gerardo, molesto porque su novia volvió a decidir por los dos...
-...Además estoy arruinada, estuve todo el día en el negocio...
Ya sola, se va a la barra, siempre hay algún conocido para rastrear... Se ubica de tal manera que puede seguir vigilando a la flamante parejita: “tienen poca vida...”, se convence llena de ira. Observa que se levantan de la mesa, se dicen algo... Marcos dirige una mirada, algo inquisidora, a Carla que cuchichea con alguien. Se van.
-¿No se te está yendo la mano con el tequila...? –le pregunta Cristian, al rato.
-...La mano se me va a ir si vuelvo a ver a tu ex novia con Marcos... –le responde. De hecho era cierto, estaba a punto de emborracharse, de caer rendida... Se despide de los amigos del bar y se marcha.
Para el sábado siguiente Carla, que durante toda la semana no se había cruzado con Marcos ni de casualidad, vuelve a “El Barrio”. Había planeado una magnífica venganza, que nunca lleva a cabo porque él no va, no está para presenciarla... No tiene sentido hacer nada.
De vuelta en su departamento, se acuesta sin sacarse el maquillaje que, exageradamente se había hecho.
Cuando él abre la puerta y se encuentra con el rostro medio triste, medio rabioso de Carla, se prepara para la peor escena de histeria...
-¡Espero no interrumpir nada...! –pronuncia extraordinariamente calmada-. ¿Estás solo?
-Ajá... –contesta desganado, dormido-. ¡Pero pasá, nena! –sin decir nada, Marcos se dirige a la cocina...-. ¿Querés un café?
-Bueno –responde apichonada, lejos de la altanería de otras veces. Atrás quedaron todos los insultos conocidos que ella había memorizado para escupirle, violenta, en la cara.
-Marcos... –habla y larga el humo del cigarrillo que acaba de encender-. ¡Esa mina es una forra, todo el mundo lo sabe...!
-¿Qué querés, Carlita? ¿A qué viniste? –le pregunta y sopla el interior de la taza para evitar quemarse con el siguiente sorbo.
-A mí me gusta la historia que tenemos, no la caguemos, lindo...
-¿De qué relación me estás hablando...? Si nosotros somos un desastre... Aunque te enojes, ésa es la verdad... ¡No llores, sí...!
-Bueno –hace pucherito y agrega-. ¡Vos nunca me tomaste en serio!
-No digas eso... ¿Estás borracha, no...? ...Yo te quiero mucho, pero... lo nuestro es un desastre... Yo necesito una mina que me acompañe, que banque, que me sepa orientar...
-¡Entonces lo que estás buscando es una guía de turismo, no una mujer...!
-¡No te hagas la tonta que vos me entendiste! –cambia de tema, en realidad quiere despejarse unas pequeñas dudas-. La otra noche, ¿me estabas siguiendo?
-No, ¿qué decís? –ya no llora, pero empieza a enojarse. ¡Vaya a saber qué es peor...!-. Fui a tomar algo con amigos.
-¡Ah, sí, tus amistades! –insinúa desconfiado.
-No digas bolazos... Estaba con Zoe y Gerardo... ¿no viste? –le cree.
-Y explicame otra cosita...
-Esto se parece a un interrogatorio, ¿de qué se me acusa? –lo increpa.
-Decime, ¿qué le hiciste a Ana? –le ordena-, cuando volvió del baño estaba aterrada...
-¿Qué te dijo ella?
-Nada... –prende un cigarrillo-. ¿Le pegaste?
-Es una turra, se lo merecía –asegura y se relaja cuando ve que Marcos sonríe al escuchar la explicación.
Por unos minutos fuman callados, mirándose cada tanto; tal vez extrañando las carcajadas sin motivos de otros momentos... Adoran demasiado lo que cada uno representa para el otro.
-Vos sos malo conmigo –revela Carla de una vez.
-¿Qué decís? Si yo soy malo, vos sos loca...
-Un poco sí, lindo...
-Bastante, diría yo –le agarra la mano-. Nunca sé qué esperar de vos, si un gesto de cariño o una puteada...
-¡Ah, porque vos sos una joyita...! –justifica y se burla de él.
-Carla, me desequilibrás... Vos a mí me desconcertás... Cuando estamos juntos siento que preferirías salir corriendo... y si me ves con otra, parece que me extrañaras... –ella le presta atención, concentrada, no tiene intenciones de hablar...-. Vos fuiste la primera en decir que no te gustaban las cosas serias... Y ahora me hacés reproches... ¿En qué quedamos? ¡Ponete de acuerdo, Carlita!
-...Pero yo te quiero... A lo mejor, reconozco que me cuesta demostrártelo –también se le complica confesar lo que siente-. Yo te quiero, lindo... Me gusta estar con vos...
-Y a mí también... ¡No llores más, por favor te lo pido! ¡Me mata verte así! Yo te quiero mucho... ¡Somos un desastre nosotros dos!
Marcos la besa y la abraza; llora con ella; la aprieta fuerte, para no poder distinguir de quién es cada lágrima.


