caprichos
de papel
lorena sancari
A mis sobrinos...
...Es lo único que les puedo dar...
“Rodrigo Capdevila,
Renzo Pesano y
Emiliano Casini,
adoran a
su tía Lorena...”.
primero:
barcos que zarparon
A ellos les excedían cuestiones como la vida, la muerte, la guerra o la paz, los desastres naturales… Sólo eran Caprichos, no Dioses, ellos eran otra cosa, y los Caprichos ya tenían bastante con ocuparse de la felicidad y la desgracia de los hombres.
Desde que el mundo fue mundo, existieron ciertas reglas… Aunque ya una vez, en un tiempo lejano, supieron cómo traspasar todos los límites.
…A los Caprichos les alcanzaba con una mirada fija, soplar un par de frases al oído, acariciar una mano o rozar el cabello de alguien; por lo general, con eso era suficiente para entrar, direccionarse y depositarse en una determinada persona.
No eran excluyentes, eso quería decir que varios Caprichos podían, aunque más bien debían, confluir en un mismo ser humano… Del mismo modo, ellos tenían la obligación de ocuparse de un considerable número de habitantes, según supusiesen precisa su intervención en cada realidad personal, con la salvedad de que a mayor cantidad de gente a la que se dedicaban, menos influencia lograban ejercer sobre ellos.
…Su procedimiento formal consistía en escribir en uno de sus papeles personalizados el nombre y apellido del hombre o la mujer en el que iban a trabajar. Luego, doblaban las hojas de colores formando barcos que eran depositados en “La Fuente de la Finalidad” para que, de ahí en más, el Señor Destino se encargase de elegir y digitar su rumbo.
…Manejaban la existencia ajena impunemente, como políticos inescrupulosos que, para peor, no necesitaban molestarse en mentir para que se los tomara por criaturas amables.
Como en un peligroso juego de niños, mucha gente valerosa quedaba a merced de estos seres perversos.
...Ahí estaba Celos anotando: “...Isaías Améndola”, con letra grande y precisa, perfecta, para que cualquiera pudiese entenderla, en un trozo de hoja amarilla rubricada por él. Y Tristeza, “su” Tristeza, hacía lo propio escribiendo: “Rosel Irusta e Isaías Améndola envueltos por mí...”.
-¿La tenés abierta...? –le preguntó una mujer.
“¿Qué cosa? ¿A qué se referirá? Sí, no se imagina qué abierta que la tengo...”, pensaba Cándida...
-Sí, sí, la caja está habilitada... –le contestó con desgano-. Buenas tardes, señora, ¿abona en efectivo?
-¡Con la Visa!
-Necesito la tarjetita y el DNI, por favor...
-Ya me conocés, querida, ¿para qué necesitás el documento...? –se quejó la clienta.
-¡Por seguridad! –le explicó Cándida-. Para abonar con ticket o con tarjeta, se precisa el documento o fotocopia del mismo, cédula o registro... –repitió el versito de todos los días...
-Yo soy clienta, querida.
…Y continuó renegando a la vez que abría su billetera y sacaba todas sus identificaciones y ostentaba sus tarjetas de crédito...
-¡Está bien! ¡Ya está! ¡Con esto me alcanza...! –le aclaró Cándida que tomó lo que precisaba y empujó el resto de las credenciales...
-¡Soy conocida, yo! Nunca me lo piden... Sos la única que hace esto...
¡Y no paraba de quejarse...!
-Bueno, ya está, me lo tenía que dar igual... Mire, señora, yo no voy a seguir discutiendo con usted porque ya le expliqué todo lo que tenía que decirle...
Mientras, la mujer resoplaba y gesticulaba para demostrar su mal humor...
-¡Supervisor! –llamó la empleada...
El joven encargado de las cajas se acercó y cuando escuchó el problema, le recitó a la clienta las mismas frases que había usado Cándida...
-...es lo que marca la ley, señora... –remató.
-Pero yo soy conocida... –insistió la mujer.
-¿Conocida de quién? ¡Yo no la conozco! ¿Es famosa? –le preguntó el chico.
-¡Callate, porque yo no quiero hablar con vos! –le gritó-. ¡No servís para nada, ni para la limpieza, por eso estás ahí parado sin hacer nada...!
-Sí, señora, no sirvo para nada, por eso me ascendieron... –le replicó, burlón.
A todo esto, Cándida ya había terminado el cobro...
-¡Andate, andate, inútil! ¡No voy a comprar más acá! ¡Se van a fundir! –empezó a gritar al irse-. ¡Te piden hasta la partida de nacimiento, acá...!
...Pasión observaba, calificando: “los supermercados sacan lo peor de cada una de las personas... Una realidad opaca y espesa; lenta... ¡Lentísima!”. ¡También el Capricho veía gente muerta caminando por la calle...!
...Amor atravesó aquella frontera y la reconoció al instante, sin esfuerzos, más allá de todos los años y la feroz distancia...
“Está igual, como si no hubiesen pasado siglos”, pensó él... Y halló un universo en sus ojos...
Tuvo que reconocer que lo decepcionó encontrarla tan hacendosa y dedicada a devastar la vida de la gente, aunque ése fuese precisamente su cometido.
...La había buscado por todas las ciudades del mundo, persiguió su rastro; y no su aroma, porque los Caprichos no tenían olor... Hasta que por fin la encontró acá, fuerte e insensible como siempre, tal como cuando la conoció... Amor traspuso tantas vidas, tantos decenios, que sólo le quedaban sus recuerdos y, a penas, podía recordar sus obsesiones: “su amor” profundo e inigualable... Su amor por su Tristeza.
...Aquello nuca tendría que haber sucedido. No debieron oponer sus voluntades ni cruzar sus caminos... Pero pasó y la vez que ocurrió fue demasiado tiempo atrás... Fue una historia que se comentó a lo largo de muchos años... Igualmente, pocos eran los que conservaban en sus memorias las consecuencias de aquello...
¡En realidad, no se podía esperar otra cosa entre Caprichos...! El Amor y el Sufrimiento jamás se sintieron personalmente del todo compatibles (aunque se atrajeran bastante...), pero hasta aquel entonces, se respetaban y permitían que el otro trabajara en paz.
...Se enfrentaron por ella, en medio de una ciudad despótica y desalmada... Al principio, la Tristeza se sintió halagada al verse disputada por dos de los Caprichos más codiciados... Hasta que se enamoró... Y de tanto tener la cabeza ocupada en otra cosa, en él claro estaba; en ese tiempo y en aquel lugar, la gente empezó a sentirse demasiado contenta... Mientras tanto, ellos, como en un juego de vanidades, se atravesaban en sus designios, echando a perder cada uno el trabajo del otro...
