miércoles, 19 de agosto de 2009

sueños prestados 2ª parte


segunda parte:
sueños comunes





“Temía que la realidad vulgar y sangrienta
de aquel mundo en guerra pudiese infectar,
envenenar nuestras caricias”.
“clea”

En las mañanas frías, como ésta, alguien sensato debería decretar que madrugar es un delito. Así amaneció, con viento, temperaturas muy bajas para este lado del mundo y amenazando con llover. Después lo supieron, el clima no sería lo único que los iba a intimidar. Lisandra deja sonar el reloj a pesar de que ya está despierta, viéndolo dormir, “tal vez estés soñando con otra o, simplemente, engañándote con que nunca van a llegar a ser las siete”. Pero se trata de algo que no pueden controlar... y la alarma suena puntualmente.
Como suele suceder, en invierno, el gas se hace rogar, por eso el agua para el mate demora en calentarse. El cigarrillo que comparten cada mañana espera a que ella salga del baño. Si bien no toman el mismo micro, la parada queda en la misma esquina. “¡No puedo entender por qué la rutina siempre se repite!”, se lamenta mentalmente ella. Pero hasta a esto uno se acostumbra... A menos, se trata de una cotidianidad mejor que cuando no tenía a Gabino a su lado...
Ella se baja en el diario, donde sabe que la va a estar esperando el jefe de redacción para señalarle de qué se tiene que ocupar especialmente. En este momento Gabino debe estar entrando en la facultad donde, por lo menos treinta personas, ruegan porque hoy no llegue.
Las informaciones también se reiteran, tal vez todo empeore cada día. A lo mejor el mundo se deshaga, reviente entre guerras y atentados; invasiones repudiadas y más muertes... Quizás terminen por habituarse, quién sabe... Probablemente él no lo logre, Lisandra lo sabe porque a Gabino no le gusta escucharla hablar así, con esta especie de desánimo y conformismo. “Vos no sos como yo que estoy vacunada contra el mundo, inmunizada”.
Se pasa las horas entre cables de noticias que anuncian catástrofes y canales de televisión que tienen el último momento. Va de la computadora que funciona mal al teléfono que siempre interrumpe. Como cuando están juntos y Gabino le pide, le suplica que lo apague.
Las novedades que llegan a su redacción son aterradoras... Si no fuera porque se amolda a todo, saldría corriendo a buscarlo, entraría al aula, buscaría sus labios y lo secuestraría. Eso sí, no habría pedido de rescate. Pero ya lo dije, hay gente que se acostumbra hasta de lo peor. Ya le resultan familiares los nombres de diversas nacionalidades de los que hablan las noticias, conoce las especificidades de todo tipo de armamento, las cifras de muertos que aumentan cada vez y las mentiras oficiales. Es un espanto: la realidad y su naturalidad.
Ella, con algunos compañeros, mientras esperan volver al trabajo, pican algo en el bar que tanto le gusta a él: “El Barrio”. Con ese nombre es inevitable que alguien no se sienta como en casa; ésa, la sus nuestros padres, donde siempre huele a torta de chocolate, el sitio adonde más de una vez quisieron regresar. Por estos días no vendría nada mal, la seguridad del hogar, ese puerto que fueron las brazos de una madre... “Los mismos que en este momento entierran, en alguna ciudad con un nombre impronunciable, a un niño víctima de un misil o una peste más que evitable”, piensa y se dice que al fin y al cabo, no es tan insensible. De verdad que no lo es, pero es más fácil adaptarse, se sufre menos...
Las tardes de Gabino podrían ser más entretenidas que las de ella porque ya terminó su trabajo. Es probable que las pase especulando con otra mujer o intentando empezar a escribir el mismo libro cada día. Es tenaz, como las esperanzas, estoy segura de que cuando menos se lo espere, lo va a terminar y se le va a aparecer a Lisandra con sus papeles desordenados, todos borroneados y se lo va a leer. La verdad es que no sé porqué se dedica al periodismo si lo que en realidad desea es ser escritor. Recuerdo que una vez se lo explicó a ella, pero nadie lo escuchó...
Él no se va a acomodar nunca a este mundo... Siempre se pelean y ella le dice que “es porque sos menos inteligente que yo”, pero eso no es cierto. Está convencido de que un día la vida va a estar por encima de cualquier otra cosa, ilusionándose de que es posible que las plazas nunca queden vacías de chicos ni de enamorados y... tantas cosas que suenan algo cursi. Por lo pronto a veces consigue que Lisandra se sienta mejor persona.
Escribe sus artículos pero se imagina entrando al departamento, él ya está ahí, impaciente, leyendo o escribiendo, pensando en ella o en otra... Creyendo que vive lejos de guerras inútiles, conmoviéndose con las caras de un grupo de nenes que juegan a la pelota, sin miedo, en el parque. Divagando acerca de un futuro cargado de sonrisas y manos que plantan árboles.
Ella no sueña mucho, cuando abre los ojos nunca recuerda lo que pasó en la noche de su mente y despierta... no, despierta tampoco, lleva demasiado esfuerzo. Pero sí imagina, para eso es buena, pero no piensa escribir en sus noticias lo que su cabeza está fantaseando en este momento...
Finalmente, cuando llega a casa, el gato hace una fiesta, expresivo como pocas personas, exige su comida que Gabino no le dio porque no le tiene paciencia. Y a él, lo ve ahí sentado rodeado de papeles inservibles, abatido, desanimado o simplemente cansado.
-¿Qué pasa Gabino, hoy tampoco pudiste empezar tu libro...? ¡No ves que sos un desastre! –se burla y busca roña.
-Callate, no pelees, vos trabajás en un diario pero por lo visto no lees las noticias... –pronuncia abrumado.
-Mi amor, yo escribo las noticias que vos lees –insiste en la disputa.
-Entonces, explicame ese aire de triunfo que tenés en la cara porque el mundo está estallando y vos como si vieras Video Match... –dispara y se siente tocada.
-Sabés que no me gusta ese programa. Además, qué querés que haga, no tengo tiempo para compungirme por lo que le pasa al mundo, con mi vida y con vos. “cariñito”, tengo bastante... –le explica encarnizada, mala.
-Lisandra, llamó Esperanza para que nos juntemos a comer... –cambia de tema.
-Después le hablo y arreglamos, hoy no tengo ganas de salir, estoy muy agotada... Además, viendo tu ánimo, cenar con tu hermana sería como propiciar un suicidio en masa...
Se le queda mirándola con rabia, resentido por sus palabras. Por su parte, a Lisandra la enternece cuando se defiende de sus ataques. Sabe que le molestó que dijera lo del libro, igual, no es lo que piensa...
Comen hamburguesas, para no estar tan alejados de la civilización. Gabino quiere ver una película por octava vez, se nota que le gustó mucho... Ella prefiere el partido de Boca, pero no insiste porque se trata de un amistoso con un equipo mexicano que poco le interesa, y además, se siente culpable por haberlo camorreado; sabe que no se lo merece... “Un día de estos me vas a encontrar la vuelta, te vas dar cuenta de lo mucho que me divierte pelearte, porque te jode”, analiza. “Y entonces, vas a ser vos quien busque lío, me ignores o me dejes hablando sola. Mejor eso último no lo hagas, me molestaría demasiado”.
En la película, en ningún momento el protagonista dice que el mundo se derrumba y... De todas maneras, el planeta se inflama, se desmorona y ellos se aman... Ella se da cuenta de que no le presta atención al tele, se queda pensando en la insignificante discusión. “Tal vez comprendas que éste no es un lugar seguro para que viva un niño, el que todavía no tenemos. Quizás medites con realidades más justas, todo lo imposible...”. Es que le toca soñar por los dos y hay que reconocer que debe ser extenuante. Lo observa y espera que sea con ella en quien piensa. Lo besa, para que si por una de esas, especula con otra, se arrepienta. Le gustaría leer su mente, sin embargo se conforma con lo que tiene, podría resultar ser aburrido... Él también tendría que aprender a aceptar algunas cosas tal como son y quedarse tranquilo, sin torturarse, darse un respiro... “Porque si de nosotros dependiera, las únicas guerras serían las nuestras y la bomba, sólo sería el sobrenombre de una cantante tucumana... (ja, ja)”. Este chiste, aunque en verdad no lo sea, no se lo dice porque le parecería una estupidez, una chiquilinada más...
-¿De qué te reís...? Ves que sos una loca que se ríe sola... –interrumpe su universo de ideas...
No se lo cuenta, probablemente, insulte su inteligencia, quizás ni siquiera sepa quién es esa mujer. Pero no puede parar, cuanto más piensa más gracia le causa...
-Pará de reírte o contame por lo menos...
-Es una boludez de las mías...
-Una costumbre, querrás decir, Lisandrita.
Ups, eso duele... Ahí van de nuevo. Tiene que pensar bien lo que va a decir, no se va a quedar atrás, siempre le gusta estar a la altura de las circunstancias...
-Pensaba en un chiste que me contaron, que no vas a entender porque no te da la cabeza...
-¿Y quién es el genio, el superdotado que te lo contó...?
-Genio no es, pero superdo... –no consigue terminar la frase por culpa de una nueva carcajada.
No lo puede evitar, encima, se la deja picando... Evidentemente le molesta, porque la echa de sus brazos y se va hasta la estufa, enfurecido... parece que no es tan inteligente.
-¡No ves que no se puede hablar con vos, sos una pelotuda...!
Quiere seguir riendo pero se contiene al ver su cara intimidante, rabiosa. A parte le parece lo más correcto que sea ella quien ponga fin a la amena conversación (ja, ja).
-¿No hay un lugarcito para mí en esta estufa?
-No, rajá de acá...
-Dale, no te enojes, ves que no tenés humor...
-No, humor tengo, pero no me causan gracias esas estupideces –eso y decirle en la cara deficiente es lo mismo...
-Basta, ¿sí? Estuve trabajando todo el día y estoy agotada, no peleemos más.
-No sé de qué, tu trabajo lo podría hacer cualquiera, un estudiante de secundaria, hasta el más cuadrado –indudablemente con ella aprendió a discutir...
-Sí, cualquiera, un alumno tuyo, sin ir más lejos, ¿o no sos vos el que da clases de periodismo...? –se combustiona, esto va a terminar mal-. Pero basta ¿sí?, dame un beso y no seas malo que para eso estoy yo.
-¡Basta nada...! Yo enseño a hacer periodismo, no propaganda...
-¡Conchudo!
-¡Mirá las cosas que me hacés decir...!
-Estás aprendiendo...
Y se amigan de la manera que mejor saben hacerlo, después Gabino se duerme abrazado a ella, como les gusta. Lisandra se queda despierta un rato más, prende el tele sin volumen para ver cómo salió el partido de Boca. Espera que él no esté soñando con otra, sí con un futuro en paz, con flores y caricias como siempre dice, con armisticios y niños que ríen a carcajadas... “Eso me lo banco; pero con otra no... al menos, espero que no me lo digas...”.
A ella le pasa que cuánto más cansada está, más tarda en pegar los ojos. El agua que choca contra los árboles secos lo arrulla, a ella no... Se asegura de haber prendido el despertador, no sea cosa que... Tiene que hacer un esfuerzo para dormirse mientras muchos confunden una luz con un misil y llueve en este lado del mundo.


“Ella clavó sus ojos en los míos largo
rato y luego lanzó una risita larga”.
“balthazar”

-¡No sabés cómo me gustás, Emma! –le dice mientras besa su cuello y hubiera sido perfecto si ella se llamase Emma.
-No, si algo me faltaba para convencerme de que sos un forro, era esto –se la ve furiosa como nunca.
-Pero mi amor, si no es para tanto... –insiste Ariel, para minimizar el episodio-. Fue una equivocación, nada más...
-¡Claro que la pifiaste! ¡Flor de error el tuyo...! –grita y se aleja del cuerpo de su novio.
-Estás haciendo un escándalo de una pavada...
-¡Sos un cínico! Abrís la boca y me mentís... No sabés jugar sin hacer trampas... ¡Te merecés que te diga que sos un reverendo hijo de puta!... –mientras le revolea los almohadones del sillón.
-Bueno... Mirá, si te molestó, si te ofendiste con lo que dije, perdoname... que no es para tanto, che... –intenta acercarse. Tanto, que ella le encaja un sopapo memorable; tan bien dado...
-¡Estás loca! ¡Todo porque te dije otro nombre!
-La locura es tuya, Ariel, no mía... A mí, no me vas a confundir...
-Está bien, cortémosla, ¿sí...? –la atrae hacia él-. No voy a volver a perdiste disculpas... –ella vuelve a tomar distancia.
-Sos un enfermo... –determina-. Si no te la podés sacar de la cabeza... ¡A mí no me jodas más...!
-No es eso, mi amor... es cierto que fue una historia muy fuerte en mi vida... Pero...
-Por eso lo único que hacés es hablarme de ella... –lo interrumpe, no le interesan las explicaciones, sus mentiras-. Siempre me tirás una indirecta, un palazo... que Emma esto, que ella lo otro... ¡Continuamente me estás recordando lo genial que era! ¡Todo el tiempo me estás comparando... No con tu madre, como lo hacen todos los tipos, es con tu ex novia!
-Oíme, ya te estás yendo de mambo... ¡No te des manija, querés! Con Emma ya no pasa nada...
-Y conmigo tampoco... –le replica.
-¿Qué decís?
-...Que si cuando me besás me vas a decir su nombre... lo nuestro no tiene mucho sentido que digamos... Siempre creíste que ella es la mujer de tu vida... Pero sos un cagón y me jodés la vida a mí... ¡Me sacás las ganas de estar juntos!
-¡Por favor, lo de Emma ya pasó!
-¡Estoy harta de que me hables de ella! –y se queda callada, supongo que piensa...-. ¿Es más linda que yo? –pero Ariel no le responde. De hecho, no es una cuestión de belleza, él se está dando cuenta de que extraña su antigua realidad. La inteligencia de aquella otra mujer, su alegría, la frescura; la ama a pesar de llevar separados muchos meses. ¡El tiempo más largo...!
-¡Mirame cuando te hablo, basura! –ella grita con la intención de provocar alguna reacción-. ¡Me tenés podrida! ¡Ya no soporto ni al sucio de tu perro!
-¡No te voy a permitir que me sigas insultando!
-Me vas a escuchar todo lo necesario, forro... Ves pasar tu vida sentado en una platea de lujo... –está dispuesta a seguir, aunque ello atente en su contra-. Si es a ella a quien amás, si la seguís queriendo, andá a buscarla, boludo... ¡Pero a mí no me uses!
-¡Qué decís...! Yo te adoro a vos, necesito que estemos juntos...
-¡Basta, ya no tenés que mentirme! –y se relaja... No hay vuelta atrás-. Me juego la cabeza que siempre sos vos el que termina las relaciones –dice calmada-. Por eso estás tan molesto conmigo... ¿Vos la dejaste a ella? –cree escuchar un sí, suave y dolido-. ¡Sos un estúpido; te cagaste la vida! –sentencia, mientras sonríe levemente.