“Crecía y decrecía como la marea, avanzando y retrocediendo”.
“clea”

Prestándole una atención desmedida a las vidas que no conozco, a las conversaciones de extraños, oigo:
-Profesor...
-Hace dos minutos que dejé de ser el profesor de Historia del Arte y no creas que te voy a tratar como a mi alumna...
-Está bien, Lautaro, tenemos que hablar...
-Vamos, que yo también necesito contarte algo.
Él imita a la cálida ciudad, pero ella, luce su mejor cara para darle malas noticias.
-...Ya hablé con mi novia, le conté todo lo nuestro, quiero casarme con vos...
Los márgenes de la sonrisa de Mar certifican su frescura tan autóctona. Con las ilusiones reflejadas en sus mejillas se decide a hablarle.
-¡Me voy a México!
-¿Ya juntaste toda la plata que necesitabas?
-Ajá.
-...Vos te vas a ir y no vas a volver más...
-No, yo adoro La Plata, igualmente, sabés que siempre deseé conocer México, no Europa o las Polinesias; la ciudad de México... Pasear, ir a recitales, emborracharme, comprarme los discos de los artistas que me gustan... y admirar el arte precolombino.
-¿...No ves? Vos te vas a quedar allá...
-Ya te dije que no, ésta no es una ciudad hermosa, pero es mía y uno con los años aprende a querer lo suyo... –asegura profunda y convencidísima.
-¿A mí me querés?
-Vos no sos mío... Estoy segura de que te vas a reconciliar con Miranda porque es a ella a quien amás... conmigo, estás deslumbrado, nomás...
-Me estás haciendo sufrir...
-Soy incapaz de eso, al dolor no lo quiero ni para aprender...
Luego de transformar su mundo, Mar, intenta borrar las huellas que le van a quedar. Un cuento más, como tantas otras historias perdidas, abandonadas a mitad de camino. Algunas confusas, otras llenas de simulacros... Tan acostumbrada a las despedidas necesarias.
-...Dejame que me vaya con vos...
-Ni loca.
-Entonces, quedate, te necesito...
-Ni lo sueñes –tajante.
-...Ése es precisamente mi sueño...
-Una porquería, tendrías que practicar más...
-¿Qué cosa?
-...Soñar... –le responde.
-...Yo, viajando a México voy a hacer realidad mi aspiración más importante.
-Yo, sólo te quiero a vos...
-Es mentira, y lo sabés... También ansío vivir en una casa gigante, que en el patio tenga la calesita de Mary Poppins... –habla sin prestarle atención.
-Tendrías que presentarte en un concurso de deseos imposibles... Igual, me quedo con tus ilusiones; son más interesantes que las mías... A partir de ahora, te voy a copiar los sueños...
-Entonces, esta noche, voy a soñar conmigo...
-Preferiría que durmiéramos juntos, acá.
-¡Volvé con tu mujer mejor, si te perdona, es porque te quiere de verdad!
-¿Te diste cuenta de que ésta es una conversación de locos?
Evocando las noches tan escasas antes de salir corriendo para encontrarse con Miranda, empieza a imaginar finales anunciados. Con manos afines se tocan por última vez. Sombrío, siente que lo que más va a extrañar de Mar van a ser esas risas que contagian. Sabe que desde ahora se va a convertir en una sombra que irá, distraído, perdiendo recuerdos por ahí... Va a ser como los demás que viajan apiñados en el micro.
-De esta historia me voy a quedar cinco recuerdos: tus manos, tus mentiras, los libros que me prestaste y no te pienso devolver, los discos que escuchamos juntos y las películas que nunca me quisiste acompañar a ver al cine... –le asegura Mar.
-¿Nada más?
-¿Te parece poco?
La realidad se recorta con la forma de las fragancias de su barrio que van quedando atrás. Las veredas donde se crió. Valijas cargadas de nombres apenas mencionados, de anécdotas que, podría ser, alguien deseara escuchar... Desoyendo consejos, deja de buscar sensaciones en estas calles...
Finalmente viaja a conocer su sueño, un lugar más respirable; aunque tal vez, el aire de México no esté a la altura de sus aspiraciones, piensa y juega con las palabras antes de perderse entre toda aquella gente del aeropuerto...

“¡La manía de perpetuar, de registrar, de
fotografiar todo! Supongo que nace de la
sensación de no gozar plenamente de nada,
de sentir que la flor de todas las cosas se
escapa en cada soplo de aire que exhalamos”.
“balthazar”