-¿Por qué te vestís tan rápido...? –le preguntó Rufina que no tenía ganas de levantarse y mucho menos quería ir a cursar.
-Porque tengo frío... –le dijo Santiago, porque fue lo primero que se le ocurrió.
...Y le mintió porque ni bien notó la luz opaca del nuevo día, deseó alejarse de Rufina. Tal vez se trató del final del hechizo... El truco de magia revelado, básico y simple, sin sorpresa, sin nada de misterio... Ella dejó de representar algún interés para Santiago.
Él se fue y ella se metió en la ducha para terminar de despertarse, recuperar la conciencia y robarle algo de tiempo a la facultad. La imagen de pasarse encerrada la mañana completa, hasta pasado el mediodía, le quitó las ganas de desayunar... Agarró su bolso, los cigarrillos y los anteojos, absurdos en ese día nublado... Quizás no era del sol de quien estaba escapando.
El departamento que compartía con su prima iba quedando atrás a medida que caminaba hacia la facultad...
Cuando vivía en el pueblo, con sus padres y sus hermanitos menores, quería ser veterinaria... Pero llegó a La Plata y se inscribió en Periodismo... Ahora, estaba por recibirse y se daba cuenta de que tendría que haber estudiado peluquería...
En el aula del segundo piso se encontró con sus compañeros que, a lo largo de esos años se fueron alternando en algunas materias... No llegó a formar un grupo compacto de amigos; a penas se hizo de tibios compañeros de estudio...
Como el titular tardaba en llegar, Rufina llamó a la casa de su novio. No le contestó nadie. “A lo mejor, todavía no llegó, ¡pero qué raro!”, pensó, hasta que un hombre triste y desabrido empezó a dar cátedra... Pero ella no escuchaba, no podía sacar de su cabeza la inquietud de no poderse comunicar con Santiago...
Horas más tarde, la mamá de él le confirmó, cuando la atendió a eso de la una, que él había llegado y había vuelto a salir... ¿a dónde? ...no sabía, hacía mucho que su hijo ya no le rendía cuentas... Finalmente, Rufina se resignó y le agradeció a la mujer la poca información que le había dado... Lo llamó al celular y lo tenía fuera de servicio...
-¡Para qué tiene un celular si lo va a tener apagado...! –gritaba cuando entraba al departamento donde ya estaba su prima que pretendía estudiar.
...Para la noche, ninguno de sus mensajes fueron respondidos... Algún pudor la reprimió de seguir llamándolo a su casa... Y ciertas dudas y temores la acosaron durante toda la madrugada.
¡La confirmación del fracaso! ¡El inicio del suplicio...!
...Una vida marcada por las malas decisiones... Rufina se encontraba tan confusa e incomprendida... ¡Demasiadas angustias! ¡Amores esquivos...! ¡Tantas heridas! ¡Todas las decepciones...! ¿Cómo había llegado a enamorarse de Santiago con todos sus desplantes? ¿Cómo había sido capaz de soportar todos esos años estudiando una carrera que no le apasionaba...? ¿Podía imaginar su vida ejerciendo esa profesión? ¿Cómo haría para no morir sin Santiago...?
...El Amor también andaba contrariado por esos días... Entre sus padecimientos personales, él observaba a esa chica atormentada por sus sentimientos, que nada tenían que ver con su intervención... Hasta ese momento, Rufina no integraba su lista.
...Llena de días parecidos pero más crueles, ella continuó yendo a las cursadas cada vez con menos convicción... Desmoralizada, se conformó a pasar sus noches sin Santiago que desapareció de su realidad sin explicaciones ni despedidas. Su corazón chiquito se ensañaba con ella. El príncipe de sus sueños terminaba siendo un sátiro...
De pronto, un atardecer en que otra vez quedaba atrás el edificio de la facultad para volver a su casa, dejó de recordarlo... Y, sin sufrir por el amor estúpido e inservible que sintió por ese pibe, aunque más bien padeció, tuvo la mente despierta para resolver otras cuestiones...
...Pero los Caprichos no estaban solos. Contaban con sindicato, contratos, aguinaldo, vacaciones pagas y, por supuesto, jefes.
Ellos debían responder ante el Señor Destino, que era el encargado de coordinar “El Ministerio de los Sueños”. Allí arribaban los barcos de colores y era el lugar donde se congregaban, seleccionando y organizando las fuerzas que manejaban el devenir y los anhelos de los hombres. El Destino decidía, junto a algunos selectos subalternos, y determinaba, las aspiraciones que los Caprichos elegían para cada persona...
El Señor Destino soplaba los vientos de “La Fuente de la Finalidad” que tenía dos afluentes: un canal conducía los barcos de hojas escritas hacia la felicidad; y el otro a la desdicha... Entonces, una vez asignado el curso del porvenir, restaba estipularles la forma en que se irían a desarrollar los principales sucesos de cada vida, así como los impulsos que se destacarían, marcando, su hoja de ruta... En esta etapa entraba en acción la Señora Suerte, su hermanastra resentida, que veía si favorecería o no a las personas. Sin embargo, la última palabra siempre la tenía el Destino; de ahí, ese recelo que ella le tenía...
Sólo había tres opciones con respecto al sino de cada proyecto de vida... Los sueños de una persona podían ser: reales, posibles o imposibles... Por ese motivo era que “El Ministerio” se dividía en tres grandes oficinas...
La de los Sueños Reales, estaba controlada por la Señorita Casualidad, una joven algo atormentada y despistada.
...El departamento de los Sueños Posibles estaba bajo la tutela de la Señorita Incertidumbre que, indecisa, no sabía si coquetearle o no al Destino, que nunca pudo ocultar su predilección por ella.
Por último, estaba la dependencia de los Sueños Imposibles, conducido por la Señorita Esperanza, la única capaz de alimentar los breves instantes de tiernas promesas para los humanos... Lo que mejor sabía hacer, era dar aliento, aunque ni ella estaba del todo convencida de que eso sirviera de algo.
...La justicia no encuadraba en ninguna categoría de nada... Sí, había que aceptarlo, si la justicia no estaba en los planes de los Dioses era porque no existía.
Efectivamente, fue Esperanza la primera en notar que algo no andaba funcionando bien entre aquellos Caprichos.
...Los Caprichos tenían la facultad de influir en las personas, como un virus o los parásitos que despreciaban a las criaturas en las que incubaban su peste.
Cuando los seres humanos entraban en sus redes, quedaban literalmente “encaprichados”...
Pero de tanto ocuparse de varios seres a la vez, los poderes de unos iban menguando en tanto que los de los otros pasaban a predominar...