“Mi problema es que la mujer a quien amé
me dio una satisfacción perfecta que jamás
tuvo nada que ver con su propia felicidad”.
“justine”

Maneja, rumbo al departamento de Zoe. Está reventado después de haber oído tantas horas a sus pacientes...
¡Tan ansioso por llegar a ella y resguardarse en su cuerpo...!
La notó rarísima por la mañana... Más angustiada de lo habitual, seria, pero igualmente dulce.
Conduce, distraído, especulando sobre el tema tan importante del que quiere que hablen. Sabe que no está pasando por su mejor momento, y está seguro porque él la conoció cuando era feliz... Tan alegre y luchadora; más joven y linda que ahora...
Abre la puerta y la encuentra sentada frente al piano, tomando mate y haciendo bollitos de papeles... Se acerca a sus brazos, la besa y tibiamente, Zoe se aleja para calentar el agua.
Definitivamente algo le pasa, más allá de su tragedia crónica... Tiene la sensación de que si fuera por ella, nunca empezarían a hablar...
-¿Componías? –le pregunta por fin...
-No, tocaba algo, para no perder el hábito... –responde dolida, derrotada, resignada a tomar su profesión como un hobby y nada más.
-¿No me vas a decir de lo que hoy temprano querías que hablemos? –se arriesga, se prepara para lo peor.
-Sí, es cierto, te pedí que vinieras porque tengo algo muy serio que decirte... –le ofrece un mate que Gerardo disfruta como si fuera vino-. Es sobre nosotros. No te va a gustar...
-¡Zoe, hablá de una vez!
-Quiero que terminemos... Estoy enamorada de otro tipo... –anuncia, pronunciando cada letra; impune y criminal.
-...Y se supone que yo te tengo que creer...
-Y, sí... ¿Te sentís tan especial como para que no te meta los cuernos?... –sigue hablando y cebando mate como una idiota-. Estoy siendo sincera con vos... ¡Agradecelo!
-Muchas gracias, mi amor...
-¡Escuchame y creeme...! ¡Bancate lo que digo!
-Está bien... Ahora decime la verdad, porque lo que acabás de escupir no es cierto...
-¡Dejá de analizarme que no soy una de tus pacientes...! –se enfurece y abandona su voz pausada.
-¡Zoe, dejate de joder...! Si hay algo de lo estoy seguro es que vos sos una mina con códigos, leal. No te creo que me engañes con otro...
-Ser leal no tiene nada que ver con la fidelidad... –intenta serenarse.
-Pero si me esquivás la mirada, estás mintiendo... ¿no ves? –se acerca a ella, busca su boca que lo rechaza-. ¿A quién querés engañar? –toma aliento y fuerza para lo que viene-. Zoe, si querés que cortemos, ok, pero por lo menos decime la verdad de lo que pasa...
Sólo ella toma los mates, que ceba uno tras otro, para no prestarle atención. Realmente, él no puede entender qué bicho le picó... “Hace bastante tiempo que está extraña, confundida; pero no como para que ahora me salga con un martes 13...”, analiza veloz, mentalmente.
-Confiá en mí... –le asegura, calmo-. ¿Qué es lo que te pasa, amor?
-Pasa que no soporto que no puedas ser feliz por mi culpa... ¡No te das cuenta de que no te dejo disfrutar de la vida! –vomita por fin su angustia...
-Entonces, te molesta que me vaya bien... –le grita, ingrato.
-¡No, me jode que me vaya mal a mí...! –confiesa vencida y llena de congoja...
-¿Es una cuestión de principios o caprichos? –sigue hiriéndola...
-No entendés nada... Tus urgencias no son las mismas que las mías... ¡Date cuenta de que yo no soy para vos...! ¡Te libero! –se resigna.
-La que no razona sos vos... –piensa y trata de ser menos cruel; no lo consigue-. Por eso te va mal... ¡Vos no sabés leer la realidad...!
-Más bien que no, yo tengo la costumbre de leer libros, música como mucho... –se defiende, como puede...
-¡Escúchate, por favor...! ¡No sos capaz de hacer concesiones!
Por fin deja la pava de lado... No sabe qué lo desespera más: si la conversación o verla empacharse de mates fríos...
-¿Por qué hacés esto?, si yo me desvivo por vos –busca un remanso, una tregua...
-Serías más feliz sin mí... –asegura convencida e inflexible.
-¡Dejá que eso lo decida yo...! ¡Sos desesperante, Zoe...! A veces parecés una nena desamparada; otras, sos la indiferencia en persona... tan injusta... –busca acercarse a su respiración que huye de él. Intenta conmoverla... Necesita que cambie de opinión...-. Si tus sueños no te ayudan a vivir, dejá que te preste los míos...
-Tus sueños me desvelan... –inquebrantable.
-¡Convencete Zoe: sos buena mina aunque hagas todo lo posible para no parecerlo! –pero no afloja, sigue el combate... dispuesta a aniquilar a su enemigo.
-¡Pero no ves, Gerardo...! ¿Qué clase de relación tenemos? Si ni siquiera escuchamos la misma música... Vos, odiás lo clásico y a mí me aturde lo que a vos te gusta...
-¡Dejate de poner excusas tontas...! –ahora el que está desconsolado es él, no puede ver nada alentador de todo esto...-. ¿A dónde fue a parar la chica alegre de la que me enamoré? –ella lo mira callada como nunca. Pero también él se harta de esta situación, de su locura. Se enfurece... Le clava sus ojos altivos, tan fracasados como orgullosos. Su oponente, su rival en esta guerra privada-. ¡Zoe, mirá que no sos superior a mí...! Tu sensibilidad de artista es una mentira, no existe... ¿Por qué actuás así? ¡Todo porque tocás el pianito y alguna vez compusiste una melodía...! ¡Dejate de joder, querés...! No sos ni más ni menos que nadie. Vas a terminar como todos: tocando el arpa... ¡Así que terminala con tu soberbia de intelectual...! –le larga su veneno a los gritos... y se arrepiente. Va deteniendo su ira... Es preciso terminar con esta demencia...-. Pero, decime: ¿vos ya no me querés?
Ya no lo mira, tiene la cabeza escondida entre sus brazos. ¡Es que la ama tanto...! Ella intenta contestarle, pero...
-Si me vas a decir mentiras, no hables... Shh, dejá de fingir que no te importo... –se sienta a su lado en el sillón. No la abraza pero se acerca bastante-. ¡Dame una oportunidad para convencerte de que tengo razón...! ¡De verdad, vale la pena! Dejame ayudarte, demostrarte que estás equivocada... –levanta su cara y se refleja en sus ojos.
-Bueno, inténtalo –le susurra mientras él besa sus ojos mojados.

“Cuando se fue, el mundo entero desapareció.
Estaba agonizando. ¡Pero nadie tiene derecho
a ocupar semejante lugar en la vida de otro, nadie!”.
“balthazar”

Toda la lluvia del mundo cae sobre esta ciudad. “Desde que te fuiste... Arrastro mi angustia, mis penas... ¡Creo me que voy a enfermar!”.
Retumban los ecos de sus promesas, ésas que hablaban de que nunca lo iba a abandonar, por ningún motivo... Extraña poder disfrutarla. “¡Necesito que regreses pronto! ¿Y si nunca volvés? No tolero esta incertidumbre...”.
Tiene tanto cargo de conciencia por haberla dejado atravesar esa puerta... No encuentra escondites donde protegerse...
Supongo que el motivo que la llevó a irse, fue algo lógico... “Por mi parte, me dolió demasiado entrar y toparme con el departamento vacío. Siempre te pierdo... Llegar y no verte, es un castigo que no creo merecer...”. Una cadena perpetua para sus ojos.
Se convirtió en su esperanza, su única alternativa. “¿Por qué no puedo dejar de pensar en vos ni por un minuto? Mis deseos y tus órdenes...”. Tiembla al darse cuenta de que la gata delira con devorarse al pichoncito que no sabe cómo abandonar el balcón... “Añoro tu periferia”.
Mientras no esté acá, van a seguir los chaparrones, continuarán las demoras... “Mi techo se hunde sin vos...”. De a poco supera el impulso de salir con furia a la calle, hecho un loco y buscarla con desenfreno por todos lados, por los habituales y a los que nunca fue... Igual, se contiene. Planea no dejarse vencer por sus ansiedades... Empieza a redactar su rendición...
Y cuando Martina abre la puerta, su piel clara ilumina el comedor. “Las plantas que nunca cuido, reviven, como yo”. Fue demasiado para él... “¿Por qué le habrá tocado este horario horrible en la facultad?”. Le devuelve el aliento...
-¡Viste Galo, pude escaparme temprano de la última clase, como te prometí...! –habla y tiene los labios quebrados por el viento. Deja el paraguas chorreando por ahí... Se saca el piloto.
-¿Ah, sí...? No me había dado cuenta... Para mí, como que fue una eternidad... –revela, absolutamente desguarnecido.
-¡Qué dulce que sos...! –tira la mochila en el piso, también está empapada-. Lo que me mató fue esta llovizna infernal...
-Martina, mi amor, no creo que en el infierno llueva...
-Ay, perdón, sabelotodo... ¿Cuándo estuviste por ahí? –y lo besa para que se calle... No, lo hace porque necesita su boca-. ¡Compré una cervecita para la cena...! –anuncia.
-¡Hmm, qué rico!
-Me esperás, que me pongo algo seco y más cómodo... Hoy podemos pedir unas empanadas, ¿te parece...? –lleva la bebida a la heladera. Piensa en empezar a preparar la mesa...
-¡Mejor poné algo así nomás en la mesita del sillón, así no ensuciamos mucho...! –grita desde la pieza. ¡Otra vez le lee la mente! Piensa que son los forjadores de un idioma que solo ellos conocen, se hablan con su propio léxico privado-. ¿Qué hacés con esa ropa? –le pregunta cuando la ve aparecer...
-Me vestí de vos... ¿No te molesta, no? ¿Qué tal estoy? –mientras hace como que desfila...
-¡Un poco grande! Pero la verdad es que te queda mejor que a mí... –se derrite... Esta vez no lo enoja que le toque bajar a buscar la comida...
-Galo, sos un sueño... –asegura al verlo entrar con las empanadas, haciendo uso de sus ternuras más seleccionadas...
-No sé si creerte... A veces también me decís que soy una pesadilla.
-Hay, no seas tonto... –y trae los vasos y la cerveza.
-¿Cómo te fue en la facultad?
-Bien, normal...
-...Los periodistas se creen que las personas se mueren sin ustedes, ¿no?. Creen que los necesitan para que revelen la verdad oculta de todas la conspiraciones del planeta... Se sienten que son imprescindibles...
-Yo no, yo no creo en nada... No me importa lo que busque o necesite la gente, me gusta el periodismo, contar noticias y punto. ¿Vos elegiste tu profesión pensando en las demás personas, o por vos...? Porque mirá que yo no...
-¡Qué mala que sos, siempre distorsionás todo lo que digo!
-¡Reconocelo, tengo razón, mi amor...! –sentencia y empiezan a reír... Y respira, toma aire y otro sorbo-. ¡Te amo tanto...!
-Me parece que yo te amo más...
-No es cierto –protesta.
-Yo te adoro, peor todavía... ¡te venero...! –y vuelve a reír.
-¿No estarás exagerando...? –apunta y de nuevo la interrumpe con besos...
-...Yo pensé que me ibas a decir que estudiás periodismo porque amás la verdad... –exagerando su forma de hablar.
-¿A vos te voy a mentir...? La verdad está enfrente de todos, al alcance de la mano, así que el que la quiera ver que la vea y el que no, que se joda... ¡Mirá que yo me voy a ocupar de los idiotas que prefieren hacerse los distraídos...! A mí me gusta escribir y transmitir noticias, nada más... A parte, ¿vos pensás que los medios te dicen la verdad que tanto buscás...? Vos no sos de los que repiten tal cual lo que escucharon en el noticiero...
Por un ratito comen en silencio, sólo se escuchan los ruidos que hacen sus vasos cuando los apoyan de nuevo sobre la mesita.
-¡Ay, no, por favor Galo, cambiá de canal que acá van a dar “El Exorcista”...! ¡Cómo admiro a la gente que consiguió superar ciertos traumas de la infancia... porque a mí me sigue aterrorizando esa película...!
-No debés ser la única, mi amor...
Y él empieza a pensar que debe haber bastantes mujeres y hombres parecidos a ella y a él, “pero nosotros tuvimos el lujo de habernos encontrado entre toda esta fauna”. Debe ser probable que existan otras con una personalidad parecida a la suya, quizás con una cara semejante, con su misma profesión... “Y de todas formas, te reconocería con el olor, por tu estilo de fumar, tu voz te delataría, sabría que sos vos a través de tu manera de decir... ¡No me confundiría! A lo sumo, te distinguiría en el segundo intento, como mucho...”.
-En estos días voy a invitar a cenar a unos amigos de la facu para que los conozcas... –lo arranca de sus especulaciones.
-Cuando quieras, mi infierno... –le habla con una ensayada naturalidad.
-Bueno, mi cielo... ¡Viste qué dulce que soy! Este sábado podríamos ir a tomar algo al bar, hace mucho que no salimos... Tengo ganas de andar por la calle abrazada a vos y que todas las demás mujeres me miren y piensen en la suerte que tengo...
-Bueno, pero vas a tener que ponerte algo rojo, no sea que la envidia te haga mal...
-Dejá ahí –refiriéndose al canal que está a punto de cambiar-, que ahora empieza un recital...
-¡Estás en pedo! Yo la música la escucho, jamás se me ocurriría bancarme dos horas viéndole la cara a un tipo que canta...
-¡Qué estructurado que sos! Vos, porque sos cero imaginativo...
-Vos, porque te calienta este cantante...
-Sí, qué tiene, a mí me calientan casi todos los hombres lindos e inteligentes... Y vos más que ningún otro... Igual, si yo te metiera los cuernos con este tipo, vos tendrías que perdonarme...
-¿Y eso?
-¡Eso, que para cada hombre y cada mujer hay una persona con la que tendría que tener una licencia para engañar a su pareja...! Yo te la dejaría pasar si cogieras con Uma Thurman que es tu debilidad, ¿o no? Bueno, vos tendría que hacer lo mismo si yo tuviera un desliz con este tipo...
-...Si acaso este mamerto te diera bola...
-¡Qué malo que sos! ¿No me vas a decir que no es lindo? ¡Además, no tiene cara de mamerto!
-...Martina, voy a cambiar...
-¡Ah, pero si soy una tarada... Alquilé una peli, la tengo en el bolso! Galito, no te traés otra cervecita de la heladera...
-¡Ay, no, no me jodas que estoy viejo...!
-Sí, mi hermoso viejito de la bolsa...!
-Menos mal que aclaraste lo de hermoso... –y va hasta la cocina y trae lo que ella le pidió. Aunque la pelee, siempre hace lo que ella quiere... Tiene que hacerle notar que sufrió demasiado esas horas esperándola en la casa desolada y herida. Es como un obrero de sus deseos-. ¡Tomás, destapada y todo! ¿Qué alquilaste?
-No sé si decirte... Mejor buscate algo que te guste en la tele...
-¿Por qué...? Seguro que trajiste una de la onda que detesto...
-Argentina no es. No tiene discursos ni moralejas y el sonido tiene correlación con la imagen...
-Hasta ahí vamos bien... ¿Es europea...?
-No, si a mí también me aburren las europeas lentonas... Tampoco es yankee...
-¿No? –dice decepcionado, su cine es lo único que les admira-. Seguro que es un bodrio, entonces...
-¡Las pelis son lo mejor que hacen estos yankees, eh! ¡Hasta las de guerra son buenas!
-Pienso igual, es una sensación de lo más rara, ¿no, mi amor?
-Sí... En una película espero encontrarme con una buena historia bien contada...
-Lo primero que fijo en una película es quién es su director, después pregunto por el argumento y finalmente, leo quiénes actúan... –se queda pensando-. ¿Qué, es una porno?
-No, sabés que no se me ocurrió... –responde lamentándose y despliega algunas de sus armas para la función de alegrarle y complicarle la vida.
-¿Alquilaste una comedia?
-No, para qué, si no nos hacen reír... El del video me dijo que es una historia tristona... Me encanta tener la excusa para llorar desinhibidamente... Es mexicana...
-Está bien, las pocas películas mexicanas que vimos estaban buenas... –indica creyendo que al despertar se van a enfrentar a una mañana fría, de ésas que atan a la cama y a sus brazos-. ¡Ponela!
-No, mejor no... –asegura ensayando nuevos inicios, improvisando exploraciones sorpresas.
-Bueno, como quieras... Entonces, ¿qué querés hacer...?
-No sé, ingeniátelas... ¿o no sos ingeniero, vos? –y estalla con sus carcajadas, desenfrenadas, incontrolables y hasta algo obscenas...-. ¡Galo, te quiero tanto, tanto...! ¡No puedo vivir sin vos...!
-¡Qué bueno escuchar eso! ¡Y más lindo porque sé que es verdad... porque a mí me pasa lo mismo con vos, Martina...!