-Oíme una cosita... ¿Qué creés que estás haciendo? –pregunta Cristian molesto.
-Disculpá, no pensé que te podía enojar tanto... –responde ella, sorprendida por la reacción desmedida.
Ya les conté muchas veces acerca de la humedad en los empedrados, de la amenaza de la lluvia sin importar la estación del año en que se esté... También hablé sobre las numerosas plazas y de los benditos árboles que resguardan...
-¿No sabías que es un delito...?
-¡Qué exagerado...! Te saqué una foto, nada más... –afirma, empezando a hartarse.
Vera se acerca al banco donde está sentado leyendo unos papeles. La imagen es genial: el contraste de luz y sombras que dan las ramas, este chico con cara de cansado, esforzándose para concentrarse...
-Mirá, flaca, yo estoy tratando de estudiar... Y no me gusta que venga una loquita a sacarme fotos sin permiso...
-Vera... La loquita se llama Vera. Y el que me va a demandar... ¿tiene nombre?
-Cristian, y lo único que te pido es que me dejes tranquilo, estoy por rendir un examen y no tengo mucho tiempo para dedicarle al estudio.
-¿Qué estudiás?
-Medicina.
-¡Ah, qué bien... Yo soy fotógrafa!
-No me había dado cuenta... ¿Voy a salir en algún diario...?
-Salvo que sea en policiales, no... Éstas son un gusto que me doy, mi trabajo es otra cosa: cadáveres, policías que dan excusas, asesinos... Tengo que irme, sabés, ya te dejo en paz –dice y se levanta del banco en el que minutitos antes se había sentado-. Para resarcir mi infracción, puedo hacerte una copia, ¿te parece?
-Si no llueve, voy a volver acá para leer... Salvo que aparezca alguna minita que me interrumpa...
Aquellos días cálidos, de brisa suave a la hora de la siesta, son una maravilla de la naturaleza. Cristian tiene que aprobar uno de los tantos finales pendientes para no estancarse todavía más... Antes de entrar a trabajar se sienta en la plaza; en su casa es imposible y la opción de hacerlo en un café o en una biblioteca, no lo convence...
“Con calor la gente se pone más linda, más fresca y espontánea”, cree Vera. También sostiene, a fuerza de su experiencia, que en primavera hay menos delitos... Entonces, se dedica a su otra labor, esa que disfruta y por la que no ve un mango... Sueña con que llegue el día de poder hacer una exposición... “Tengo que aprovechar ahora, antes de las fiestas de fin año...”, le explica a su hermana, “...siempre aumentan los suicidios y no voy a tener tiempo para nada”.
-¿Y ésta? –no le da tiempo de agarrarla, violenta, Vera se la saca de la mano-. ¡Ay...! –se queja Emma, la mayor de las dos.
-...Es la foto de un pibe, un histérico, se la saqué en la plaza y se desquició... y para que no me arme bardo le prometí regalarle una copia... –dice Vera, mientras la separa y la guarda dentro de un sobre.
-Estoy haciendo el diseño de una campaña de perfumes de nenes... ¿no tenés alguna linda que darme para la prueba...?
Cada vez se siente más incómodo en su casa, no puede no mirar a su familia sin rencor... Las discusiones son constantes, eternas, agotadoras... ¡Tanto, que preferiría irse al bar! Pero esta noche, tiene franco. Cristian llega y, para colmo de males, está su mamá tomando mate con su ex novia... No la última, sino la anterior.
-Hijo, sentate con nosotras...
-Tengo que estudiar...
-¡No seas mal educado y saludá a Ana...! ¡Hace mucho que no se ven...!
-Hola, Ana. Y la vi el sábado, en el boliche; estaba dando un espectáculo lamentable...
Cuando llega su papá, la invita a quedarse a cenar... Si no fuera porque no le alcanza la guita, se largaría de esa casa de enfermos. Come apurado para irse rápido... Se acuesta, con el libro abierto, simulando prestarle atención...
-¿Se puede...? –pregunta Ana que ya está adentro de la habitación...
-¡Pasá tranquila...! –no la mira; no la puede ni ver...-. ¿Cómo te fue con Marcos?
-¡No paso nada. Fue para darte celos...!
Cristian levanta su vista inquisidora por encima del libro. Ella se acomoda a su lado en la cama.
-¿No habrá sido porque Carla te puso los puntos...? –y él se levanta.
-No, mi amor... ¡Ésa está loca, pero es otro tema...!
-Como quieras, tenés razón... –le dice-. ¡Ahora andate que necesito descansar...!
Se trata de un mediodía excepcional, brillante, aromatizado por las incipientes flores, luminoso... Si bien la advertencia de lluvias sigue latente, vale la pena salir y empaparse de este sol.
-Tomá, para que veas que cumplo... –y Vera le entrega el sobre-. El portarretrato te lo debo, me quedé sin un peso...
-No hace falta –inspecciona el contenido, repasa la imagen-. ¡Está buena...! ¡Hasta salí lindo!
-Me alegra que te guste... Ahora me voy antes de que se largue la tormenta; además, tengo un múltiple coche en el Distribuidor...
-Ya me diste la foto, así que significa que no te voy a volver a ver...
-Salvo que no quieras... –insinúa Vera.
-Trabajo en un bar, un día date una vuelta...
-¿Y, dónde queda...? –pregunta mientras se aleja cubriéndose la cabeza con su bolso para evitar mojarse con la lluvia más traicionera del mundo, la que llega con calor.
Como de costumbre, esos aguaceros duran poco, con gran intensidad pero luego siguen su camino... El que llega a su fin, cuando Vera cierra la puerta del departamento que comparte con su hermana.