Los efectos de los Caprichos en los humanos eran como reflejos conductuales... ¡El perfecto talento de infundir sus furias!
...No podían destruirse entre sí, ¡también para ellos existía lo imposible...! Todos tenían la misma categoría y fuerza; no obstante, con esmero y concentración llegaban a conseguir anular los frutos de los demás colegas.
Algunos Caprichos se inclinaban por premiar a la gente que más se parecía a cada uno. Otros, se ensañaban con ellos por la misma razón; al fin de cuentas no se trataba más que de hombres...
-¿Arriba o abajo? –le preguntó.
-Si te referís a lo que me gusta, prefiero arriba –respondió Augusta-; pero es cuestión de hablarlo, de alternar...
-Me refería al ascensor, ¿subís o bajás?
-Sí, por supuesto, yo también, estaba bromeando... –el espejo le devolvió la imagen de su rostro acalorado-. Voy al segundo piso, a la oficina del Doctor Rosales.
-¿Sí? ...Bueno –agregó el hombre, y presionó el número en la memoria del ascensor.
Después de que el sujeto se alejó, Augusta se insultó a sí misma“por bocona” y se puso a pensar en que hacía varios días que no tenía noticias de Pascual.
¡El reflejo de la insensatez...! ¡Augusta era tan arrasadora, tan inimputable...!
Al instante, una secretaria le avisó que el señor fiscal la estaba esperando, que ya podía pasar...
A Pasión le cayó bien esa chica que le habló con desparpajo a un desconocido en pleno ascensor... Pasión coincidió con esta mortal: “¡ese hombre con estirpe de actor de cine podría se un buen pasatiempo!”. Por otra parte, el Capricho sabía que los efectos del Viejo Amor habían caducado entre Augusta y Pascual, aunque ellos insistieran en querer estar juntos.
...Asimismo, desde muy lejos, la Señorita Incertidumbre también había sonreído con la charla del ascensor... Le recordó la forma en que ella se le había aproximado a su padrino.
-Permiso... –dijo Augusta a la vez que abría la puerta y se topaba frente al rostro de aquel hombre...
Se volvió a avergonzar... “Le dije una guarangada al tipo que tengo que entrevistar sobre algo tan serio...”, pensó en un flash de segundo, “¿qué va a pensar de mí...? ¿Qué le puedo decir para revertir la imagen que le debo haber dejado de buscona desesperada?”. Finalmente, optó por omitir aquel lapsus de sinceridad.
...Y luego, las presentaciones ayudaron a devolverle el carácter formal al encuentro, y pronto, ambos volvieron a concentrarse en el asunto que había motivado a Augusta a pedir una cita con este fiscal.
-La escucho, ¿qué quiere saber, señora? –le habló, a la espera de que ella lo corrigiera con un “señorita”.
-Señorita... –le aclaró...
“El tipo realmente está muy bueno...”, siguió pensando.
Y pronto, las preguntas, concisas, bien pensadas, difíciles de eludir, útiles e interesantes; escasos cruces de información; las dudas operativas y ciertos cuestionamientos, tensaron la charla...
-...Yo no estoy acá para lucirme, doctor, y tampoco tengo la intención de hacerle buenas preguntas, prefiero que me dé buenas respuestas... De igual modo, tampoco me importa parecer tonta con esto que quiero saber porque lo que no entiendo es... –destacó la periodista-... si usted cuenta con la misma información que nosotros y mucha más todavía, como me dijo, ¿por qué no arresta a ese delincuente...?
-Porque un tribunal es distinto a un diario... –y Basilio le explicó-: es decir, sus pruebas le pueden alcanzar para no “comerse” una demanda, pero si yo voy a un juez solamente con esto, no me alcanzaría, señorita... ¡Haría el ridículo y ese tipo saldría impune! ¡Tengo que seguir trabajando en el caso antes de tomar medidas! ¡Parece que usted y yo manejamos otros tiempos y diferentes urgencias...!
La entrevista fue suficiente para satisfacer la primera etapa de su investigación, así que se despidió manifestándole que ella no pretendía presionar a nadie pero que, probablemente, tendría que volver a contactarse con él...
Al instante, Pasión escribió: “Augusta Palmero y Basilio Rosales van a sentir una atracción mutua y un deseo desesperante...”.
...Así se inició “el caso: Augusta Palmero/ Basilio Rosales”, y al Capricho no le interesó, sino más bien le atrajo, la idea de que también hubiese un expediente abierto, flotando por ahí, con los nombres de “Augusta Palmero/ Pascual Ferreira”.
A su vez, Incertidumbre, vio con buenos ojos los esfuerzos del Capricho y se dispuso a colaborar con aquella historia...
Augusta regresó al diario y como no se encontró con demasiadas novedades, aprovechó para desgrabar y analizar los dichos del fiscal. Aún con tiempo, se dispuso a avanzar en el libro que venía leyendo. Siempre cargaba con ella el libro al que se dedicaba por esos días... Volvió a empaparse de los anhelos que Minerva Mirabal tenía...
“...Contempla las estrellas. Hace poco había leído que la luz de las estrellas tardaba años en viajar a la tierra. La estrella cuya luz veía, bien podría haberse extinguido hacía años. Esperanzas falsas. ¡Qué las noches sean totalmente oscuras! Pero hasta ese oscuro deseo lo hizo mirando una estrella...”.
-¿Cómo te fue en la entrevista? –le preguntó el jefe de redacción.
-Nada mal...
“...Pedacitos del pasado emergían de la sopa acuosa de aquellos días: Lío explicando cómo darle a la pelota de voleibol para que formara una curva al caer; la lluvia que no cesaba mientras íbamos al entierro de papá; mi mano asestando una bofetada en la mejilla de Trujillo; el médico dándole una palmada a mi primera hija al nacer...”.
-¿Me conseguiste el artículo que te pedí? –esta vez, la interrumpió un colega.
-Sabés que no lo puedo encontrar por ningún lado, pensaba que lo tenía guardado pero se ve que lo borré o algo, porque en la compu ni rastros...
“...Cuánto deseé en ese momento desahogarme con mi vieja amiga. Confesarle que no me sentía igual que antes de la prisión. Que quería volver a tener mi vida de antes.
Pero antes que pudiera decir nada, ella me tomó de las manos.
-¡Viva la Mariposa! –susurró emocionada.
Le sonreí con valentía, como ella esperaba que hiciera...”.
Entonces, apareció Pascual. “¡Así no se puede leer ni el horóscopo!”, se dijo y, cansada de las interrupciones, guardó el libro.
Con Pascual dialogaría de verdad, entre ellos tenían algunas cositas que coordinar...
-¿Qué hacemos hoy? –él, empezó con las tratativas.