“Y entonces veo a Melissa abajo, caminando
por la calle, y mi corazón se aprieta de
compasión y alegría, y salgo a abrir la
puerta del departamento”.
“balthazar”

Sale del trabajo fulminada, viendo números donde hay manchas... No sabe si le duele la cabeza o solamente es el zumbido de aquel tubo de luz sobre su cabeza. Camina dos cuadras, en la parada, fuma un cigarrillo porque tiempo es lo que le sobra: tiene por lo menos veinte minutos de demora, o más porque es domingo...
Llega a su puerta, recobrando las ilusiones y toda la vitalidad...
-¡Melisa, pensé que no ibas a venir...! –le dice Ernesto, con su voz clara-. Si hasta llamé a tu casa y Lucio me dijo que no sabía nada de vos...
-Lo preocupaste al pedo... No hay derecho a tener que esperar un micro más de media hora... ¡Acá estoy! ¡Sos muy impaciente vos...! –lo besa-. Traje algo rico para comer... Ah, y un vinito que te va a encantar; es carísimo, pero estaba de oferta en el súper...
Empiezan abrir las bolsas, hay pan, fiambre, él trae las copas, una compotera de aceitunas, papas fritas... Cenan una picada antológica.
-¿Qué estuviste haciendo? –le pregunta.
-Extrañándote... –le responde tierno.
-No, en serio, digo...
-...Escribí algo...
-Después tenés que leérmelo... ¡Ah, tengo para devolverte el libro que me llevé la otra vez! –y se para, inspecciona en el interior de su bolso hasta que lo encuentra.
Efectivamente, el vino es delicioso... Ernesto trae al sillón unas hojas desordenadas, es lo que escribió por la tarde. Está bueno, a Melisa le gusta, son líneas algo cursis, casi melodramáticas... Pero al fin de cuentas se trata de una historia de amor... “Dudo que sea algo publicable, pero me alegra que haya tomado el primer envión para cumplir sus deseos”, se guarda para sí.
-¿Muy mersa? –testea.
-No... –no sabe cómo explicarle-. Contás historias que jamás podrían ser ciertas... Escribís sobre gente dichosa. Me gusta que termine bien, para finales tristes está la vida real...
...Todo se detiene cuando le dice, sincero, que la ama. Cree que es un sueño... La felicidad, ¿se puede medir? ¿Se puede identificar en un lapso preciso? ¿Es inodora, incolora; como el agua...? ¿O, simplemente, es una mentira, la más falsa ilusión?
-Ernesto, ¿vos creés que la felicidad existe? –le habla y lo desconcierta, supone que no esperaba que saliera con una frase tan descolgada...
-¡Existís vos, Melisa... que es casi lo mismo...!
Se conmueve con su respuesta... hasta el momento en que enciende la tele y le presta más atención a un programa político que a ella. Se adormece, pero igual escucha lo que algún sabelotodo, subido a un pedestal opina...
-...Cuando alguien ve así, las cosas demasiado claras, me asusto... No le creo, siento que es muy peligroso, que oculta sus verdaderas intenciones... –le comenta.
-Conmigo no vas a tener ese problema... yo sólo tengo dos o tres ideas precisas... Una, es que te quiero mucho –y ella no puede no sonreírle...
-¡Te voy a tener que dar un beso, entonces! –y lo hace, y se van sacando la poca ropa que llevan puesta.
Le ofrece sus manos hechas un puñado de alegrías. Como un vendaval, trepa por su cuerpo.
-...Yo te voy a consentir... –le dice con voz de actor de cine.
-¡Mirá que soy muy caprichosa...! –intenta asustarlo.
-¿A dónde vas? –pregunta inquieto porque lo abandona...
-Preparo café, si no, me quedo dormida...
-¡Te quiero ya en el sillón conmigo...! –imperioso, ansioso como un nene.
-¡Qué impaciente! Estoy yendo... –se sienta y apoya la cabeza en su hombro.
-¡No sé de qué me ilusiono si en unos segundos te vas a levantar y de nuevo me vas a dejar solo!
-¡Pero voy a buscar el café y vuelvo...! –le asegura con los ojos entrecerrados. Por unos instantes, confirma que la felicidad es posible...-. ¿Me amás? –le susurra.
-¿Hace falta que te lo diga...? ¿No te alcanza con todo lo que hago cada día?
-No, la verdad es que no es necesario; pero me encanta escucharlo...
Si no fuera porque mañana tempranísimo tiene que volver al súper, haría un esfuerzo para quedarse despierta un rato más. Se van a la cama... Igualmente, ella no puede dormirse...
-¿Qué te pasa? –le pregunta porque sabe que algo o demasiadas cosas la inquietan...
-Nada en especial... Pienso en la vejez y me asusto por las ausencias que me van a perseguir; las presencias de los seres queridos que me van a faltar... –y le pide que la abrace, pero muy, muy fuerte para volver a la realidad...
-Yo siempre voy a estar... –le afirma, hasta se lo jura... ¡Qué promesas hermosas. Incumplibles, lógicamente...!
Su abrazo es tan potente como dulce. Salvaje, le dice obscenidades al oído. Ríen juntos entre salivas fermentadas por el calor...
-¿Cuándo te vas a venir a vivir conmigo? –le cuestiona lo mismo de siempre.
-...El día menos pensado me tenés acá... –le contesta mientras lo muerde.

“Simbolismo. La abreviación del lenguaje en poema”.
“clea”

-...Viniste a decirme que sí a lo que te propuse la otra vez, ¿no...? –habla Martino, lleno de euforia cuando la ve acercarse al mostrador.
-Nene, sos muy lindo y simpático, pero lo lamento, pichón, sos muy chico para mí –lo desanima-. No, la verdad es que vengo a buscar un libro que le encargué al dueño, lo tengo reservado.
-Veamos... ¡máquina conchuda! –busca en la computadora- ¿Cómo es tu nombre?
-Victoria Azcarra...
-No, está por llegar en un stock de importados... –y se queda dudando-. ¡Qué título raro! ¿De qué es?
-...Es para una investigación que estoy haciendo, soy lingüista.
-¡Ah, catás lenguas...! –le saca una sonrisa. Debe estar pensando que Martino es un idiota; disimula bien-. ¡Es un chiste, una vaga idea tengo de lo que es...! Mirá, hagamos una cosa, ¿cómo se dice: la o el diagonal?
-“La”.
-Bueno, en la diagonal puta –remarca el artículo definido-, hay un café, en una hora volvemos y seguro que ya llegó el pedido... ¿Te parece? –Victoria, un poco desconfiada, igual acepta la invitación, le divierte el jueguito de ser halagada.
-Pero, ¿no vas a tener problemas con tu jefe por irte...?
-Olvidate, de esa mierda me ocupo yo, vos dedicate a pensar en lo que te dije el otro día...
Sentados, tomando gaseosa ella y un enorme café él; tiene la intención de explicarle a este encantador chico de qué se trata su profesión... Lo que menos hacen es referirse a los signos, lenguajes o al habla.
-¿Estás casada, de novia? –le pregunta a la espera de algún guiño cómplice.
-Separada.
-Entonces, ¿cuál es el puto problema para que vos y yo...?
-Yo te lo voy a decir, chiquito. ¿Cuántos años tenés? ¡Y no mientas...! –reacciona por fin Victoria.
-Veintidós... ¿De qué te reís?
-...Que yo tengo muchos más que vos... ¡Ese es el inconveniente!
-¿Cuántos, diez más? –y sube la oferta ante la mirada de ella-. ¿Doce?
-...Por ahí anda...
-Lo que sea no me interesa... –le asegura Martino-. ¿No te tienta ni un poquito? –ella le sonríe, se perfila para ser sincera... Pero lo desalienta, no lo hace...
-No insistas...
-¡Dale, no seas guacha! –ella muestra claros indicios de disgusto; finge-. ¿Qué te va a ser de malo un buen polvo...?
-¡Sos un insolente, nene! ¿Siempre sos tan sutil? ¿No podés no usar las palabras equivocadas?
-...A veces la cago del todo, ¿no...?
-Trabajás en una librería, podrías intentar hablar con un poco más de propiedad... –expone, didáctica.
-Supongo –duda-, pero lleva mucho esfuerzo... ¡Vos podrías ayudarme! Igual, me importa un pito...
-¡No puedo creer lo mal hablado que sos...!
-Ya sé pero, ¿para qué usar sinónimos o eufemismos, si existen estas palabras tan ilustrativas...? ¿No te parece?
-La verdad, es que me quedo con algunas teorías algo más científicas... –analiza-. Así que...“eufemismos...” –repite el término.
-Sí, ayer escuché que alguien la dijo... ¿La apliqué bien?
-Muy bien.
-Me alegro... ¡No me hagas esto! –y vuelve al tema que le interesa-. ¡No me digas que no! ¡Pensalo, por lo menos! Yo sé que me lo vas a agradecer... –Victoria no le responde, prefiere seguir escuchando a este joven-. ...No te escapes, te estoy hablando en serio... ¡Mirá los méritos que hago...! ¿Cuántos cafés vamos a tener que tomar hasta que te convenza? ¡Me vas fundir...! –y ella vuelve a esbozar una mueca de satisfacción-. ¡No lo analices tanto que no es una cuestión de Estado!
-¿Y qué sabés vos de política, pichón?
-Poco y nada... Pero sé de otras cosas que vos ni siquiera te imaginás...
-¿Ah, sí? –interroga, sugerente.
-Por supuesto.
-...Supongo que no conozco tantos insultos como vos...
-...Entre otras cosas... Debés ser muy inteligente vos, porque siendo tan joven estás haciendo una flor de investigación... –lleno de ansiedades, cambia de estrategia.
-Es que la edad no tiene nada que ver con...
-¡Viste! ¿Qué te vengo diciendo yo? –especula y se alegra de que por fin, ella haya pisado el palito-. Antes de que me putees, volvamos, que ya deben haber llegado los libros...
-¡Ahí está el dueño, le voy a preguntar a él...! –exclama Victoria al ver que se acerca hasta donde el chico está revolviendo libros en una caja.
-Hijo –le dice-, los importados están en ésta –y señala una más pequeña mientras tira abajo toda su táctica para demorar los minutos...
-Se rompió el encanto –pronuncia resignado Martino.
-¡El engaño, querrás decir...! –algo molesta.
-...Si vos nunca me preguntaste... –se defiende-. ¡Acá está! –revela que encontró el tesoro-. Siempre las mujeres lindas me dejan... –le confiesa cuando ella se dispone a hurgar en su billetera...
-Sos perseverante, chiquito... Hasta molesto, diría yo...
-¡Vamos, si te encanta...! Puedo verlo... –y ella se esfuerza, en vano, por que no se le note-. Decime, entonces, cómo te saco de mi cabeza... Mañana te invitaría otro café, pero ya no tengo guita y además curso...
-Ah, bueno, por lo menos estudiás... –su cara es una gran mueca de asombro...
-Sí, estoy en cuarto de Antropología... ¿Sorprendida? ¿Me vas a decir que no te gusta la novedad?
-No te voy a negar que sos muy lindo pero también demasiado mentiroso para mí...
-¿Te parece? Te vas a arrepentir de dejarme pasar... Te voy a decir una cosa más. Vos te vas a ir de acá y no vas a poder dejar de pensar en mí, te lo aseguro... –y le guiña un ojo, mientras pone en la bolsa otro libro para garantizarse de que la va a volver a ver...