-¡Qué sorpresa encontrarlos acá! –asegura-. Si van a salir, estén preparados porque media ciudad está inundada...
-Pensábamos quedarnos acá –le responde Jerónimo, el novio de Emma...
-¿Te molesta? –interviene ella.
-No... ¿Hay comida? –sí, le responden con la cabeza-. ¿Conocen un bar que se llama “El Barrio”?
-Más vale, Vera... –dice y se ríe por la pregunta-. Nena, ¿en qué mundo vivís...? Voy siempre a ese boliche... Mil veces te dije que fueras, que te iba a gustar... ¿Por qué lo preguntás?
-Porque el chico al que le saqué la foto en la plaza trabaja ahí...
-¿Cómo se llama, seguro que lo conozco?
-Cristian –inevitablemente, Emma desata sus carcajadas, burlándose de la situación, de su hermana, de sus desatenciones y hasta del mozo que va a caer presa de Vera...-. ¿Te suena?
-Nena, es re amigo mío y de Ariel también... –y aclara esto, porque su novio está en el baño; de lo contrario no se hubiera animado...
-Entonces un día me podés acompañar...
-Dale, vamos ahora... y tomamos unas cervezas.
-¿A dónde vamos? –pregunta Jerónimo desprevenido que vuelve a la cocina...
-A hacerle la gamba a mi hermanita...
-Vamos... –afirma sin preguntar más.
Ahí entran... Flor de sorpresa la que se lleva Cristian al ver a la fotógrafa junto a una habitual clienta como es Emma. Se ubican en una mesa pegada a la ventana.
-Bueno, bueno... –sigue asombrado.
-Somos hermanas, antes de que lo preguntes –avisa la mayor-. Y él es mi novio.
-¿Qué les traigo?
-Cerveza –todos juntos.
Más de lo necesario, Cristian se acerca a aquella mesa para cruzar palabras con esa chica que una tarde lo había desconcentrado en la plaza.
-La próxima vez, tenemos que charlar en un lugar más tranquilo... Se me complica un poco ir de acá para allá –señala.
En este momento, Emma y su pareja se retiran de “El Barrio”; casualmente, Ariel entra al bar... ¡Estamos todos...!
-¿A qué hora salís? –consulta Vera, mientras ve acercarse a su ex cuñado que saluda afectuosamente al mozo y extrañado a ella.
-¿Ése que estaba con tu hermana es el...? –le habla al oído.
-Sí.
Se sienta a su lado y empieza a preguntarle acerca de la actualidad amorosa de Emma, si está contenta, si el tipo es bueno y demás...
-...Porque yo la vi hace un tiempito, hablamos y me dijo que estaba enamorada de otro hombre... ¡Me mandó a la mierda!
-Sí, sabía... ¡Jodete, Ariel! ¿Qué querés que te diga?
-Bueno, ya estoy en libertad... –los interrumpe Cristian, ansioso por largarse del bar...
Lo que para algunos es un placer, para Cristian; estar en “El Barrio”, es un martirio... Por fin camina, esquivando baldosas flojas, con Vera rumbo al departamento de ella.
-Mi casa es el Borda; mi familia es un infierno... ¡Gracias a dios mi hermano Nicolás ya se mudó con la novia; por suerte para mí, porque para ella... –justifica su negativa de ir allá.
-No hay drama, vamos a la mía –dice segura de que Emma se fue a lo de Jerónimo...
-¿Hay alguna otra mujer con que la tenga que competir por vos...? –Vera que se sienta junto a él en el sillón.
-No, hay un cargo de conciencia, nada más...
-¿Hmm, por qué será que me suena que eso es más complicado...? ¿De qué se trata?
-...Hace un tiempo, salí con una chica que me gustaba, que quería... Pero en fin, la perdí por no haberme jugado por ella... ¡Fui demasiado cagón! –resume la historia, sin entrar en detalles.
-¿La extrañás?
-La extrañaba, ahora te conocí a vos... –Vera sonríe y se le acerca cada vez más...
-¿Querés recuperarla? ¿Tenés forma de arreglar las cuentas pendientes? –pregunta, insensata, sin temor a las respuestas...
-No, lo que me gustaría sí, es hablarle y pedirle disculpas por un par de cosas... Pero ya fue –dice antes de besarla.
-Si eso te ayuda a sacarte la culpa, hacelo...
-No tengo forma de localizarla, sé que dejó la ciudad, pero nada más...
-¡Ahh...! –murmura mientras lo acaricia.
-...Mi hermano Pablo, seguro sabe algo, pero no me lo diría...
Abrigados, sin necesidad, amanecen... Tras haberse consentido y mimado se despiden. Ahora cada uno sabe cómo encontrar al otro en caso de querer hacerlo. Vera es la primera en llamar a la casa de él...
Emma, que nunca le cuesta organizar festejos, prepara una cena para agasajar a Cristian por haber aprobado su examen...
Comen los cuatro que ríen, se emborrachan y disfrutan. En otro lado duermen ciertos fantasmas del pasado...
-Nos dejaron solitos... –exclama Cristian.
-Te tengo una sorpresa para vos –revisa dentro de su bolso, en su agenda. Saca un papel escrito. Empieza a desnudarse y vuelve hacia él... -¡Tomá...! –y se lo entrega.
-¿Qué es esto, Ve...? –pregunta e intenta sacarse la remera que se le atasca en la nuca... Ella termina el trabajo...
-Leelo...
-Es un número, ¿de qué es? –y la atrae hacia su cuerpo.
-Es el teléfono de Rosario, ¿así se llama, no?, la chica con la que tenés que resolver algunos temas... –sonríe, victoriosa, segura de sí misma, indecente e impúdica... Satisfecha por la labor cumplida.
-¿Cómo lo conseguiste...?
-Me costó bastante, así que espero que la llames...
La hoja queda sobre la mesita del sillón, lejos de ellos que ya están en la habitación teniendo sexo y riéndose de las mentiras que Vera le inventó a Pablo para convencerlo de que tenía que darle aquel número.