-No sé, ¿vos qué decís?
-¡Yo digo que te vengas a mi casa! –sugirió.
-Bueno.
Y, sin más dificultades, arreglaron para pasar la noche juntos, después del cierre de la edición.
...Una cama dura, como hecha de asfalto... Ahí dormía Pascual aunque por lo general, se pasaba demasiadas horas despierto si era que estaba acompañado por Augusta.
-¡Augusta, qué nombre más feo! –le dijo para despabilarse...
-¡No vayas a creer que el tuyo es más lindo! –le retrucó.
-Un poco más lindo es... –sugirió él.
-A penas, casi nada...
-¿Averiguaste algo nuevo para tu investigación? –quiso saber, aunque ella no tenía muchas ganas de hablar, y menos, de trabajo...
-Poco... –le contestó, esquiva-. El tipo me mintió o me ocultó demasiado para mi gusto... De todas maneras, no creo que esté dilatando las cosas a propósito... Igual, yo estoy convencida de mi teoría...
-¿Cómo lo sabés?
-No lo sé, por ahora es pura intuición, es un riesgo que voy a correr...
-¿Pero lo vas a publicar...?
-Todavía no, me falta un poco de información... Voy a volver a hablar con este tipo para ver qué más le puedo sacar...
-A lo mejor conseguís apurarlo un poco...
-¿En qué sentido? –le preguntó, como si él hubiese sido testigo de la bochornosa escena del ascensor...
-¡Para que detenga a ese corrupto hijo de puta...! ¿Qué otra cosa, si no?
...Durmieron un poco... Pasión los observaba y, lejos de horrorizarse o preocuparse, le fascinó el panorama... Lo dicho, ellos persistían con la idea de seguir juntos aunque ya no los uniera el amor.
-...Vení un poquito más acá... Ponete así... ¡Cómo me gusta hacer esto...! ¡Quedate así...!
-¿Así está bien...? –le preguntó Augusta, plenamente obediente.
-Sí, así, así...
¡Ellos sabían cómo aprovechar el tiempo en que cada uno se encontraba solo...!
...Pasión, buscó una de sus hojas y antes de armar un barco con ella, anotó: “Augusta Palmero y Pascual Ferreira viven un apasionamiento irrefrenable...”.
-¡Dios mío, sos única...! –Exclamó Pascual después del sexo-. ¡Te amo! –dijo, y a nadie le importó si le mentía o no-. ¿Estás bien?
-Sí –y volvió a tomar aliento-. ¡Pero me la metiste hasta el alma...!
-¡Vos solita te lo buscaste, así que no te quejes! ¿Para qué me provocas...?
-Te provoco porque me encanta... Y para que te enteres, no me quejo...
-¿Pero te gustó?
-¡No sabés cuánto...! –le aseguró Augusta.
...No era fácil de definir en qué etapa de su aprendizaje adoptaron el hábito, pero los Caprichos, absolutamente todos, sentían una atracción irrefrenable por los puntos suspensivos...
Cuando le contó que se iba a vivir con sus abuelos para poder estudiar, Isaías sólo le dijo que estaba bien, que eso era lo mejor, que para qué iban a seguir estirando “esto”; si ellos únicamente estaban juntos para pasarla bien, pero que no se querían...
-Yo nunca te voy a pedir que te quedes conmigo –le afirmó, por si eso era lo que Rosel esperaba de él...
Y, confiada y lunática como siempre, se vino pensando que Isaías iba a tener demasiado tiempo libre con ella lejos.
...Semanas después, el Amor de San Martín de los Andes, volvió a anotar sus nombres, letra por letra, y una corriente beneficiada por el viento del Destino, empujó a Isaías a viajar, olvidándose de su orgullo de niño acostumbrado a que lo consintieran, a buscarla por las calles de nuestra ciudad.
¡Toda aquella distancia por recorrer...! ¡El tardío descubrimiento del amor y todo lo que ello implicaba en el ser más inmaduro del planeta...!
La encontró con la ayuda de los padres de ella que no sólo le anotaron la dirección sino que también le explicaron cómo llegar...
...Por eso, simplemente, un domingo, toco el timbre de la casa de los abuelos de Rosel.
...Se sabían la lección que exigía la noche. En medio de sabores heredados de los primeros hombres y mujeres... Con las horas a su favor reconciliaron sus placeres como cuando se gozaban amparados por la calefacción de los cuartos de los hoteles del papá de él.
Con veintitrés años, Isaías, un chico bien con pinta de ex presidiario, no tenía vergüenza ni culpa de ser mantenido por su familia, así él podía contar con más tiempo para adorar a Rosel....
-¿Cómo conseguiste mi dirección? –quiso saber ella, después de degustarlo.
-Siempre consigo lo que me propongo... Por cansancio o por mérito, pero lo logro... ¡Y más si se trata de la dirección de donde está la chica que quiero!
…Otra tarde de su vida, se lo encontró a la salida de la facultad... Podrían haber ido a algún café pero optaron por volver a la casa porque ella tenía que hacer algo que le habían encargado en una de las principales cursadas, y para aprovechar a tomar el chocolate que su abuela preparaba como los dioses.
Rosel pensaba que ya era hora de ponerse a delinear los primeros trazos de aquel trabajo... Pensaba que tendría que sentarse a la computadora, pero no era más que una idea porque algo ajeno a ella, como una fuerza ancestral, no le permitía abandonar el abrazo de Isaías y el frío de su piel...
Volvió a mirar la computadora y, básica y natural como era, tan segura y soberbia, a través de un impulso incontenible le contó la aventura que tuvo con Octavio...
-¡Esperá...! ¡No te vayas...! –le pidió Rosel...
-...No tenés las palabras para convencerme ni la fuerza para detenerme... –le explicó él.
-...Pero en ese momento no estábamos juntos, no sé por qué te enoja tanto... –intentó justificarse.
-Para mí tampoco fue fácil quedarme sin vos de la noche a la mañana, y ni así me anduve garchando a cualquiera...
-...Pero si te lo cuento es porque ya se terminó...
-Pero yo no te quiero escuchar...
-¡Vos no te das cuenta, pero a veces, se hace muy difícil hablar con vos!
¡Verdades inoportunas!
¡Una nueva tarde en ruinas...!
-Te amo, nene, aunque no me creas nada... –le dijo mientras lo oía marcharse.
Y volver a morir, sencillamente...
-¡Isaías...! –lo llamó con toda su voz, como en un intento absurdo de gritar afinando...
Un profundo desencanto se apoderó de Isaías; tal vez fuera el inicio de los celos... Él podría haberla matado mientras le narraba aquel romance como si hubiese sido una travesura...