“De todos los actos, supongo, el sexual es
el más importante, pues es aquel en el
que más se divulgan nuestros espíritus”.
“clea”

-...Te dejo estos libros acá, reservados, voy afuera a fumar un cigarrillo y vuelvo... –le murmura a la empleada.
Al regresar encuentra todo como lo dejó, los gigantescos tomos sobre el escritorio y la bibliotecaria, escoltándolos.
-...Será que cuando estudio tengo la costumbre de tomar mate y saber que acá no puedo fumar, me dan más ganas todavía... Encima estos libros que no se prestan... ¡Tendrían que habilitar una sala para fumadores...! –y le sonríe.
-Decímelo a mi que paso todo el día acá... –agrega ella-. Apenas tengo una hora al mediodía, y en vez de almorzar, devoro cigarrillos... –y ve al joven alejarse hasta aquellos pupitres elegantísimos donde se sienta para seguir con su labor.
Durante dos semanas, él concurre a la Biblioteca de la Universidad para preparar una materia.
-Acá te los devuelvo, tratá de que no los guarden que mañana estoy acá... –pide él como cada día-. ¿Ya empezaste tu hora libre? –le pregunta al verla agarrar su cartera-. Te invito a comer un pancho a la plaza... y a fumar. ¿Qué decís? –insiste ante su silencio.
-Bueno.
Un sol genial alumbra la calle, que disfrutan sentados en un banco desprotegido de los árboles, dichosas víctimas de la tibieza de invierno llegando a su fin.
-¿Santino es tu nombre, no? Lo leí en tu carné... –dice ella, por decir algo...
-¿Y el tuyo?
-Fedra.
-¡Qué bueno, ahora la guardiana de la sala de lecturas tiene identidad...! –ya terminaron de comer, hace un ratito que encendieron sus cigarrillos.
-¿Qué estudiás?
-Filosofía. ¡Me estoy por recibir... Creo que, a más tardar en diciembre!
-¡Qué bueno! ¡Tengo que volver, sabés...! Igual, ¿pronto nos vemos?
-Sí, por supuesto.
Así sucede cuando entra con la cara cada vez más cansada, cargando su cuaderno y con la lapicera en la mano, débil de tanto escribir... Saluda a Fedra amigablemente y se ubica en el sitio más cercano al escritorio.
-Ya está, podés hacer que los guarden, que los quemen –mientras le entrega los tomos-, no, mejor que los guarden solamente... ¡mañana rindo!
-Te deseo suerte... –dice, algo desanimada, siente que no va a volver a verlo. Es decir, la gente, si no es por necesidad, no va a las bibliotecas.
-Me gustaría que fuéramos, cuando termines acá, a tomar un café, una cerveza, lo que vos quieras...
Como acordaron, Santino la pasa a buscar a las seis y se meten en el primer boliche que encuentran. ¡Podrían haber elegido algo mejor!
-¡Qué difícil la filosofía! Pensé que la gente ya no estudiaba esas carreras... –analiza ella-. A mí, siempre me costó entender todo eso... La verdad es que no sé para qué sirve, para qué se usa...
-¿Cómo para qué sirve...? La filosofía no es como la electricidad que se aplica y listo. La filosofía es para vida, enriquece el espíritu, es para el alma, la mente y hasta sirve para el cuerpo... –expone apasionado.
-Ah, no sé... Permitime que lo dude. Me parece que para la vida sirve la política... Para el espíritu existen las religiones; para el alma... la música; para la mente está la literatura. Y para el cuerpo, nada mejor que el sexo... –declara, gracias a su habilidad y a su memoria.
-Bueno, la filosofía es todo eso junto... –intenta convencerla.
-¿El sexo también?
-Claro que sí, ¿querés que te explique?
-...Mejor no –igualmente le sonríe.
-...Volvamos al principio, veo que te interesa la política...
-Por supuesto –responde categórica-, es la realidad, el día a día, ¿a vos no?
-Sólo en un plano teórico.
-A mí me pasa todo lo contrario... –él pide otra cerveza y más maní.
-Yo no soy creyente, tengo ciertos conocimientos de teología, por lo que estudié, pero nada más... ¿vos tenés alguna religión?
-No, pero me gusta saber que existen, tal vez en algún momento las pueda necesitar...
-Sos bastante práctica por lo que veo... ¿Y qué música te gusta?
-Casi toda... igual siempre termino quedándome con la es en castellano. Me enloquece cantar y entender las letras... y como no hablo otro idioma...
-Y respecto a la literatura...
-Me gusta la ficción, leo bastante variado, pero prefiero los libros que cuentan historias lindas...
-...Las novelas rosas... –dice intentando molestar...
-No necesariamente, pero si son buenas, por qué descartarlas...
-¿Y el sexo?
-Como todo el mundo... me divierte más hacerlo que hablar del tema... –le sonríe-. ¿O no?
-Creo que tenemos ciertos puntos en común...
Como le había contado, por la mañana rinde aquel final y ya es tarde. Con su auto la alcanza hasta el edificio de la calle 10 donde le indicó que vive. Se despiden como amigos.
Todavía Fedra no sabe si él aprobó o no, hace varios días que no aparece por la biblioteca, tal como lo había pronosticado. Hasta que abre la atascada puerta de la sala... Resulta que después de rendir, literalmente, “cayó rendido”, durmió dos días seguidos y tardó otros dos para despertarse. Le fue bien en su examen.
-Acompañame a festejar –le sugiere-. Vamos, cenamos algo y después arrancamos con las cervezas...
-No sabía que los estudiantes de filosofía tomaran tanta cerveza... –señala, cómplice.
-Eso le gusta a la mayoría de la gente...
-Pero el bar lo elijo yo esta vez, conozco uno a la vuelta de la diagonal que está bueno, vas a ver...
En esta oportunidad la pasa a buscar por el departamento, ella quería bañarse después del trabajo y ponerse alguna ropa más linda...
Haciendo labor de hormiga, cada día, Fedra se lleva para la casa de Santino un libro que toma “prestado” para que pueda fotocopiarlo o resumirlo con mayor comodidad. Luego vuelve a ponerlo en su sitio... a lo largo de todos estos meses, nadie en la biblioteca descubrió su metodología.
La humedad aplaca sus ganas de estudiar, “si no fuera que es la última...”, le explica algo desanimado, tirado en la cama...
-...Si yo pudiera darte una mano... –y le ceba un mate que lo hace transpirar pero que también le saca la sed.
-Ya me estás ayudando bastante... ¡Quedate a dormir esta noche! –le suplica a su manera-. ¡Quedate conmigo, te diste cuenta de lo bien que te queda mi cama!
-No sé... –haciéndose la tímida.
-¿Por qué siempre te vas...?
-No me gusta invadirte...
-¡Ocupá mi territorio tranquila...! ¡Colonizame, si querés! –le sonríe y le hace caras de nene bueno, de perrito abandonado...
-¡Mirá que a la mañana soy peor que Mister Hyde...!
-No me importa, no vas a conseguir asustarme... ¡Dale, no te vayas hoy...! –y siente que la convence por el beso que ella le regala.
Las transpiraciones los pega, se escurren, se alejan y se amalgaman otra vez... ¡Hacen buen equipo! Se tocan, se rozan, se hunden...
-¡Dale, decime que no te vas a ir...! ¡No vas a ser tan mala de dejarme ahora...! ¿Te quedás conmigo, no? –le implora.
-¡Acá estoy! ¡Acá me tenés! –lo calma con su voz y sus caricias...
-...Digo... siempre, toda la vida...
-Bueno, vamos a ver...

“El pasado se le había desprendido como una piel”.
“mountolive”

Se queda parado frente a la casa antigua donde funciona una oficina de diseño gráfico. El agua le chorrea por donde mire... Hace más de quinde días que llueve a cántaros confabulando contra la tibieza de la primavera que aún no se anima a instalarse... Supone que ésta es la tarde ideal para acercarse a ella.
Disimulado, como distraído visita sus lugares, esperando un golpe de suerte... como verla salir del trabajo y hacer que nada pasó en ese año. Y ahí aparece... Corre hacia ella, haciéndose el extrañado, luchando contra el viento y el paraguas...
-¡Emma! –le grita, la nombra; se enamora cada vez más.
Se queda helada al descubrirlo...
-¡Ariel, qué casualidad...! ¡No puedo creer verte por acá...! –le parece que el azar nada tiene que ver con este reencuentro...
-Estás más linda que nunca... –le dice y no consigue ocultar su emoción.
-...Y vos tan mentiroso como siempre... –sigue sorprendida.
-Vamos a tomar un café –le propone-. Si seguimos hablando bajo esta tormenta, vamos a terminar los dos enfermos –y es el hombre más secretamente feliz cuando acepta su invitación...
Tiene en mente ir al bar de siempre para que los recuerdos de los buenos tiempos lo ayuden a convencerla. Al atravesar esa pesada puerta se siente resguardado, a salvo del agua y de la tristeza de todos esos meses sin ella. El mozo que los atiende es el mismo de entonces, también parece estupefacto al verlos juntos... Desde que cortaron nunca había vuelto... ella, se ve que sí.
-¡Qué tal Cristian...! ¡Traenos dos cafés! –le pide. Piensa y recuerda. Le cuesta empezar a hablarle... ¡Pensar que ensayó tantas veces esta conversación!-. ¿Cómo estás, tanto tiempo? –arranca por fin...
-Bien, creo... Estoy como se puede; laburando como una condenada... –le contesta.
-Emma, voy a ser totalmente franco con vos. Todo este tiempo evité ir a los sitios a los que solíamos ir... La verdad es que no te quería ni ver... Hasta que me di cuenta de que sigo enamorado de vos... Que nos encontráramos no fue casualidad. –Ella lo oye seria. Lo mira fijo-. ¡No estoy dispuesto a conformarme con otra mujer, te quiero a vos!
-No sé qué decirte, Ariel... –duda-. Muchas veces imaginé este momento...
-¡Fui tan infantil! –la interrumpe, no podría tolerar que le dijera que sale con otro hombre-. Desde que nos separamos, no pude parar de extrañarte... Tu potencia, tu alegría... Tu creatividad, todo tu dramatismo... Por favor, démonos otra oportunidad para ser felices... –de los cafés ya no queda nada-. ¡Necesito hacer lo correcto de una vez por todas!
-Ariel, no estoy segura... Yo, ahora estoy con otro hombre... –y lo apuñala; él cree que se va a desangrar...
-Mirá que ya no tenemos veinte años... Estamos viejos... ¿Cuándo vamos a tener en esta vida otra chance así?
-¡Hablá por vos porque yo estoy cada día más joven! –y sonríe, sabe que le miente.
-Siempre le pego en el palo... –prende su segundo cigarrillo y él, que lo había dejado, le pide que le convide uno-. ¡Ninguna es como vos...!
-¡Más vale, nadie es como otra persona! ¿Qué esperabas?
-Emma, no todo fue tan malo... También pasamos momentos bárbaros, ¿o no? –y la ve fumar con la misma voracidad de antes-. ¡Quiero enfrentar el futuro con vos, juntos!
-No sé si es lo mejor... Yo ya me acostumbré a... –la hace callar...
-¡Dale, dame una posibilidad de volver a enamorarte! ¡Vos sabés lo que me cuesta hablar con esta sinceridad...! ¡No puedo pasar un día más alejado de vos...!
-Que te quede claro... Yo estoy con otro tipo, Ariel, que me quiere y me valora; que es bueno conmigo...
-¿Ya no me querés más? –pero no le contesta-. ¡Vos me debés odiar a mí! -busca otra táctica, la está perdiendo...
-No, fíjate vos que hasta hace poco seguía enamoradísima, súper enganchada...
-¿Y ahora?
-...Ahora que lo pienso, creo que no...
-Me estás mintiendo.
-Volver con vos significaría un retroceso en mi vida...
-¡No me digas eso, Emma!
-¿Sabés qué...? Me moría de ganas de encontrarte; y no te imaginás cuánto me alegra verte la cara de hecho mierda que tenés –lo mata. Se pone la campera-. ¡Me imagino que la cuenta la vas a pagar vos...! –dice la asesina. Lo besa en la boca, saluda al mozo y lo deja, solo.