“Él sólo sentía los mensajes que le venían
de la mujer que tenía en los brazos, y los
que iban de él hacia ella, transmitidos,
tan solo por el tictac de la sangre”.
“mountolive”

Los congestionamientos siempre se producen en las mismas horas. Demoran su llegada. “¡Tengo tanto sueño!”.
“Hola”, grita al abrir la puerta, dejando por ahí la mochila cansada. Extraña que Galo no vaya a su encuentro. En su lugar, la recibe su cuñado Santiago, que vino a atenderlo mientras ella rendía un parcial imposible.
-Y, ¿cómo está el enfermo? –le pregunta porque, a parte es doctor.
-Tiene una gripe feroz... Busqué por toda la casa un termómetro...
-No tenemos –asegura-, nunca pensamos que nos podemos enfermar...
-Ahora ya le bajó, pero llegó a tener cuarenta grados. Le di para tomar unos antibióticos.
-¡Pobrecito! ¿Cuánto gastaste?
-Nada, dejate de joder... Hablé con mi vieja y dijo que en un rato viene a darte una mano. Me voy volando que llego tarde a la guardia. Mañana me doy otra vueltita... ¡Tenele paciencia que está insoportable...!
-...Desde anoche que está así...
Embobado la mira desde la cama transpirada, tapado hasta las orejas; hermoso. Lo besa, le pregunta cómo se siente, aunque eso está a la vista. Su suegra toca el timbre. Le prepara mate mientras ella se ocupa de su bebé.
Cuando vuelve a la habitación, lo mira feo al escuchar que la hace quedar como una bruja porque le asegura a su mamá que no le dio bola en ningún momento cuando él “se moría de la fiebre”.
-Es mentira –afirma Martina rápidamente.
-Te creo –reconoce, cómplice su suegra-. Acostumbrate Martina, los hombres de esta familia, cuando se enferman se portan como nenas... ¡Son todos unos maricones!
-Eso parece... Se pasó la noche entera quejándose, pidiendo que la llamara porque se moría... ¡Un maricón, como usted dijo!
-Por lo general me decís que soy otra cosa... –se defiende y parece que está mejor-. ¿Cómo te fue con tu examen?
-No sé, estaba re dormida...
-Pobre, la volví loca, no la dejé pegar un ojo... –le cuenta a su mamá antes de que se pusiera a prepararle una sopa.
-¿Vos está enfermo o estás buscando que te mimemos?
-¿No te contó Santiago la temperatura que tuve? –y lo besa para disculparse por ser tan mal pensada.
-Gracias por cuidarme... –le dice tierno.
-Es mi obligación.
-¿Solamente porque un papel dice que soy tu marido...? –ahora desilusionado.
-No, tonto, porque te amo...
La despierta el timbre, se ve que se quedó dormida y antes de abrir la puerta, termina de explorar el mapa de Galo, cada centímetro de toda su extensión. La suegra y Santiago otra vez que, lejos de ser molestos, son de gran ayuda.
-Y, ¿cómo va todo?
-Me parece que ahora la que está jodida soy yo... –refriega sus ojos y ella apoya su mano sobre su frente.
-¡Tenés fiebre! –sentencia mejor que cualquier médico y la manda a la cama con la promesa de prepararle un té.
-¿Qué pasó? –se despierta Galo.
-Estoy enferma...
-Te dije que te iba a contagiar...
-¡Qué panorama más lamentable! –diagnostica Santiago, burlándose de ellos que lo miran y sonríen con pocas ganas-. Sí, tenés fiebre –confirma con el termómetro-. ¿Y vos, nene, cómo estás?
-Muerto... –exagera, claro...
Pasan las siguientes horas en la cama, durmiendo abrazados la mayor parte del tiempo, al cuidado de su mamá... Los acompaña, Eribea, su gata.
Al igual que los próximos cuatro días, siguen entre molestos estornudos y tibias caricias. La transpiración de la fiebre inunda la cama, por más que cambien las sábanas, vuelven a empaparse al ratito.
Sus escalofríos; siempre sincronizados, delatan que son una pareja perfecta... ¡Hasta ven un torneo de tenis...! ¡Dios mío, están agonizando!
Las mini vacaciones forzadas ya la están trastornando. Se harta de estar tanto tiempo acostada, aunque sea lo más recomendable...
La madre de él se despide, recordándoles que la pueden llamar a cualquier hora en caso de necesitar algo. Saluda a su bebé que vuelve a quedar bajo las garras de esa arpía... Martina no toma la sopa, le va a salir por las orejas; pero como la preparó su mamita, Galo hace un último esfuerzo para tragarla.
-¿Cómo estás, Martina?
-Hmm, harta, aburridísima...
-Yo ya me siento mejor, ¿vos no? –insiste en preguntar, deseoso, provocativo...
-¡Galo, no te conocía esa sonrisa tan picarona...!
-¿No hay un beso para mí?
-¡Todos los besos son para vos!
-¡Dámelos, entonces, estoy esperando!

“No aprendes nada de quienes retribuyen nuestros amor”.
“clea”

-¡...Corten! ¡No, Teodora, no, así no es! ¿En qué habíamos quedado, nena? –grita, enloquecido Pablo.
-Si querés que actúe bien, llamame Teo, escuchaste...
-En mi planilla figurás como Teodora –insiste el director.
-¡Basta, no repitas más ese nombre...! –enojadísima la actriz.
-Bueno, vamos una vez más. Por favor, pónganle ganas... esto es muy importante, tenemos poco tiempo para la grabación... –interviene Joaquín, el otro responsable del trabajo.