Ninguno se acordó en detenerse a pensar en el otro...
Y Rosel, podría haberse dedicado el resto de la tarde a trabajar con la computadora porque ni bien ella terminó de hablar, él se alejó de su cuerpo, odiando a esa chica traidora y perversa... Sin dudas, ya empezaba a padecer los primeros síntomas de un devastador sentimiento...
Si ese día hubiese terminado el mundo, sus vidas habrían sido en vano.
...Celos miró con complicidad a Sufrimiento…
-¡Nuestro trabajo ya está hecho, estimado amigo mío! –dijo el Capricho.
Tristeza suspiró convencida de que con “el caso: Rosel Irusta/ Isaías Améndola” no tendría ni un segundo de descanso, si era que pretendía lograr su cometido... Y entonces, los tres acallaron sus risas, observados por un Amor dolido y molesto por el curso que iba tomando la historia.
...Isaías le demandaba mucho esfuerzo, pero los Caprichos eran así, no podían dejar de buscar satisfacciones propias...
Y así, hurgando entre sus placeres, Pasión se le cruzó en el camino... Él, tan acostumbrado a entrometerse entre hombres y mujeres, asediándolos con dudas, temores y tormentos... Él, Celos, el más desconfiado e inseguro de los Caprichos, se cegó y se dejó envolver por el fuego de la Pasión que, de quemar y jugar, sabía muchísimo...
Celos fue descubriendo que, al fin y al cabo, no era tan incapaz de querer o disfrutar como los otros creían... Él se dio cuenta de lo prometedora que podía resultar entrar, de tanto en tanto, a la habitación que Pasión ocupaba en “El Muelle”.
...En “El Muelle”, que en nada se parecía a los que nosotros conocíamos, trabajaban los Caprichos. También dormían allí, se alimentaban, se distendían... Sin embargo, la mayoría de las veces, lo que ellos más disfrutaban era salir a pasear...
Los profundos anhelos de la gente que derrapaban, siempre era responsabilidad de ellos... Como los de Isaías y Rosel, que jamás llegarían a enterarse de que en un lugar extraño e inalcanzable para los humanos, sus nombres habían sido escritos en papeles que navegaban en forma de barcos por el agua de una fuente especial...
No obstante, Celos, siempre se hacía de un rato cada día para atormentar a Isaías y a varios más, antes o después de escarbar entre la cama de la Pasión...
Pero él no era el primero ni el único que contaba con semejante privilegio... No por nada Pasión tenía fama de desalmada y aventurera, la más peligrosa de todos ellos, tanto, que hasta sus colegas más sensatos, preferían mantenerla alejada, a una distancia prudencial...
Rencor, el más obstinado y sabio de los Caprichos, también solía relajarse después de horas de arduo trabajo en compañía de ella... Él era el hermano mayor del callado Olvido y del tierno Consuelo... Aunque mandón, ninguno de los dos le hacía caso.
...Fue precisamente Olvido, el que, fastidiado por sus reclamos, le dijo que no tenía autoridad para recriminarle nada a nadie...
-Si usted es la burla de todos los Caprichos de esta sucursal, a lo mejor de todo el mundo... Es poco serio, sabe... Usted es el único que todavía no está enterado, estimado hermano, de que cuando abandona el cuarto de Pasión, otro entra a ocupar su lugar...
...Los Caprichos influían tanto en la mente y el corazón de los hombres que terminaban por apoderarse de la voluntad del ser elegido.
No se los veía, aunque hubiera habido quien juró conocerlos, haberlos sentido acercarse.
...La gente podía expulsarlos de su cuerpo, como los antibióticos que curaban una herida infectada; pero la mayoría de los mortales ignoraba la fórmula.
Un Capricho por sí solo no conseguía demasiado, siempre terminaba recurriendo a otros compañeros para realizar una obra magistral... ¡Un trabajo en equipo entre las criaturas más egoístas y ventajeras del universo...!
Nada relacionado a los Caprichos tenía que ver con una cuestión de merecimientos... Más bien era un asunto de antojos.
Ya tenía las valijas preparadas al momento de sentarse a hablar con Jacinta...
-Por lo menos no nos mentimos... –sentenció Cayetano cuando le dijo que tenían que separarse...
-Yo nunca te engañé en nada, supongo que vos tampoco... –analizó Jacinta.
-Probamos y nos salió mal, pero probamos...
-¡Es verdad, al menos lo intentamos...!
-¿Cómo hacés para no parecerte en nada a la mujer de la que me enamoré...?
-¡Mirá que vos tampoco sos como el Cayetano de antes...!
...Habían llegado al penoso estado en que ya no tenían de qué conversar. No les quedaba secretos que ocultar, contar o adivinar...
Después se pusieron a tratar de ver cómo podían arreglar el tema de los negocios...
...Civilizadamente acordaron que, como tenían dos zapaterías, cada uno se haría cargo de una. No fue fácil establecer cuál saldría beneficiado: ella era una brillante vidrierista, con un gusto excelente, pero era también pura inconciencia; y por otro lado, Cayetano era el que contaba con una excepcional visión para los negocios. Él trataba con los mayoristas aprovechadores... Él mantenía a raya a los empleados...
-Me parece bien –opinó Jacinta-, preferiría evitar a los abogados que se van a terminar quedando con lo poco que tenemos... –agregó.
...Al escucharla, Rencor la maldijo ciento cinco veces por su determinación y salió corriendo, desesperado, a buscar uno de sus papeles.
...Como Sufrimiento tenía predilección por los enamorados, se ensañó con ellos y escribió: “...Jacinta Gandolfo y Cayetano Márquez van a sufrir cuando estén cerca... Pero será aún peor cuando estén lejos el uno del otro...”.
...A pesar de que fue en una época muy, pero muy lejana, todavía quedaba alguien que recordaba que Amor escribió y subrayó el sonoro nombre de una mujer... Aunque para nosotros no significara nada más que eso, entre Caprichos, quería decir que el Amor había elegido a esa persona para guiar su vida, acompañándola siempre, envuelta por el amor correcto, hacia la felicidad...
Tristeza andaba tan enamorada y, gracias a los consejos que recibió de la Ternura, reforzó sus lazos con Amor... ¡Y lo arruinaron todo! ...Ella se convirtió en un Capricho que rechazaba su nombre... Fue tan dichosa que se olvidó de hacer correctamente su trabajo. Perdió, o más bien, dejó de lado su eficiencia...
Sufrimiento se enfureció tanto con esa elección que, sin poder hacer otra cosa, dedicó todos sus esfuerzos a atormentar, hasta el día de su muerte, a la mujer protegida por el Amor... ¡Y claro, él, sólo tenía ojos para prestarle atención a “su” Tristeza, así que cuando advirtió las maniobras de su contrincante, ya era tarde...!