“¡Hay tantos recursos para una mujer de experiencia!”.
“mountolive”

Camina rumbo a su casa y trata de pensar en su investigación para sacarse de la cabeza a ese mocoso... “adorable”. No ve la hora de empezar a elaborar en sus ideas, su teoría. Enciende la computadora mientras se prepara café. “Pero es tan lindo...”. Se muda al escritorio con viejas carpetas, el libro nuevo y otros que ya leyó varias veces. Abre la bolsa, entonces se da cuesta de que el pendejo mal parido le dio cualquier cosa. “Seguro que lo hizo a propósito, el puto de mierda...”. Suspira, se sonríe, sigue por un rato maldiciéndolo hasta que se resigna a postergar el inicio de su proyecto.
-¡...No me grites! –le dice, se ataja, cuando la ve aparecer con cara furiosa.
-¡No, si no voy a gritarte, vengo a putearte de arriba abajo!
-¿Sabés insultar? –lo mira feo- ¡Esperá, dame la oportunidad de que compense mi bromita...!
-¿Me estás cargando...? ¿Bromita? ¡Te daría un sopapo, nene!
-Era la única forma que tenía de volver a verte... ¡Vamos a tomar algo, por favor!
-¿No tenés que ir a la facultad?
-¡Falto, no me importa...!
No sabe cómo, pero acepta otra vez, su invitación. Atraviesan la diagonal y entran al bar de ayer. Las calles se derriten cuando caminan juntos. Sigue retándolo un poco más, se aprovecha y le dice que estuvo muy mal, que ella necesitaba urgente ese libro (que ya se guardó, no sea cosa que...). Es encantador, le hace hombritos como una criatura caprichosa y malcriada.
-¿Por qué tenés tantos prejuicios? –le cuestiona por fin.
-Ah, ahora vas a hablar como un estudiante de antropología...
-Eso es lo que soy.
-Creo que prefiero al vendedor que dice un insulto en cada oración...
-¡También soy eso...! Insulto porque me gusta, de verdad pienso que una puteada es muy gráfica... Fijate que no soy tan mal partido... –intenta ponerse serio.
-¡Qué antiguo, nene! No insistas con lo mismo...
-Y vos no te niegues a pasarla bien, es lo más recomendable...
-Sos mister caprichitos vos...
-Dale, vayamos a un lugar más tranquilo...
-¡Sos un irreverente, además! –tratando de hacerse la ofendida...
-Es una modesta falta de respeto, nomás...
-En poco tiempo te vas a cansar de mí, pichón...
-...En poco tiempo te voy a pedir que te cases conmigo... Lo único que te prometo es una sensacional idea cada día...
Dejan el café, pagan a medias, sus ojos se abren al mundo, como un telón gigante...
-¿Agarraste tu libro, no? –le pregunta ingenuo.
Casi sin darse cuenta acepta una nueva invitación suya...

“Le servirá mucho que alguien la quiera un poco”.
“balthazar”

-¡Sol, qué sorpresa verte por acá! –dice dormido, extrañado por la presencia, especialmente, por la hora atípica. Todo se detiene para él.
-Estoy buscando a Melisa, ¿está...? –habla a punto de llorar.
-Está en lo de Ernesto... ¡Pero pasá, no te quedes ahí dura...! Vos no estás bien, ¿te puedo ayudar? ¿Pasó algo con Nicolás?
-Sí –y acepta el café que amablemente Lucio le ofrece-. Ando buscando asilo, necesito un escondite por esta noche, pero si Melisa... –amaga con levantarse; él no la deja terminar de hablar...
-Te podés quedar aunque mi hermana no esté... Viniste al lugar perfecto. ¡Tomá, ponete hielo en la boca que se te va a hinchar...! –parece un poco más calmada-. ¿Qué pasó?
-...Lo encontré con otra en mi cama... Llegué del trabajo y los vi. Peleamos y salí corriendo, me fui olvidando todas mis cosas...
-...Y te pegó también... –ella se queda callada, no lo puede desmentir. En vez de negarlo se echa a llorar, como una criatura, llena de congoja, desconsolada-. ¡No te pongas así, Sol, ese hijo de puta no se lo merece... Vos le importás a mucha gente...!
-Menos a quien yo quiero...
-Necesito que estés bien. Te quiero mucho, sabés. En este mundo hay gente muy valiosa, como vos...
-¡Para mí, todo el mundo vale lo mismo!
La ve tan triste y desprotegida que Lucio olvida instantáneamente el dolor que le provocó cuando lo cambió por otro... Se borran los antiguos rencores porque vuelve a ser la chica más tímida y más desamparada del mundo... Tan huérfana, tan desvalida...
Se habían enamorado cuando ambos soñaban con irse de sus casas... Hasta que un día, Sol se deslumbró con un nuevo hombre: Nicolás. Todo lo que la había seducido de él, quedó detrás de la puerta de calle cuando la flamante pareja empezó a convivir hace unos largos meses.
El odio de Lucio se escapó ni bien la vio entrar a su departamento... El llanto la va tranquilizando, por un rato nada pasa, ninguno habla; tan sólo ella lagrimea con su cabeza baja y él acaricia, discretamente su pelo, para que sepa que no está sola.
-Estoy tratando de entender qué pasó... de ver en qué me equivoqué –se pregunta en voz alta.
-¡No pienses en eso! ¡No te tortures más...! Sol, ésta es una pocilga, pero acá vas a estar bien, segura... yo te voy a cuidar, si me dejás... –ella no le contesta pero le agradece con su mirada llena de ojos desolados.
-Tomá, acá tenés ropa de Meli... –y le abre la cama de su hermana.
Antes de irse a acostar, Lucio entra en el otro cuarto, la tapa y ve que duerme... Reconoce por fin, en ella, a la joven más tierna, a la que siempre amó.
Tan temprano como cada mañana, Melisa abre la puerta de su casa. Extraordinariamente, Lucio está tomando café sentado en la cocina. Inquieta por el panorama no evita preguntar, porque sabe que algo pasa...
-...No me extraña, ese tipo está loco... –asegura ella-. ¿Ahora dónde está?
-Durmiendo... ¿Qué más sabés vos? –la interroga.
-...Que ésta no es la primera vez que le pega... –responde, aunque dudó en decirlo...
-¿Por qué no me lo contaste antes, pelotuda?
-Por esto... ¡Mirá cómo te ponés! –y se callan, poco discretos al ver entrar a Sol.
-¡Traje facturas! –anuncia Melisa-. Igual ya me estoy yendo, en una hora entro al súper... –el saludo de las amigas, le da seguridad, la serena-. Mirá, Sol, yo voy a pasar un tiempo con Ernesto, quiere que me mude con él, así que vamos a probar... Sabés que podés quedarte acá todo el tiempo que necesites... Lucio te va a cuidar bien, lo sabés... –Sol atiende el teléfono celular que no para de sonar, contesta, aunque teme que sea Nicolás...
“...Cristian, qué tal... No, estoy bien, de verdad... En lo de unos amigos... ¿Y cómo te enteraste...? ¿Ah, sí...? Tengo todas mis cosas en el departamento... ¿Pero vas a poder...? No te quiero meter en quilombos, si no voy sola... Bueno, muchas gracias, Cristian... ¡Mandale un beso también...!”. Hasta que corta y ve que finalmente Melisa se fue al trabajo...
-¡Cómo me gustaría tener la confianza de tu hermana! –señala a modo de súplica.
-¿Por qué no te acostás un rato más...? Aprovechá que es sábado... ¡Andá, llevá las facturas que preparo unos mates ricos...! –ya en la habitación, él se sienta a su lado en la cama...
-¿Vos te acordás de la sonrisa hermosa que tenías cuando te conocí?
-...Fue hace mucho... –le responde.
-Yo te la voy a devolver...
-Lucio, tengo ganas de llorar...
-Entonces, yo voy a tener que secar tus lágrimas...
Llegará el momento en que Sol sea capaz de redescubrirse... Cuando piense claramente. Cuando recuerde que alguna vez fue feliz, lejos de los tormentos y del llanto. Probablemente, sea el día en que cambie de dirección el viento y la niebla se disipe... Tal vez entonces las caricias sean recíprocas, quizás vuelva a reír...
-No sé por qué sos tan bueno conmigo... –dice, mientras se adormece-. ¡Con lo mal que me porté con vos...!
-Porque te quiero, Sol... –le asegura Lucio, pero no lo escucha, ya está dormida.

“Vi en ese momento lo que debía haber visto
mucho antes: que nuestra amistad había
llegado a tal punto de madurez que ya éramos
parcialmente dueños uno del otro”.
“justine”