ÉL: ¿Te puedo preguntar algo...? ¿Qué te había pasado esa mañana como para que reaccionaras de tan mala manera conmigo?
ELLA: (sonríe): Me echaron del trabajo. Atendía un negocio de ropa y me cansé de la estúpida encargada que me mandoneaba y maltrataba. Le agarré el cuello con las dos manos y la empuje contra la pared. La idiota apenas sabía leer y escribir pero me daba órdenes a mí... Me di por despedida.

-¡No, corten, corten! –otra vez los alaridos de Pablo-. ¡Querida, quiero distinción, misterio... y me estás haciendo un cachivache!
-¿Se puede saber quién escribió esta historia de porquería? –se queja.
-Yo –le dice con una sonrisa artificial el director.
-¡Es tan poco creíble...! –discute Teo.
-Es ficción, no un documental...
-¿A quién te comiste, estúpido, a Tarantino? –chilla ella.
Herido, no está dispuesto a que una actrizucha lo humille. Claro, hace dos días que él no hace más que insultar a la joven que participa en el corto que la Facultad de Cine le exige para aprobar el año. Por suerte para todos, junto a Pablo, está Joaquín que, a modo de productor y técnico, apacigua los ánimos. Eso intenta...
-¿Vos sos actriz, nena?
-Estoy estudiando –responde tímida, molesta-. ¡Conformate con lo que hay, flaco! ¡Si no vas a pagar ni un peso...!
Hasta las dos de la tarde repitieron aquella y otras escenas más. Exhaustos, aburridos de interpretar lo mismo, almuerzan sánguches y una coca. Acurrucada, ofendida, en un sucio rincón de la casa que sirve de locación, está Teo.
-Susan Sarandon, acá tiene su comida... –se burla y le entrega la vianda.
Ella no le responde, no tiene tiempo porque ni bien termina de hablar, Pablo sale disparado a discutir con su colega.
-¡Necesitamos una bici destartalada...! –le sugiere el otro.
-Y también un auto... –siempre a los gritos.
-¡Calmate, Pablo! ¿Te la creíste? ¿Qué te pasa, si vos nos sos así? ¿No ves que no ganás nada tratando a la gente de esta manera? –se acercan los actores.
-Yo tengo el mío –ella ofrece su Fiat-, anda bastante mal, da un poco de lástima... Le pide permiso al viento para avanzar... Siempre se llega más rápido caminando, pero sirve para otras cosas...
-Me imagino –agradece con su calma-. Pero estoy buscando uno más nuevo... ¡Bueno, seguimos...! ¡Vamos con la escena de la mañana siguiente!

ELLA: (desayuna preocupada): sí el examen, la pensión, la familia que desde lejos se desloma para que yo esté bien, el trabajo que no tengo. En fin, me preocupo por mí...

-¡Dios mío, tengo que calmarme! –se repite bajito, el director-. Cuando después dice que rechaza con furia, es furia, no eso... ¿Vos sos actriz o modelo? –Teo, agotada de las escenas y del maltrato, no responde. Se le acerca...-. ¡Teodora, no tenés que venir a moverme el culo, no es un casting para conseguir un papel; es un corto para la facultad! ¡Así que actuá bien! –aúlla tanto que está colorado.
-¡Qué ordinario que sos...! ¡Estoy haciendo lo mejor que puedo, loco de mierda! –reacciona, al borde del llanto. Se cambia de ropa y deja la casa.
-Mañana seguimos... –se resigna el productor-. Y vos, calmate, sí... –a Pablo-. Para mañana tenés la bicicleta y el auto. Tenemos que grabar los exteriores... Chau, tranquilizate, querés... –y Joaquín lo deja, hablando y pensando solo.
Acomoda las cámaras en los estuches, desenchufa las últimas luces, asegura las puertas y da dos vueltas de llave. Es el último en dejar el lugar. Es consciente de que no está comportándose correctamente, pero tampoco lo puede evitar... ¡Hace cinco días que piensa día y noche en este trabajo; de día haciéndolo y de noche soñando con cada toma!.
El sol de los primeros días de diciembre lo podría haber encontrado en cualquier lugar... pero no, está encerrado con un actor bastante malo y Teo que... está sentada en su auto, todavía no se fue... Se le acerca, parece que estuvo llorando, no está seguro.
-¿Puedo un minuto? –pregunta al golpear suavemente con los nudillos la ventanilla. Da la vuelta hasta el lugar del acompañante. Ella le abre la puerta.
-Teo, te debo una disculpa...
-No hace falta, total, yo acá no vuelvo más...
-¡No, cómo vas a hacer eso!
-¡Si no te gusta como actúo!
-No, no es cierto... Estoy un poco nervioso, nada más...
-Por mucho menos, a otro tipo ya le hubiera encajado una cachetada. No tenés derecho a hablarme así... –y vuelve a lagrimear, como una nena-. Vos tenés un problema conmigo, buscate otra actriz...
-No llores... –amaga con abrazarla, se contiene.
-¡Sos muy agresivo!
-¡Tengo una idea, vamos a un café que conozco y seguimos charlando del tema, así civilizadamente...! Agarrá a la derecha... –le indica el camino.
El bar donde trabaja su hermano... Sólo espera que esté él porque no tiene un mango. Sus pedidos fueron escuchados, es precisamente Cristian quien los atiende.
-¡Qué sorpresa!
-Teo, él es mi hermano; ella es la protagonista de mi corto –habla con un tono desconocido para la joven.
-¿Y, qué tal es como director? –hace la pregunta justa...
-Un desastre –contesta categóricamente.
Hablan sobre el texto, cambian opiniones sobre ciertos diálogos forzados... El inconveniente del vestuario de abrigo cuando estamos en pleno diciembre. La cara de ella que da bien a la cámara... Su trauma con el nombre Teodora... De los proyectos, de los que Pablo está lleno.
-¿Me vas a disculpar? ¿Alcanza, con esto? –se sincera él-. ¿Vas a seguir actuando con nosotros?
-No sé, necesito la noche para pensarlo bien...
-Bueno, fijate... ¡Mañana te espero tempranito! –le dice como si nada. No deja que Teo pague y la ve marcharse.
El siguiente día de grabación los espera con una rutina extenuante, igual que ayer. “Encima ella que no llega... No va a venir”, piensa Pablo, arrepentido de su actitud.
-Ahí llegó la señorita Bergman... –pronuncia aliviado, con un matiz en la voz mucho más cálido, hasta amigable-. ¡Dejen pasar a nuestra diva!
-Buen día... –saluda, casi sonriente.
-¿Estamos listos? –participa el productor...-. ¡Vayan a cambiarse...!