...Y los rumores de desconcierto y disputas llegaron hasta los Dioses que estaban muy interesados en seguir de cerca los avatares de esa cruel ciudad en aquellos tiempos turbios.
...Siempre se dijo que los Dioses eran sordos y, ¡lo eran bastante en verdad, aunque terminaran por enterarse de casi todas las cosas, a veces no se escuchaban ni entre ellos...!
...Los Dioses eran tres, aunque en realidad parecían uno solo, repartiéndose el trabajo, turnándose para poder descansar cada tanto.
Pasado, el Dios más irritado y obstinado, al extremo de negarse a aprender...
Futuro, el más joven de los tres, todavía no tenía formada su verdadera identidad y, sin personalidad, se mostraba indeciso, incierto y bastante inestable...
Finalmente estaba el olvidadizo Presente, el más vulnerable de los Dioses que, culposo, se dejaba influenciar con exagerada facilidad por lo que le decía el Pasado...
¡Uno era malagradecido, otro absolutamente ignorante y el que quedaba se mostraba resentido...!
Entre tanto delegar en el Señor Destino, los Dioses se guardaron exclusivas tareas de las cuales encargarse... Digitar el fútbol, manejar la naturaleza, castigar, distribuir la riqueza y diseminar la pobreza en este mundo, entre otras cosas...
Estos Dioses eligieron permanecer en el más absoluto anonimato con respecto a los mortales... ¡Una idea nada despreciable! ...Porque al no darse a conocer, quedaban eximidos de cualquier responsabilidad... Sin la obligación de dar respuestas a los reclamos de sus fieles, se desligaban del compromiso de ocuparse de aquellas vidas... Porque si las personas se veían defraudadas, a quienes culpaban eran a los “otros dioses”, los ficticios, los de repuesto... Asimismo, el Presente, el Pasado y el Futuro, no se alimentaban de la veneración ni del temor humano... Y, por otra parte, nadie podía revelarse contra los Dioses que no se conocían... ¡Era la ecuación perfecta...!
¿Qué clase de conductas se podía esperar de Ellos...? ¿Qué otra cosa podíamos haber hecho con estos Dioses...?
...Los Dioses, cuando no estaban distraídos o cuando el placer les dejaba tiempo y energías, se entretenían sojuzgando a los seres humanos... Terremotos, guerras y enfermedades; eran sus pasatiempos predilectos.
...Cuando al fin se pusieron de acuerdo los tres, una vez hastiados de la insurrección y los disturbios que reinaban en aquella ciudad a causa de los Caprichos, se vieron obligados a intervenir directamente.
...Cortaron por lo sano: a Tristeza la deportaron a una sucursal perdida en el sur del planeta, tanto, que ella nunca había escuchado ni siquiera nombrar...
El cuento que divulgaron los Dioses a través del Destino, había tenido la función de amedrentar al resto de las criaturas con ínfulas insurgentes o perturbadoras del estatus quo establecido... ¡Una versión con moraleja...! ¡Una historia que rengueaba...!
A ella, a la Tristeza, la experiencia le resultó lo bastante aleccionadora como para dejarse de chiquilinadas y entendió que había llegado el momento oportuno para retomar su carrera, hasta entonces, impecable. ¡Volvió a ser obediente...!
...Una vez acá, desaparecidos los recuerdos, se encontró con otros Caprichos, castigados como ella, que le enseñaron a sobrevivir en esta latitud... ¡El Consuelo también la ayudó a superar sus trastornos!
...Nada de esto quiso significar que ese lado del mundo se libró de la Tristeza, muy por el contrario, su lugar lo ocupó una homónima muy aplicada.
Entonces, con el paradero de Tristeza mantenido en rigurosa reserva, Sufrimiento se mudó a otra ciudad menos devastada que le ofrecía novedosas perspectivas de desarrollo para demostrar su talento...
Por su parte, el Amor, se quedó allí para tratar de recompensar la mayor cantidad posible de corazones... Se lo veía desilusionado porque la Nueva Tristeza no se parecía en nada a “su” amor.
...Pero una mañana cercana, la Derrota, uno de los más desobedientes de todos los Caprichos, le sopló algo al oído... Así fue como se le reveló el sitio en que se encontraba “su” Capricho preferido... “Su” amor, el que había buscado sin éxito a lo largo de tantos siglos y por tantos lugares diferentes, aprovechando sus vacaciones y los días de licencias que se le otorgaban cada año...
Una Envidia irresistible le fue con el chisme al Sufrimiento que, haciendo gala de su cara de inocente, embaucó a su jefe, el Señor Destino, y consiguió su traslado... ¡Todo o casi todo se propagaba rápido entre esa clase de criaturas...! ¡Si ni los Dioses sabían guardar un secreto...!
...El Entusiasmo, si bien nunca llegó a entenderlo del todo, le dio ánimos y un poco de sus ínfulas... Entonces, el Amor se tomó licencia sin goce de sueldo para poder viajar con tranquilidad... Así fue como, una vez designado su reemplazo, él se vino a este lugar lejano para reconquistarla...
Llegó a un territorio con nombre prometedor... ¡Una ciudad impúdica...! No tuvo conciencia, no especuló, ni siquiera reparó en las consecuencias futuras que podrían derivar de sus actos... Apenas un par de ideas certeras lo mantenían en pie: una, era el objeto de su amor; otra, el convencimiento de no volver a cometer el error de descuidar su trabajo y dejar que algún inocente padeciera por su culpa.
...Ya nada lograría volver a ser como antes... Parecido a aquella primera vez en que confluyeron sus caminos, los Caprichos desataron tal desconcierto en los corazones de los humanos, que la vida de las personas y de los Caprichos mismos, se tornó un caos... En medio de todo eso estuvieron los hombres y las mujeres envueltos por estas batallas de amor, tristezas, odios y obsesiones; historias como tantas otras que se podrían contar en esta vida, en este mundo, pero que sólo podían suceder en esta ciudad... Y como los Dioses tenían bastante relegada de su orden de prioridades a la sucursal de La Plata, nunca llegaron a enterarse de todo lo que nos pasó...
Isolina llegó de su tercera clase consecutiva después de haber salido de la escuela... Se moría de ganas por ducharse, comer algo rápido y acostarse que, al día siguiente se tenía que volver a levantar a las seis...
Pero se encontró con que en su casa se había armado una gran comida. En medio de un aire risueño, totalmente ajeno a ella, cenaron.
Ambos matrimonios eran amigos y, los invitados solo convencieron para ir a la reunión a sus dos hijos menores...