-Oíme flaco, te jode que con Ana... –le pregunta Marcos.
-No, para nada –Cristian no lo deja terminar la frase-. Andá tranquilo, Ana ya no me interesa –explica-. ¿Pero... y Carla?
-No sé, con ella nunca se sabe...
Esta madrugada empuja a salir... Será que es uno de los primeros sábados de esta primavera, qué sé yo... Una noche repleta de ojos que se hacen los distraídos. Todos los viejos conocidos del bar están ahí hoy. La pesada puerta de “El Barrio” no descansa en su ingrata rutina de abrirse y cerrarse. Es que se trata del lugar ideal para buscar, desencontrarse y también para aquellos que necesitan perderse... En esa estamos cuando, de nuevo, la puerta deja paso a Carla con su compañera de trabajo Zoe que viene de la mano de su novio. De todos los boliches de la ciudad, a cada uno se le ocurrió entrar a éste...
-...A esa tilinga la desfiguro... –le asegura Carla a la otra vendedora de ropa.
-Hola, buenas noches, ¿qué les traigo...? –pregunta el mozo de siempre.
-Cristian, hacele una gauchada a Ana y decile que se aleje de Marcos... –insiste en el tema.
-...Por favor no armes bardo acá adentro, ¿sí...?
-Traenos cervezas... –Gerardo interviene para distraer...
-No te preocupes, soy una conventillera discreta... Yo quiero un Margarita.
Las bebidas aún no llegan y nuestra amiga ya lleva fumados dos cigarrillos. “Podría haberse ido a otro lugar...”, piensa al respecto de Marcos.
-La verdad es que de discreta no tenés nada, Carla –dictamina Gerardo, que es bastante observador-. ¡No les podés sacar los ojos de encima! ¡Los vas a ojear...!
-No sabía que los psicólogos creían en supercherías... –advierte insidiosa Zoe.
-¡Cuidado con lo que me vas a decir, Gerardito...! Mirá que no soy tu paciente y ni siquiera, ando buscando un analista...
-Podrías necesitarlo...
-A lo mejor, sí...
...Y detiene la conversación porque se da cuenta de que la chica que está con Marcos se levanta para ir... No importa adónde, ella la sigue; y detrás va Zoe.
El espejo del baño es testigo de los cruces de las miradas de estas dos viejas conocidas... De reojo se desafían, se sacan chispas mientras se lavan las manos... Antes de que Ana salga, la agarra del brazo para retenerla...
-Escuchá una cosita... Ese chico que te habla al oído, te está mintiendo, porque me quiere a mí... –asegura violenta, recién empieza...
-¿Ah, sí..? No parece... –le retruca Ana arriesgadísima.
-Te lo digo una sola vez, va a ser mejor que pienses lo que vas a hacer...
-¿Qué, me vas a pegar? –le pregunta.
-Podría ser... ¿Por qué no? Me conocés bastante bien, sabés que soy capaz... –sigue tranquila, para el caso...
-¿Me estás amenazando?
-Te estoy diciendo lo que va a pasar si te metés con Marcos... –y la empuja contra la pared ante la mirada horrorizada de Zoe. La agarra del cuello, casi apretándola-. ¡Esperá, qué apuro tenés...! ¿No ves que te estoy hablando? –no la suelta. Si lo que quería era asustarla, empieza a lograrlo...-. Porque a vos te sacaron a tu novio, no te quieras meter con el mío...
-Que yo sepa, Marcos no es nada tuyo –le dice con la poca voz que le queda a su antigua compañera del secundario.
-Te informaron mal... ¡Ya estás advertida, forra...!
-¡Basta, Carla...! –interviene Zoe; Ana aprovecha para irse.
A Gerardo no le preocupa que tarden en el baño; las chicas no se conocen hace mucho, pero se llevan bien... Retornan de la travesía, Zoe parece más afectada que la propia víctima.
-Carla, nosotros nos vamos... Vine para hacerte la gamba, pero no me siento cómoda... –le dice Zoe-. No me gustan estos lugares...
-¿Qué tiene...? Es un bar... –aclara Gerardo, molesto porque su novia volvió a decidir por los dos...
-...Además estoy arruinada, estuve todo el día en el negocio...
Ya sola, se va a la barra, siempre hay algún conocido para rastrear... Se ubica de tal manera que puede seguir vigilando a la flamante parejita: “tienen poca vida...”, se convence llena de ira. Observa que se levantan de la mesa, se dicen algo... Marcos dirige una mirada, algo inquisidora, a Carla que cuchichea con alguien. Se van.
-¿No se te está yendo la mano con el tequila...? –le pregunta Cristian, al rato.
-...La mano se me va a ir si vuelvo a ver a tu ex novia con Marcos... –le responde. De hecho era cierto, estaba a punto de emborracharse, de caer rendida... Se despide de los amigos del bar y se marcha.
Para el sábado siguiente Carla, que durante toda la semana no se había cruzado con Marcos ni de casualidad, vuelve a “El Barrio”. Había planeado una magnífica venganza, que nunca lleva a cabo porque él no va, no está para presenciarla... No tiene sentido hacer nada.
De vuelta en su departamento, se acuesta sin sacarse el maquillaje que, exageradamente se había hecho.
Cuando él abre la puerta y se encuentra con el rostro medio triste, medio rabioso de Carla, se prepara para la peor escena de histeria...
-¡Espero no interrumpir nada...! –pronuncia extraordinariamente calmada-. ¿Estás solo?
-Ajá... –contesta desganado, dormido-. ¡Pero pasá, nena! –sin decir nada, Marcos se dirige a la cocina...-. ¿Querés un café?
-Bueno –responde apichonada, lejos de la altanería de otras veces. Atrás quedaron todos los insultos conocidos que ella había memorizado para escupirle, violenta, en la cara.
-Marcos... –habla y larga el humo del cigarrillo que acaba de encender-. ¡Esa mina es una forra, todo el mundo lo sabe...!
-¿Qué querés, Carlita? ¿A qué viniste? –le pregunta y sopla el interior de la taza para evitar quemarse con el siguiente sorbo.
-A mí me gusta la historia que tenemos, no la caguemos, lindo...
-¿De qué relación me estás hablando...? Si nosotros somos un desastre... Aunque te enojes, ésa es la verdad... ¡No llores, sí...!
-Bueno –hace pucherito y agrega-. ¡Vos nunca me tomaste en serio!
-No digas eso... ¿Estás borracha, no...? ...Yo te quiero mucho, pero... lo nuestro es un desastre... Yo necesito una mina que me acompañe, que banque, que me sepa orientar...
-¡Entonces lo que estás buscando es una guía de turismo, no una mujer...!
-¡No te hagas la tonta que vos me entendiste! –cambia de tema, en realidad quiere despejarse unas pequeñas dudas-. La otra noche, ¿me estabas siguiendo?
-No, ¿qué decís? –ya no llora, pero empieza a enojarse. ¡Vaya a saber qué es peor...!-. Fui a tomar algo con amigos.
-¡Ah, sí, tus amistades! –insinúa desconfiado.
-No digas bolazos... Estaba con Zoe y Gerardo... ¿no viste? –le cree.
-Y explicame otra cosita...
-Esto se parece a un interrogatorio, ¿de qué se me acusa? –lo increpa.
-Decime, ¿qué le hiciste a Ana? –le ordena-, cuando volvió del baño estaba aterrada...
-¿Qué te dijo ella?
-Nada... –prende un cigarrillo-. ¿Le pegaste?
-Es una turra, se lo merecía –asegura y se relaja cuando ve que Marcos sonríe al escuchar la explicación.
Por unos minutos fuman callados, mirándose cada tanto; tal vez extrañando las carcajadas sin motivos de otros momentos... Adoran demasiado lo que cada uno representa para el otro.
-Vos sos malo conmigo –revela Carla de una vez.
-¿Qué decís? Si yo soy malo, vos sos loca...
-Un poco sí, lindo...
-Bastante, diría yo –le agarra la mano-. Nunca sé qué esperar de vos, si un gesto de cariño o una puteada...
-¡Ah, porque vos sos una joyita...! –justifica y se burla de él.
-Carla, me desequilibrás... Vos a mí me desconcertás... Cuando estamos juntos siento que preferirías salir corriendo... y si me ves con otra, parece que me extrañaras... –ella le presta atención, concentrada, no tiene intenciones de hablar...-. Vos fuiste la primera en decir que no te gustaban las cosas serias... Y ahora me hacés reproches... ¿En qué quedamos? ¡Ponete de acuerdo, Carlita!
-...Pero yo te quiero... A lo mejor, reconozco que me cuesta demostrártelo –también se le complica confesar lo que siente-. Yo te quiero, lindo... Me gusta estar con vos...
-Y a mí también... ¡No llores más, por favor te lo pido! ¡Me mata verte así! Yo te quiero mucho... ¡Somos un desastre nosotros dos!
Marcos la besa y la abraza; llora con ella; la aprieta fuerte, para no poder distinguir de quién es cada lágrima.


“Crecía y decrecía como la marea, avanzando y retrocediendo”.
“clea”

Prestándole una atención desmedida a las vidas que no conozco, a las conversaciones de extraños, oigo:
-Profesor...
-Hace dos minutos que dejé de ser el profesor de Historia del Arte y no creas que te voy a tratar como a mi alumna...
-Está bien, Lautaro, tenemos que hablar...
-Vamos, que yo también necesito contarte algo.
Él imita a la cálida ciudad, pero ella, luce su mejor cara para darle malas noticias.
-...Ya hablé con mi novia, le conté todo lo nuestro, quiero casarme con vos...
Los márgenes de la sonrisa de Mar certifican su frescura tan autóctona. Con las ilusiones reflejadas en sus mejillas se decide a hablarle.
-¡Me voy a México!
-¿Ya juntaste toda la plata que necesitabas?
-Ajá.
-...Vos te vas a ir y no vas a volver más...
-No, yo adoro La Plata, igualmente, sabés que siempre deseé conocer México, no Europa o las Polinesias; la ciudad de México... Pasear, ir a recitales, emborracharme, comprarme los discos de los artistas que me gustan... y admirar el arte precolombino.
-¿...No ves? Vos te vas a quedar allá...
-Ya te dije que no, ésta no es una ciudad hermosa, pero es mía y uno con los años aprende a querer lo suyo... –asegura profunda y convencidísima.
-¿A mí me querés?
-Vos no sos mío... Estoy segura de que te vas a reconciliar con Miranda porque es a ella a quien amás... conmigo, estás deslumbrado, nomás...
-Me estás haciendo sufrir...
-Soy incapaz de eso, al dolor no lo quiero ni para aprender...
Luego de transformar su mundo, Mar, intenta borrar las huellas que le van a quedar. Un cuento más, como tantas otras historias perdidas, abandonadas a mitad de camino. Algunas confusas, otras llenas de simulacros... Tan acostumbrada a las despedidas necesarias.
-...Dejame que me vaya con vos...
-Ni loca.
-Entonces, quedate, te necesito...
-Ni lo sueñes –tajante.
-...Ése es precisamente mi sueño...
-Una porquería, tendrías que practicar más...
-¿Qué cosa?
-...Soñar... –le responde.
-...Yo, viajando a México voy a hacer realidad mi aspiración más importante.
-Yo, sólo te quiero a vos...
-Es mentira, y lo sabés... También ansío vivir en una casa gigante, que en el patio tenga la calesita de Mary Poppins... –habla sin prestarle atención.
-Tendrías que presentarte en un concurso de deseos imposibles... Igual, me quedo con tus ilusiones; son más interesantes que las mías... A partir de ahora, te voy a copiar los sueños...
-Entonces, esta noche, voy a soñar conmigo...
-Preferiría que durmiéramos juntos, acá.
-¡Volvé con tu mujer mejor, si te perdona, es porque te quiere de verdad!
-¿Te diste cuenta de que ésta es una conversación de locos?
Evocando las noches tan escasas antes de salir corriendo para encontrarse con Miranda, empieza a imaginar finales anunciados. Con manos afines se tocan por última vez. Sombrío, siente que lo que más va a extrañar de Mar van a ser esas risas que contagian. Sabe que desde ahora se va a convertir en una sombra que irá, distraído, perdiendo recuerdos por ahí... Va a ser como los demás que viajan apiñados en el micro.
-De esta historia me voy a quedar cinco recuerdos: tus manos, tus mentiras, los libros que me prestaste y no te pienso devolver, los discos que escuchamos juntos y las películas que nunca me quisiste acompañar a ver al cine... –le asegura Mar.
-¿Nada más?
-¿Te parece poco?
La realidad se recorta con la forma de las fragancias de su barrio que van quedando atrás. Las veredas donde se crió. Valijas cargadas de nombres apenas mencionados, de anécdotas que, podría ser, alguien deseara escuchar... Desoyendo consejos, deja de buscar sensaciones en estas calles...
Finalmente viaja a conocer su sueño, un lugar más respirable; aunque tal vez, el aire de México no esté a la altura de sus aspiraciones, piensa y juega con las palabras antes de perderse entre toda aquella gente del aeropuerto...

“¡La manía de perpetuar, de registrar, de
fotografiar todo! Supongo que nace de la
sensación de no gozar plenamente de nada,
de sentir que la flor de todas las cosas se
escapa en cada soplo de aire que exhalamos”.
“balthazar”