ÉL: ... sí.
ELLA: y cuando se casaron, estabas enamorado de ella, o el cariño vino después.
ÉL: No me acuerdo...

-¡Queda! –el director indica a los gritos, esta vez de satisfacción... Atiende su viejo teléfono celular...
“Hola... ¿cómo me dijiste que te llamás...? ¿Vera, y te conozco? ¡Ah, ya me parecía...! ¿De dónde sacaste el número? Mirá, ahora estoy ocupado, te pido que me llames a la noche a mi casa, ¿puede ser...?”, y corta para seguir trabajando.
El clima de la tarde favorece a las escenas de exteriores, se van para la plaza a seguir grabando... La bicicleta es perfecta, tan destruida como tiene que ser... Así se pasan las horas, entre mates, risas y retomas...
-Vamos a tomar un recreo, señor, señorita... se merecen un descanso...
-Pablo, nos quedan las partes en la puerta de la facultad, las del restaurante, y las del auto... –le recuerda Joaquín.
-¿Pudiste conseguirlo?
-Mi viejo está duro, pero para mañana lo convenzo...
A la noche, Pablo vuelve a recibir el llamado de aquella chica que no conoce y que necesita saber algo de Rosario... También el de Teo. Se ve que estuvo leyendo el libreto y encontró algunos puntos que la confunden... La conversación termina cuando ella le propone que vaya para su casa.
-Me parece que no sos tan malo... –le alcanza una latita de cerveza helada, ideal para esta época...
-Gracias, Teodora...
-¿Otra vez con lo mismo...?
-Fue apropósito, un chiste nomás, no te enojes... –y la inspecciona, piensa que es tan linda... tan llena de orgullo...-. Te escucho, ¿qué parte no te convence de la historia? –pregunta casi sabiendo la respuesta...-. ¡Ah, pero esto no está en el guión...! ¡Mi película no es pornográfica!

“Si no puedes gozar con el que tienes a
mano, pues... cierra los ojos e imagina que
estás con el que no has podido conseguir”.
“balthazar”