Isolina tuvo que olvidarse de los planes que se había hecho, postergar sus deberes de inglés y sentarse a la mesa sin bañarse...
Remigio, se mostró de lo más maleducado, estaba molesto porque esa mañana había desaprobado otro examen... A los dieciséis años, se sentía excluido de lo bueno de la vida, si era que tal cosa existía... Se agobiaba en la escuela, con los amigos ya no se divertía, y sus padres lo obligaban a ir a cenar con gente adulta y aburrida...
Isolina se fue a dormir temprano y lloró toda la noche.
Alegría la vio y se compadeció de ella: “la niña más triste”, pensó... Poco después, exponiendo el tema entre sus compañeros de trabajo, el Amor le explicó algunos de los motivos...
-...Es que tu niña ama a un tal Remigio... –le confirmó.
-Ya veo... ¿y él? –le preguntó.
-No lo sé... No consigo ver nada dentro de él... –reconoció el Amor.
-Es imposible que una pequeña de quince años esté enamorada... –sostuvo, segura y tajante, la Tristeza.
...Ella, había hablado para lucir su voz y para que ninguno de los Caprichos se olvidara de que ella también integraba la mesa.
-¡Va a padecer muchas penas, pobrecita! –afirmó Consuelo-. ¡Tendré que estar atento...!
-Solamente sufrirá si su amor no es correspondido... –aclaró la Alegría...
-...Pero no sabemos si el jovencito la ama... –destacó, otra vez la Tristeza, que ya se estaba relamiendo con la historia...-. Ella piensa que el tal Remigio no la registra...
-¡Amada Tristeza, tal vez mi carrera se me vaya en ello, pero esa niña, lo va a enamorar, créame, como que soy el Amor!
...Y Alegría festejó, seguía creyendo que el amor era un excelente juego.
...Aquel día, Isolina salió del colegio, almorzó una hamburguesa en la plaza y se fue directo a lo de su profesora de piano y solfeo; a ella no le gustaba en verdad, pero tres años atrás su madre la convenció de que le iba a gustar.
…A la hora, volvió a pisar la calle y se dirigió al instituto de inglés. Desde los diez que estudiaba idiomas y se alegraba de ello, porque pensaba que le serían de utilidad, al menos en el futuro, si era que definitivamente confirmaba que seguiría periodismo... De hecho, a principios de este año, ella eligió, en su escuela, la orientación “comunicación” y aún no se arrepentía; varias ex compañeras le habían contado que la división de “naturales” era un desastre...
Para cuando llegó a su casa, a eso de las cinco, no había nadie, se preparó un te, hizo algunos de los ejercicios que le habían encargado, hasta que se puso a pensar...
¿Cómo desoír sus sentimientos...? ¿Cómo no responder debidamente a sus emociones? ¿Cómo escapar...? ¿Cómo no dar un paso hacia adelante, al menos uno, frente a su deseo por Remigio? ¿Cómo ignorar su necesidad de él...?
El riesgo. El juego. El fuego. El premio...
...En ese momento, el Amor escribía: “...Isolina Crespo ama a Remigio Ruzzo y hace lo que está a su alcance para conquistarlo y enamorarlo...”.
...Bien podría haber archivado la frase que anunciaba que Remigio amaba a la pequeña, pero consideró que eso hubiera sido jugarle sucio a “su” Tristeza que apostó por el fracaso de la relación... Y Tristeza, ¿ella también respetaría las reglas del desafío? ...Era que todos tenían derecho a jugar, y ellos también, claro.
...En un segundo todo cambió para Isolina que, irrefrenablemente, como por un sortilegio, tuvo que salir, aunque hacía un ratito que había llegado...
Caminó las cuadras que la llevaban a la casa del chico del que ya no le importaba si se burlaba de su voz aniñada, ni si se hacía el interesante con todas sus compañeras de la escuela...
El hermano mayor le abrió la puerta a Isolina y le confirmó que Remigio estaba tratando de estudiar en su habitación... Golpeó y entró sin esperar la autorización... Y ahí lo vio, como nunca, como la primera vez...
Confirmó que lo amaba y no se asustó de la cara de malo que tenía. Aún de pie, llegó a observar su libro de francés apoyado en la cama y descubrió que no era contra ella, Remigio siempre odió el francés...
El hermano la incitó a ponerse cómoda a la vez que les trajo unas galletitas...
-Hola –le dijo dulce.
-¿Qué hacés por acá? –así la saludó él.
-Estaba aburrida y me dieron ganas de tomar helado y pensé que...
-Y no puedo... Mañana tengo que entregar esto y dar un examen... No puedo...
-Sí que podés... Si yo resuelvo tus ejercicios y te preparo un buen machete, podés...
-¡Yo estoy un año más adelantado que vos! –se hizo el grande-. No creo que sepas esto...
-Hace cinco años que voy a la Alianza, creeme, podría ser tu profesora... –se llevó una galletita a la boca, tomó el libro y le sacó el cuaderno de la mano-. ¿Vos no comés...?
-No me gustan...
-¡Qué raro, a todas las personas decentes les gustan las Pepas!
-¡Entonces, no seré decente...!
-¡Bueno, eso es más tentador...!
-¡No me provoques, nenita, porque...!
-¿...Por qué, qué? ¿Por qué, no? No amagues más pibe... Ya no me digas lo que harías conmigo, ¡hacelo!
-¿Qué te hacés tan la canchera...? ¿Sabés besar? ¿Alguien te besó, alguna vez...?
-Esas cosas no se cuentan, se demuestran... ¡Y creeme, sé besar...! ¡Y cuando quieras una demostración, me avisás...!
...Al instante, empezó a reírse, por lo que había dicho, por la cara que puso Remigio al escuchar su reacción... Ella reía como si reír fuera lo mejor que hacía.
Une personne qui travaille dans une maison d’édition parle de son entreprise.
“Je travaille dans une maison d’édition qui publie des livres pour enfants et qui... du grand groupe de presse “CEP communications”. Nou bureaux... à Paris dans le quartier de Montparnasse mais nous... plusieurs antennes en province. Cette maison d’édition... plusieurs services: le service de l’édition et le service comercial au premier étage, le service de la fabrication au deuxième étage. Au rez-de-chaussée, il... aussi un service d’accueil du public et une salle de documentation. Notre entreprise... environ trente salariés...”.
Muy instalada en la cama, Isolina no tardó de más de veinte minutos en terminar los trabajos y los machetes...
-¡Los helados los pagás vos, ¿no?! –le dijo ella invitándolo a salir, o a vivir...
“¡Es admirable esa feroz determinación suya!”, comentó el Amor, al verla, admirándola...