-Oíme una cosita... ¿Qué creés que estás haciendo? –pregunta Cristian molesto.
-Disculpá, no pensé que te podía enojar tanto... –responde ella, sorprendida por la reacción desmedida.
Ya les conté muchas veces acerca de la humedad en los empedrados, de la amenaza de la lluvia sin importar la estación del año en que se esté... También hablé sobre las numerosas plazas y de los benditos árboles que resguardan...
-¿No sabías que es un delito...?
-¡Qué exagerado...! Te saqué una foto, nada más... –afirma, empezando a hartarse.
Vera se acerca al banco donde está sentado leyendo unos papeles. La imagen es genial: el contraste de luz y sombras que dan las ramas, este chico con cara de cansado, esforzándose para concentrarse...
-Mirá, flaca, yo estoy tratando de estudiar... Y no me gusta que venga una loquita a sacarme fotos sin permiso...
-Vera... La loquita se llama Vera. Y el que me va a demandar... ¿tiene nombre?
-Cristian, y lo único que te pido es que me dejes tranquilo, estoy por rendir un examen y no tengo mucho tiempo para dedicarle al estudio.
-¿Qué estudiás?
-Medicina.
-¡Ah, qué bien... Yo soy fotógrafa!
-No me había dado cuenta... ¿Voy a salir en algún diario...?
-Salvo que sea en policiales, no... Éstas son un gusto que me doy, mi trabajo es otra cosa: cadáveres, policías que dan excusas, asesinos... Tengo que irme, sabés, ya te dejo en paz –dice y se levanta del banco en el que minutitos antes se había sentado-. Para resarcir mi infracción, puedo hacerte una copia, ¿te parece?
-Si no llueve, voy a volver acá para leer... Salvo que aparezca alguna minita que me interrumpa...
Aquellos días cálidos, de brisa suave a la hora de la siesta, son una maravilla de la naturaleza. Cristian tiene que aprobar uno de los tantos finales pendientes para no estancarse todavía más... Antes de entrar a trabajar se sienta en la plaza; en su casa es imposible y la opción de hacerlo en un café o en una biblioteca, no lo convence...
“Con calor la gente se pone más linda, más fresca y espontánea”, cree Vera. También sostiene, a fuerza de su experiencia, que en primavera hay menos delitos... Entonces, se dedica a su otra labor, esa que disfruta y por la que no ve un mango... Sueña con que llegue el día de poder hacer una exposición... “Tengo que aprovechar ahora, antes de las fiestas de fin año...”, le explica a su hermana, “...siempre aumentan los suicidios y no voy a tener tiempo para nada”.
-¿Y ésta? –no le da tiempo de agarrarla, violenta, Vera se la saca de la mano-. ¡Ay...! –se queja Emma, la mayor de las dos.
-...Es la foto de un pibe, un histérico, se la saqué en la plaza y se desquició... y para que no me arme bardo le prometí regalarle una copia... –dice Vera, mientras la separa y la guarda dentro de un sobre.
-Estoy haciendo el diseño de una campaña de perfumes de nenes... ¿no tenés alguna linda que darme para la prueba...?
Cada vez se siente más incómodo en su casa, no puede no mirar a su familia sin rencor... Las discusiones son constantes, eternas, agotadoras... ¡Tanto, que preferiría irse al bar! Pero esta noche, tiene franco. Cristian llega y, para colmo de males, está su mamá tomando mate con su ex novia... No la última, sino la anterior.
-Hijo, sentate con nosotras...
-Tengo que estudiar...
-¡No seas mal educado y saludá a Ana...! ¡Hace mucho que no se ven...!
-Hola, Ana. Y la vi el sábado, en el boliche; estaba dando un espectáculo lamentable...
Cuando llega su papá, la invita a quedarse a cenar... Si no fuera porque no le alcanza la guita, se largaría de esa casa de enfermos. Come apurado para irse rápido... Se acuesta, con el libro abierto, simulando prestarle atención...
-¿Se puede...? –pregunta Ana que ya está adentro de la habitación...
-¡Pasá tranquila...! –no la mira; no la puede ni ver...-. ¿Cómo te fue con Marcos?
-¡No paso nada. Fue para darte celos...!
Cristian levanta su vista inquisidora por encima del libro. Ella se acomoda a su lado en la cama.
-¿No habrá sido porque Carla te puso los puntos...? –y él se levanta.
-No, mi amor... ¡Ésa está loca, pero es otro tema...!
-Como quieras, tenés razón... –le dice-. ¡Ahora andate que necesito descansar...!
Se trata de un mediodía excepcional, brillante, aromatizado por las incipientes flores, luminoso... Si bien la advertencia de lluvias sigue latente, vale la pena salir y empaparse de este sol.
-Tomá, para que veas que cumplo... –y Vera le entrega el sobre-. El portarretrato te lo debo, me quedé sin un peso...
-No hace falta –inspecciona el contenido, repasa la imagen-. ¡Está buena...! ¡Hasta salí lindo!
-Me alegra que te guste... Ahora me voy antes de que se largue la tormenta; además, tengo un múltiple coche en el Distribuidor...
-Ya me diste la foto, así que significa que no te voy a volver a ver...
-Salvo que no quieras... –insinúa Vera.
-Trabajo en un bar, un día date una vuelta...
-¿Y, dónde queda...? –pregunta mientras se aleja cubriéndose la cabeza con su bolso para evitar mojarse con la lluvia más traicionera del mundo, la que llega con calor.
Como de costumbre, esos aguaceros duran poco, con gran intensidad pero luego siguen su camino... El que llega a su fin, cuando Vera cierra la puerta del departamento que comparte con su hermana.
-¡Qué sorpresa encontrarlos acá! –asegura-. Si van a salir, estén preparados porque media ciudad está inundada...
-Pensábamos quedarnos acá –le responde Jerónimo, el novio de Emma...
-¿Te molesta? –interviene ella.
-No... ¿Hay comida? –sí, le responden con la cabeza-. ¿Conocen un bar que se llama “El Barrio”?
-Más vale, Vera... –dice y se ríe por la pregunta-. Nena, ¿en qué mundo vivís...? Voy siempre a ese boliche... Mil veces te dije que fueras, que te iba a gustar... ¿Por qué lo preguntás?
-Porque el chico al que le saqué la foto en la plaza trabaja ahí...
-¿Cómo se llama, seguro que lo conozco?
-Cristian –inevitablemente, Emma desata sus carcajadas, burlándose de la situación, de su hermana, de sus desatenciones y hasta del mozo que va a caer presa de Vera...-. ¿Te suena?
-Nena, es re amigo mío y de Ariel también... –y aclara esto, porque su novio está en el baño; de lo contrario no se hubiera animado...
-Entonces un día me podés acompañar...
-Dale, vamos ahora... y tomamos unas cervezas.
-¿A dónde vamos? –pregunta Jerónimo desprevenido que vuelve a la cocina...
-A hacerle la gamba a mi hermanita...
-Vamos... –afirma sin preguntar más.
Ahí entran... Flor de sorpresa la que se lleva Cristian al ver a la fotógrafa junto a una habitual clienta como es Emma. Se ubican en una mesa pegada a la ventana.
-Bueno, bueno... –sigue asombrado.
-Somos hermanas, antes de que lo preguntes –avisa la mayor-. Y él es mi novio.
-¿Qué les traigo?
-Cerveza –todos juntos.
Más de lo necesario, Cristian se acerca a aquella mesa para cruzar palabras con esa chica que una tarde lo había desconcentrado en la plaza.
-La próxima vez, tenemos que charlar en un lugar más tranquilo... Se me complica un poco ir de acá para allá –señala.
En este momento, Emma y su pareja se retiran de “El Barrio”; casualmente, Ariel entra al bar... ¡Estamos todos...!
-¿A qué hora salís? –consulta Vera, mientras ve acercarse a su ex cuñado que saluda afectuosamente al mozo y extrañado a ella.
-¿Ése que estaba con tu hermana es el...? –le habla al oído.
-Sí.
Se sienta a su lado y empieza a preguntarle acerca de la actualidad amorosa de Emma, si está contenta, si el tipo es bueno y demás...
-...Porque yo la vi hace un tiempito, hablamos y me dijo que estaba enamorada de otro hombre... ¡Me mandó a la mierda!
-Sí, sabía... ¡Jodete, Ariel! ¿Qué querés que te diga?
-Bueno, ya estoy en libertad... –los interrumpe Cristian, ansioso por largarse del bar...
Lo que para algunos es un placer, para Cristian; estar en “El Barrio”, es un martirio... Por fin camina, esquivando baldosas flojas, con Vera rumbo al departamento de ella.
-Mi casa es el Borda; mi familia es un infierno... ¡Gracias a dios mi hermano Nicolás ya se mudó con la novia; por suerte para mí, porque para ella... –justifica su negativa de ir allá.
-No hay drama, vamos a la mía –dice segura de que Emma se fue a lo de Jerónimo...
-¿Hay alguna otra mujer con que la tenga que competir por vos...? –Vera que se sienta junto a él en el sillón.
-No, hay un cargo de conciencia, nada más...
-¿Hmm, por qué será que me suena que eso es más complicado...? ¿De qué se trata?
-...Hace un tiempo, salí con una chica que me gustaba, que quería... Pero en fin, la perdí por no haberme jugado por ella... ¡Fui demasiado cagón! –resume la historia, sin entrar en detalles.
-¿La extrañás?
-La extrañaba, ahora te conocí a vos... –Vera sonríe y se le acerca cada vez más...
-¿Querés recuperarla? ¿Tenés forma de arreglar las cuentas pendientes? –pregunta, insensata, sin temor a las respuestas...
-No, lo que me gustaría sí, es hablarle y pedirle disculpas por un par de cosas... Pero ya fue –dice antes de besarla.
-Si eso te ayuda a sacarte la culpa, hacelo...
-No tengo forma de localizarla, sé que dejó la ciudad, pero nada más...
-¡Ahh...! –murmura mientras lo acaricia.
-...Mi hermano Pablo, seguro sabe algo, pero no me lo diría...
Abrigados, sin necesidad, amanecen... Tras haberse consentido y mimado se despiden. Ahora cada uno sabe cómo encontrar al otro en caso de querer hacerlo. Vera es la primera en llamar a la casa de él...
Emma, que nunca le cuesta organizar festejos, prepara una cena para agasajar a Cristian por haber aprobado su examen...
Comen los cuatro que ríen, se emborrachan y disfrutan. En otro lado duermen ciertos fantasmas del pasado...
-Nos dejaron solitos... –exclama Cristian.
-Te tengo una sorpresa para vos –revisa dentro de su bolso, en su agenda. Saca un papel escrito. Empieza a desnudarse y vuelve hacia él... -¡Tomá...! –y se lo entrega.
-¿Qué es esto, Ve...? –pregunta e intenta sacarse la remera que se le atasca en la nuca... Ella termina el trabajo...
-Leelo...
-Es un número, ¿de qué es? –y la atrae hacia su cuerpo.
-Es el teléfono de Rosario, ¿así se llama, no?, la chica con la que tenés que resolver algunos temas... –sonríe, victoriosa, segura de sí misma, indecente e impúdica... Satisfecha por la labor cumplida.
-¿Cómo lo conseguiste...?
-Me costó bastante, así que espero que la llames...
La hoja queda sobre la mesita del sillón, lejos de ellos que ya están en la habitación teniendo sexo y riéndose de las mentiras que Vera le inventó a Pablo para convencerlo de que tenía que darle aquel número.

“Él sólo sentía los mensajes que le venían
de la mujer que tenía en los brazos, y los
que iban de él hacia ella, transmitidos,
tan solo por el tictac de la sangre”.
“mountolive”

Los congestionamientos siempre se producen en las mismas horas. Demoran su llegada. “¡Tengo tanto sueño!”.
“Hola”, grita al abrir la puerta, dejando por ahí la mochila cansada. Extraña que Galo no vaya a su encuentro. En su lugar, la recibe su cuñado Santiago, que vino a atenderlo mientras ella rendía un parcial imposible.
-Y, ¿cómo está el enfermo? –le pregunta porque, a parte es doctor.
-Tiene una gripe feroz... Busqué por toda la casa un termómetro...
-No tenemos –asegura-, nunca pensamos que nos podemos enfermar...
-Ahora ya le bajó, pero llegó a tener cuarenta grados. Le di para tomar unos antibióticos.
-¡Pobrecito! ¿Cuánto gastaste?
-Nada, dejate de joder... Hablé con mi vieja y dijo que en un rato viene a darte una mano. Me voy volando que llego tarde a la guardia. Mañana me doy otra vueltita... ¡Tenele paciencia que está insoportable...!
-...Desde anoche que está así...
Embobado la mira desde la cama transpirada, tapado hasta las orejas; hermoso. Lo besa, le pregunta cómo se siente, aunque eso está a la vista. Su suegra toca el timbre. Le prepara mate mientras ella se ocupa de su bebé.
Cuando vuelve a la habitación, lo mira feo al escuchar que la hace quedar como una bruja porque le asegura a su mamá que no le dio bola en ningún momento cuando él “se moría de la fiebre”.
-Es mentira –afirma Martina rápidamente.
-Te creo –reconoce, cómplice su suegra-. Acostumbrate Martina, los hombres de esta familia, cuando se enferman se portan como nenas... ¡Son todos unos maricones!
-Eso parece... Se pasó la noche entera quejándose, pidiendo que la llamara porque se moría... ¡Un maricón, como usted dijo!
-Por lo general me decís que soy otra cosa... –se defiende y parece que está mejor-. ¿Cómo te fue con tu examen?
-No sé, estaba re dormida...
-Pobre, la volví loca, no la dejé pegar un ojo... –le cuenta a su mamá antes de que se pusiera a prepararle una sopa.
-¿Vos está enfermo o estás buscando que te mimemos?
-¿No te contó Santiago la temperatura que tuve? –y lo besa para disculparse por ser tan mal pensada.
-Gracias por cuidarme... –le dice tierno.
-Es mi obligación.
-¿Solamente porque un papel dice que soy tu marido...? –ahora desilusionado.
-No, tonto, porque te amo...
La despierta el timbre, se ve que se quedó dormida y antes de abrir la puerta, termina de explorar el mapa de Galo, cada centímetro de toda su extensión. La suegra y Santiago otra vez que, lejos de ser molestos, son de gran ayuda.
-Y, ¿cómo va todo?
-Me parece que ahora la que está jodida soy yo... –refriega sus ojos y ella apoya su mano sobre su frente.
-¡Tenés fiebre! –sentencia mejor que cualquier médico y la manda a la cama con la promesa de prepararle un té.
-¿Qué pasó? –se despierta Galo.
-Estoy enferma...
-Te dije que te iba a contagiar...
-¡Qué panorama más lamentable! –diagnostica Santiago, burlándose de ellos que lo miran y sonríen con pocas ganas-. Sí, tenés fiebre –confirma con el termómetro-. ¿Y vos, nene, cómo estás?
-Muerto... –exagera, claro...
Pasan las siguientes horas en la cama, durmiendo abrazados la mayor parte del tiempo, al cuidado de su mamá... Los acompaña, Eribea, su gata.
Al igual que los próximos cuatro días, siguen entre molestos estornudos y tibias caricias. La transpiración de la fiebre inunda la cama, por más que cambien las sábanas, vuelven a empaparse al ratito.
Sus escalofríos; siempre sincronizados, delatan que son una pareja perfecta... ¡Hasta ven un torneo de tenis...! ¡Dios mío, están agonizando!
Las mini vacaciones forzadas ya la están trastornando. Se harta de estar tanto tiempo acostada, aunque sea lo más recomendable...
La madre de él se despide, recordándoles que la pueden llamar a cualquier hora en caso de necesitar algo. Saluda a su bebé que vuelve a quedar bajo las garras de esa arpía... Martina no toma la sopa, le va a salir por las orejas; pero como la preparó su mamita, Galo hace un último esfuerzo para tragarla.
-¿Cómo estás, Martina?
-Hmm, harta, aburridísima...
-Yo ya me siento mejor, ¿vos no? –insiste en preguntar, deseoso, provocativo...
-¡Galo, no te conocía esa sonrisa tan picarona...!
-¿No hay un beso para mí?
-¡Todos los besos son para vos!
-¡Dámelos, entonces, estoy esperando!

“No aprendes nada de quienes retribuyen nuestros amor”.
“clea”

-¡...Corten! ¡No, Teodora, no, así no es! ¿En qué habíamos quedado, nena? –grita, enloquecido Pablo.
-Si querés que actúe bien, llamame Teo, escuchaste...
-En mi planilla figurás como Teodora –insiste el director.
-¡Basta, no repitas más ese nombre...! –enojadísima la actriz.
-Bueno, vamos una vez más. Por favor, pónganle ganas... esto es muy importante, tenemos poco tiempo para la grabación... –interviene Joaquín, el otro responsable del trabajo.

ÉL: ¿Te puedo preguntar algo...? ¿Qué te había pasado esa mañana como para que reaccionaras de tan mala manera conmigo?
ELLA: (sonríe): Me echaron del trabajo. Atendía un negocio de ropa y me cansé de la estúpida encargada que me mandoneaba y maltrataba. Le agarré el cuello con las dos manos y la empuje contra la pared. La idiota apenas sabía leer y escribir pero me daba órdenes a mí... Me di por despedida.

-¡No, corten, corten! –otra vez los alaridos de Pablo-. ¡Querida, quiero distinción, misterio... y me estás haciendo un cachivache!
-¿Se puede saber quién escribió esta historia de porquería? –se queja.
-Yo –le dice con una sonrisa artificial el director.
-¡Es tan poco creíble...! –discute Teo.
-Es ficción, no un documental...
-¿A quién te comiste, estúpido, a Tarantino? –chilla ella.
Herido, no está dispuesto a que una actrizucha lo humille. Claro, hace dos días que él no hace más que insultar a la joven que participa en el corto que la Facultad de Cine le exige para aprobar el año. Por suerte para todos, junto a Pablo, está Joaquín que, a modo de productor y técnico, apacigua los ánimos. Eso intenta...
-¿Vos sos actriz, nena?
-Estoy estudiando –responde tímida, molesta-. ¡Conformate con lo que hay, flaco! ¡Si no vas a pagar ni un peso...!
Hasta las dos de la tarde repitieron aquella y otras escenas más. Exhaustos, aburridos de interpretar lo mismo, almuerzan sánguches y una coca. Acurrucada, ofendida, en un sucio rincón de la casa que sirve de locación, está Teo.
-Susan Sarandon, acá tiene su comida... –se burla y le entrega la vianda.
Ella no le responde, no tiene tiempo porque ni bien termina de hablar, Pablo sale disparado a discutir con su colega.
-¡Necesitamos una bici destartalada...! –le sugiere el otro.
-Y también un auto... –siempre a los gritos.
-¡Calmate, Pablo! ¿Te la creíste? ¿Qué te pasa, si vos nos sos así? ¿No ves que no ganás nada tratando a la gente de esta manera? –se acercan los actores.
-Yo tengo el mío –ella ofrece su Fiat-, anda bastante mal, da un poco de lástima... Le pide permiso al viento para avanzar... Siempre se llega más rápido caminando, pero sirve para otras cosas...
-Me imagino –agradece con su calma-. Pero estoy buscando uno más nuevo... ¡Bueno, seguimos...! ¡Vamos con la escena de la mañana siguiente!