Todavía le faltan tres meses para cumplir los cuarenta. Tiene un hijo medio genio, algo loco; que la asusta cuando habla. Está casada con un hombre al que no le conoce la sonrisa y que le es infiel. Además de esto, es maestra... Después, algunos le preguntan por qué es así de nerviosa.
Se acostumbró a escuchar de la boca de Tomás, su nene, preguntas como: “¿cuándo fue que dejaron de ser felices, má...? ¿Fue cuando crecieron, no?”.
Por las mañana se aleja de la locura de su familia para enclaustrarse en la jungla de la escuela primaria en la que trabaja. Cuando sale al mediodía, está hecha una tecla, desafinada y descompuesta, incapaz de dar la nota correcta.
De su marido, ¿qué se puede decir de él? Nada... No, sí, algo sí hay para decir: es triste. Sólo a veces, los jueves, se le nota en la cara un leve gesto... Eso quiere decir que está contento. “¡Dios mío! Yo ando todo el día de acá para allá, histérica para que el señor se revuelque, cada jueves, con alguna...”. El imbécil se cree que ella no se da cuenta... La verdad es que a esta altura Víctor es para ella como un adorno, igual los cuernos que le pone...
Hoy tiene un día ideal para que a las diez de la noche a alguien se le ocurra preguntarle por qué está tan alterada... Todavía no salió de la escuela y está harta... Sus alumnos no entienden lo que les explica por... ésta, es la cuarta vez, a lo mejor, ellos no tienen la culpa...
Tiene que ir a buscar a Tomás a su colegio, preparar el almuerzo; después llevarlo a la psicóloga, hacer tiempo hasta que salga. Además hay que hacer las compras para cena de esta noche porque van unos amigos a comer... Aunque está bien, eso se lo banca, porque fue ella la que los invitó. Para colmo de males, ¿hoy, qué día puede ser...? Sí, jueves... ¿cómo adivinaron? “Dentro de unas horas mi marido va a entrar a un hotel alojamiento con otra... Pero trato de no exaltarme más de lo que corresponde. Me tomo un analgésico, en cualquier momento me va empezar a doler la espalda, el cuello, la cabeza...”.
Tomás debe odiarla... ¿qué clase de madre prepara de almorzar panchos cada dos por tres? Íntimamente espera no ser la única... Salen volando para la terapia... “¿Cómo se hicieron tan rápido las dos de la tarde?”. Se le pasa el día volando y no logra terminar nada de lo que tiene planeado. Caminan casi al ritmo de los autos. Lo agarra fuerte de la mano para ir más rápido. “Encima, me discute sobre la hora... El mocoso me porfía que vi mal el reloj...”.
¡Y lo más triste es que es cierto! Es la una y no las dos. Se queda un rato con él sentada en la sala de espera hasta que se va a caminar, a hacer tiempo... Sabe que se le va a hacer eterna la hora...
Recorre las calles, trastornada sin mirar donde pisa... tanto, que se choca con la gente.
-¡Celina! ¿No me reconocés? –le dice un hombre y trata de orientar sus ojos prácticamente desencajados.
-¿Ricardo? –duda.
-Sí, cómo andás, tanto tiempo...
-Un poco loca, paseando hasta tener que ir a buscar a mi hijo... –apurado, no la deja terminar la frase.
-¿Te casaste, tenés un nene? Bueno, vamos a tomar un café para ponernos al día...
“¡Ricardo! Lo que me faltaba...”. Un novio que tuvo hasta que la dejó por otra... Respira al darse cuenta de que a él también lo atropellaron los años. Entran a un bar, charlan de todas las cosas que les pasaron... Su matrimonio, no le cuenta que es cornuda, sí sobre su hijo que dentro de poco va a cumplir once. El trabajo, infernal... Él, por su parte, habla también de sus alumnos, de la literatura, de sus intentos desesperados por ser escritor. Le informa de su divorcio (de aquella por la que la dejó), de su último romance y de sus tres hijos ya creciditos... Pero como siempre sucede, cuando uno la pasa bien, se tiene que ir, y se va asegurándole que cualquier día lo llama para volver a charlar, esta vez, con más tiempo, más tranquilos... “Sigue estando lindo, el Ricky...”.
Llega tarde, Tomás la está esperando en la sala que para eso está... Se van para la casa, lo invita a tomar un helado...
-¡Má, no me gustan! –le responde el ridículo...
Entonces, lo lleva al kiosco y le compra toda clase de golosinas. La ayuda a decidirse qué preparar de cenar, hacen las compras y caminan sin agarrarle la mano... Miran vidrieras, “¡qué cosas bonitas que hay! Un día de estos, voy a gastar un sueldo íntegro en boludeces para mí... ¡Y Víctor, que se cague!”.
Empieza a pelar las papas, en un rato van a llegar Oscar y Marta. Su marido, en este momento debe estar cogiendo con la otra.
-¡Qué raro que no haya llegado Víctor, todavía! –le dice su amiga...
-¡Olvidate...! –le contesta-, hoy es jueves... es el día que se dedica a él... Va al gimnasio, se encuentra con amigos... –le miente para no tener que reconocerle que la avergüenza que el hijo de puta sea tan poco discreto...
Hasta que el señor llega, por fin... “¡Qué raro, ni siquiera tiene esa mueca de placer!. Bueno, problema de él, que se joda si no se le paró...”.
Cenan... La verdad es que la comida le salió deliciosa. Se va a preparar el café pensando en el que tomó por la tarde... No puede creer que aún no le hayan dicho que está muy nerviosa, que se tranquilice... En realidad, no lo hacen porque no se comporta como una histérica, “si ni quemé la cena...”.
Víctor le propone al nene llevarlo a la cancha... El muy descarado no sabe que a Tomás no le gusta el fútbol... Él solamente quiere crecer sin olvidarse de cómo ser feliz; reírse, tan natural como lo hace ahora; disfrutar por todo lo que ellos no lo hacen. Después, su hijo se va a dormir, exhausto de verlos fingir.
Los invitados se marchan y se quedan de frente sin decirse nada... Pero, la verdad es que Celina no aguanta seguir callada mientras...
-¿Qué te paso que tenés peor cara que de costumbre? –le pregunta suavemente, irónica.
-Nada en especial –le miente.
-¿Te peleaste con tu amante? –dispara para nada sutil.
“Por lo menos que se dé cuenta de que no soy tan tarada, de que sé que cada jueves se encama con otra... Que ni siquiera sabe mentir...”.
-¿Qué decís? ¿De dónde sacaste que...? –pero se mete en el baño, lo deja hablando solo... El día menos pensado se va a animar a pedirle el divorcio.
Para cuando sale, ya está acostado, haciéndose el dormido. Se siente agotada, no histérica; sencillamente cansada... Se recuesta y va convenciéndose de que no tendría nada de malo si mañana lo llama a Ricardo.




Proximamente continua en otra entrega.....