ELLA: (desayuna preocupada): sí el examen, la pensión, la familia que desde lejos se desloma para que yo esté bien, el trabajo que no tengo. En fin, me preocupo por mí...

-¡Dios mío, tengo que calmarme! –se repite bajito, el director-. Cuando después dice que rechaza con furia, es furia, no eso... ¿Vos sos actriz o modelo? –Teo, agotada de las escenas y del maltrato, no responde. Se le acerca...-. ¡Teodora, no tenés que venir a moverme el culo, no es un casting para conseguir un papel; es un corto para la facultad! ¡Así que actuá bien! –aúlla tanto que está colorado.
-¡Qué ordinario que sos...! ¡Estoy haciendo lo mejor que puedo, loco de mierda! –reacciona, al borde del llanto. Se cambia de ropa y deja la casa.
-Mañana seguimos... –se resigna el productor-. Y vos, calmate, sí... –a Pablo-. Para mañana tenés la bicicleta y el auto. Tenemos que grabar los exteriores... Chau, tranquilizate, querés... –y Joaquín lo deja, hablando y pensando solo.
Acomoda las cámaras en los estuches, desenchufa las últimas luces, asegura las puertas y da dos vueltas de llave. Es el último en dejar el lugar. Es consciente de que no está comportándose correctamente, pero tampoco lo puede evitar... ¡Hace cinco días que piensa día y noche en este trabajo; de día haciéndolo y de noche soñando con cada toma!.
El sol de los primeros días de diciembre lo podría haber encontrado en cualquier lugar... pero no, está encerrado con un actor bastante malo y Teo que... está sentada en su auto, todavía no se fue... Se le acerca, parece que estuvo llorando, no está seguro.
-¿Puedo un minuto? –pregunta al golpear suavemente con los nudillos la ventanilla. Da la vuelta hasta el lugar del acompañante. Ella le abre la puerta.
-Teo, te debo una disculpa...
-No hace falta, total, yo acá no vuelvo más...
-¡No, cómo vas a hacer eso!
-¡Si no te gusta como actúo!
-No, no es cierto... Estoy un poco nervioso, nada más...
-Por mucho menos, a otro tipo ya le hubiera encajado una cachetada. No tenés derecho a hablarme así... –y vuelve a lagrimear, como una nena-. Vos tenés un problema conmigo, buscate otra actriz...
-No llores... –amaga con abrazarla, se contiene.
-¡Sos muy agresivo!
-¡Tengo una idea, vamos a un café que conozco y seguimos charlando del tema, así civilizadamente...! Agarrá a la derecha... –le indica el camino.
El bar donde trabaja su hermano... Sólo espera que esté él porque no tiene un mango. Sus pedidos fueron escuchados, es precisamente Cristian quien los atiende.
-¡Qué sorpresa!
-Teo, él es mi hermano; ella es la protagonista de mi corto –habla con un tono desconocido para la joven.
-¿Y, qué tal es como director? –hace la pregunta justa...
-Un desastre –contesta categóricamente.
Hablan sobre el texto, cambian opiniones sobre ciertos diálogos forzados... El inconveniente del vestuario de abrigo cuando estamos en pleno diciembre. La cara de ella que da bien a la cámara... Su trauma con el nombre Teodora... De los proyectos, de los que Pablo está lleno.
-¿Me vas a disculpar? ¿Alcanza, con esto? –se sincera él-. ¿Vas a seguir actuando con nosotros?
-No sé, necesito la noche para pensarlo bien...
-Bueno, fijate... ¡Mañana te espero tempranito! –le dice como si nada. No deja que Teo pague y la ve marcharse.
El siguiente día de grabación los espera con una rutina extenuante, igual que ayer. “Encima ella que no llega... No va a venir”, piensa Pablo, arrepentido de su actitud.
-Ahí llegó la señorita Bergman... –pronuncia aliviado, con un matiz en la voz mucho más cálido, hasta amigable-. ¡Dejen pasar a nuestra diva!
-Buen día... –saluda, casi sonriente.
-¿Estamos listos? –participa el productor...-. ¡Vayan a cambiarse...!

ÉL: ... sí.
ELLA: y cuando se casaron, estabas enamorado de ella, o el cariño vino después.
ÉL: No me acuerdo...

-¡Queda! –el director indica a los gritos, esta vez de satisfacción... Atiende su viejo teléfono celular...
“Hola... ¿cómo me dijiste que te llamás...? ¿Vera, y te conozco? ¡Ah, ya me parecía...! ¿De dónde sacaste el número? Mirá, ahora estoy ocupado, te pido que me llames a la noche a mi casa, ¿puede ser...?”, y corta para seguir trabajando.
El clima de la tarde favorece a las escenas de exteriores, se van para la plaza a seguir grabando... La bicicleta es perfecta, tan destruida como tiene que ser... Así se pasan las horas, entre mates, risas y retomas...
-Vamos a tomar un recreo, señor, señorita... se merecen un descanso...
-Pablo, nos quedan las partes en la puerta de la facultad, las del restaurante, y las del auto... –le recuerda Joaquín.
-¿Pudiste conseguirlo?
-Mi viejo está duro, pero para mañana lo convenzo...
A la noche, Pablo vuelve a recibir el llamado de aquella chica que no conoce y que necesita saber algo de Rosario... También el de Teo. Se ve que estuvo leyendo el libreto y encontró algunos puntos que la confunden... La conversación termina cuando ella le propone que vaya para su casa.
-Me parece que no sos tan malo... –le alcanza una latita de cerveza helada, ideal para esta época...
-Gracias, Teodora...
-¿Otra vez con lo mismo...?
-Fue apropósito, un chiste nomás, no te enojes... –y la inspecciona, piensa que es tan linda... tan llena de orgullo...-. Te escucho, ¿qué parte no te convence de la historia? –pregunta casi sabiendo la respuesta...-. ¡Ah, pero esto no está en el guión...! ¡Mi película no es pornográfica!

“Si no puedes gozar con el que tienes a
mano, pues... cierra los ojos e imagina que
estás con el que no has podido conseguir”.
“balthazar”

Todavía le faltan tres meses para cumplir los cuarenta. Tiene un hijo medio genio, algo loco; que la asusta cuando habla. Está casada con un hombre al que no le conoce la sonrisa y que le es infiel. Además de esto, es maestra... Después, algunos le preguntan por qué es así de nerviosa.
Se acostumbró a escuchar de la boca de Tomás, su nene, preguntas como: “¿cuándo fue que dejaron de ser felices, má...? ¿Fue cuando crecieron, no?”.
Por las mañana se aleja de la locura de su familia para enclaustrarse en la jungla de la escuela primaria en la que trabaja. Cuando sale al mediodía, está hecha una tecla, desafinada y descompuesta, incapaz de dar la nota correcta.
De su marido, ¿qué se puede decir de él? Nada... No, sí, algo sí hay para decir: es triste. Sólo a veces, los jueves, se le nota en la cara un leve gesto... Eso quiere decir que está contento. “¡Dios mío! Yo ando todo el día de acá para allá, histérica para que el señor se revuelque, cada jueves, con alguna...”. El imbécil se cree que ella no se da cuenta... La verdad es que a esta altura Víctor es para ella como un adorno, igual los cuernos que le pone...
Hoy tiene un día ideal para que a las diez de la noche a alguien se le ocurra preguntarle por qué está tan alterada... Todavía no salió de la escuela y está harta... Sus alumnos no entienden lo que les explica por... ésta, es la cuarta vez, a lo mejor, ellos no tienen la culpa...
Tiene que ir a buscar a Tomás a su colegio, preparar el almuerzo; después llevarlo a la psicóloga, hacer tiempo hasta que salga. Además hay que hacer las compras para cena de esta noche porque van unos amigos a comer... Aunque está bien, eso se lo banca, porque fue ella la que los invitó. Para colmo de males, ¿hoy, qué día puede ser...? Sí, jueves... ¿cómo adivinaron? “Dentro de unas horas mi marido va a entrar a un hotel alojamiento con otra... Pero trato de no exaltarme más de lo que corresponde. Me tomo un analgésico, en cualquier momento me va empezar a doler la espalda, el cuello, la cabeza...”.
Tomás debe odiarla... ¿qué clase de madre prepara de almorzar panchos cada dos por tres? Íntimamente espera no ser la única... Salen volando para la terapia... “¿Cómo se hicieron tan rápido las dos de la tarde?”. Se le pasa el día volando y no logra terminar nada de lo que tiene planeado. Caminan casi al ritmo de los autos. Lo agarra fuerte de la mano para ir más rápido. “Encima, me discute sobre la hora... El mocoso me porfía que vi mal el reloj...”.
¡Y lo más triste es que es cierto! Es la una y no las dos. Se queda un rato con él sentada en la sala de espera hasta que se va a caminar, a hacer tiempo... Sabe que se le va a hacer eterna la hora...
Recorre las calles, trastornada sin mirar donde pisa... tanto, que se choca con la gente.
-¡Celina! ¿No me reconocés? –le dice un hombre y trata de orientar sus ojos prácticamente desencajados.
-¿Ricardo? –duda.
-Sí, cómo andás, tanto tiempo...
-Un poco loca, paseando hasta tener que ir a buscar a mi hijo... –apurado, no la deja terminar la frase.
-¿Te casaste, tenés un nene? Bueno, vamos a tomar un café para ponernos al día...
“¡Ricardo! Lo que me faltaba...”. Un novio que tuvo hasta que la dejó por otra... Respira al darse cuenta de que a él también lo atropellaron los años. Entran a un bar, charlan de todas las cosas que les pasaron... Su matrimonio, no le cuenta que es cornuda, sí sobre su hijo que dentro de poco va a cumplir once. El trabajo, infernal... Él, por su parte, habla también de sus alumnos, de la literatura, de sus intentos desesperados por ser escritor. Le informa de su divorcio (de aquella por la que la dejó), de su último romance y de sus tres hijos ya creciditos... Pero como siempre sucede, cuando uno la pasa bien, se tiene que ir, y se va asegurándole que cualquier día lo llama para volver a charlar, esta vez, con más tiempo, más tranquilos... “Sigue estando lindo, el Ricky...”.
Llega tarde, Tomás la está esperando en la sala que para eso está... Se van para la casa, lo invita a tomar un helado...
-¡Má, no me gustan! –le responde el ridículo...
Entonces, lo lleva al kiosco y le compra toda clase de golosinas. La ayuda a decidirse qué preparar de cenar, hacen las compras y caminan sin agarrarle la mano... Miran vidrieras, “¡qué cosas bonitas que hay! Un día de estos, voy a gastar un sueldo íntegro en boludeces para mí... ¡Y Víctor, que se cague!”.
Empieza a pelar las papas, en un rato van a llegar Oscar y Marta. Su marido, en este momento debe estar cogiendo con la otra.
-¡Qué raro que no haya llegado Víctor, todavía! –le dice su amiga...
-¡Olvidate...! –le contesta-, hoy es jueves... es el día que se dedica a él... Va al gimnasio, se encuentra con amigos... –le miente para no tener que reconocerle que la avergüenza que el hijo de puta sea tan poco discreto...
Hasta que el señor llega, por fin... “¡Qué raro, ni siquiera tiene esa mueca de placer!. Bueno, problema de él, que se joda si no se le paró...”.
Cenan... La verdad es que la comida le salió deliciosa. Se va a preparar el café pensando en el que tomó por la tarde... No puede creer que aún no le hayan dicho que está muy nerviosa, que se tranquilice... En realidad, no lo hacen porque no se comporta como una histérica, “si ni quemé la cena...”.
Víctor le propone al nene llevarlo a la cancha... El muy descarado no sabe que a Tomás no le gusta el fútbol... Él solamente quiere crecer sin olvidarse de cómo ser feliz; reírse, tan natural como lo hace ahora; disfrutar por todo lo que ellos no lo hacen. Después, su hijo se va a dormir, exhausto de verlos fingir.
Los invitados se marchan y se quedan de frente sin decirse nada... Pero, la verdad es que Celina no aguanta seguir callada mientras...
-¿Qué te paso que tenés peor cara que de costumbre? –le pregunta suavemente, irónica.
-Nada en especial –le miente.
-¿Te peleaste con tu amante? –dispara para nada sutil.
“Por lo menos que se dé cuenta de que no soy tan tarada, de que sé que cada jueves se encama con otra... Que ni siquiera sabe mentir...”.
-¿Qué decís? ¿De dónde sacaste que...? –pero se mete en el baño, lo deja hablando solo... El día menos pensado se va a animar a pedirle el divorcio.
Para cuando sale, ya está acostado, haciéndose el dormido. Se siente agotada, no histérica; sencillamente cansada... Se recuesta y va convenciéndose de que no tendría nada de malo si mañana lo llama a Ricardo.




Proximamente continua en otra entrega.....

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