-Hace frío, ¿estás segura?
-Sí, con frío, se toma despacito y así se disfruta más...
-¡Me inspirás tanta ternura...!
-¿Eso sólo?
-¿Qué tengo que me mirás así...? ¡Sos una calentona! –afirmó Remigio.
-¡Desear es lo más normal de mundo, y yo te deseo a vos!
...Los tres Caprichos desayunaban leyendo el diario... Las noticias de cada día les valían de incentivo.
-...Es verdad que la realidad es más aterradora de lo que me imaginaba –acotó la Tristeza, algo abatida-... Cada vez tenemos menos trabajo...
-¡Es espeluznante, ¿no es cierto?! ¡Qué maravilla! –le susurró el Sufrimiento, insinuante-. Fíjese esto –y leyó un artículo de opinión del diario-:
El presidente estadounidense, George W. Bush, firmó el pasado jueves la ley que lo autoriza a construir un muro doble en 700 kilómetros en el límite sur con México.
“Esta ley hará nuestras fronteras más seguras”, dijo el mandatario norteamericano al instante de rubricar el texto que le envió al Congreso. Escoltado por su vicepresidente Dick Cheney y varios miembros de su gabinete, explicó al respecto: “tenemos la responsabilidad de proteger nuestras fronteras”, y reiteró su pedido a los parlamentarios de buscar la aprobación de un programa de permisos temporales de trabajo para aquellos que busquen inmigrar a Estados Unidos. “Debemos reducir la presión en nuestras fronteras creando un programa temporal de trabajo”, sostuvo. “Somos una nación de inmigrantes, (pero) somos una nación de ley”, aseguró Bush, al tiempo que destacó que su administración trata de modernizar los mecanismos de seguridad en el límite sur, proveyendo a las patrullas fronterizas nuevas tecnologías.
Bush había autorizado un presupuesto de 1.200 millones de dólares para la construcción del muro. La iniciativa fue rechazada por México y varios países de América Central y del Sur, que han calificado desde errónea a lamentable la decisión de Estados Unidos.
1.126 kilómetros de separación, de distancia insalvable... de diferencia...
Ellos festejan la guerra y nosotros la padecemos...
Ellos buscan venganza y a nosotros nos alcanza con la justicia...
Sus muertos son tapa de todos los diarios, pero los nuestros sólo figuran en lápidas...
¡Eso sí, ellos hacen mejores películas que las nuestras!
Ellos se vuelven locos por el petróleo y nosotros elegimos tener los pies en el barro.
Subestiman a la naturaleza pero nosotros no tenemos huracanes...
Nosotros votamos gobernantes desastrosos, pero ellos matan a sus presidentes.
A ellos les encanta jugar con armas, nosotros preferimos juegos más entretenidos.
Ellos engendran terroristas y nosotros sólo engendramos hijos...
Ellos compran la vida ajena, pero nosotros ya no tenemos nada que vender...
¡Claro está que no somos como ellos!
Más que nunca es preciso discriminar entre los que somos y lo que ellos representan y no queremos, por nada del mundo, ser...
Nosotros tenemos el fútbol y ellos deportes de mierda.
Sudacas.
Ilegales.
Panzas sucias.
Muertos de hambre.
Chicanos.
Latinos mugrosos.
Mojados...
¡Podrá ser, pero ustedes son ASESINOS!
Gracias por marcar la diferencia.
-...La nota la firma una tal Lisandra Crimonti... –remató-. Por eso me gustan tanto los periodistas, porque si ellos están bajo mis efectos, a través de su trabajo, mi poder se propaga a mucha más gente de la que puedo calcular... Lectores, oyentes, televidentes que sufren con una intervención indirecta... ¡Viva la globalización! –les explicó.
¡Las noticias eran su virus...!
-¡A esto llamo yo operatividad! –volvió a arremeter-... ¡Las ventajas de la modernidad...! Antes, no quedaba otra más que hacer el trabajo de manera artesanal... –y se echó a reír...
-¡Este muro nos va a traer muchas satisfacciones! –aseguró el Rencor.
-Pero aun así, queda muy lejos... –destacó ella-. Allá sí que debe haber poco trabajo... ¡Ese borracho debe tener buenos consejeros...! Los hombres aprendieron bien, después de todo...
-¡Siempre se pueden perfeccionar, estimada amiga! –le dijo el Rencor.
-Al parecer, pronto, no nos van a necesitar... ¡Es el inicio de nuestra extinción...! ¡No veo los motivos para celebrar...! –de nuevo se lamentó la pobre Tristeza.
-...Me fascina la huella de odio que llevan en el rostro mientras escriben... –soltó de la nada el Sufrimiento acerca del seguimiento que hacía de sus víctimas.
-¿Quiénes, los periodistas...? –repreguntó el otro.
-Sí, ellos... Definitivamente los periodistas son únicos... –explicó el Sufrimiento.
-Mis principales aliados son los banqueros –destacó ella-. ¡La codicia es mi mejor excusa!
-Yo utilizo algo inclusive mucho más potente que la codicia: el amor... Sí, sí, así es, aunque suene curioso estimada Tristeza, no me mire así, es la verdad... ¡Soy como un parásito productivo para nuestro querido Amor...! –Indicó el Sufrimiento-. ¡Si ustedes supieran cuánto hago sufrir en nombre de ese idiota!
…Y la Tristeza guardó silencio y Rencor no opinó al respecto; todo eso formaba parte de una batalla que no era la suya... ¡Sólo la guerra por Pasión le interesaba...!
…Ellos tenían reglas pero que no alcanzaban a cubrir todas las posibilidades de procedimientos... Ante ciertos vacíos legales, Amor se encontró desolado...
Durante semanas venía oyendo que Leopoldo rogaba para tener “amor propio”, y por otro lado, el Capricho estaba convencido de que ese hombre amaba a la mujer que necesitaba echar de su vida... Constanza, la chica más autoritaria, distante y descomunal de la ciudad... ¿Qué tenía que hace él en “el caso: Constanza Andrade/ Leopoldo Huergo”?
...Clarificando, el amor propio de Leopoldo significaba darle el coraje, la fuerza para alejarse de ella... Pero sin ella, él iba a sufrir demasiado... Entonces, llegaba la hora, indirectamente, de premiar o aniquilar a los amantes.
¡Hasta para el Amor era difícil deducir cuáles eran los verdaderos sentimientos de Constanza! A veces, le decía a Adrián, su marido, que lo amaba, y el Amor sentía que era sincera... Otros días, disfrutaba plenamente del afecto y la adoración que le profesaba Leopoldo; y de igual manera, se la veía colmada y feliz... ¡Tampoco era un simulacro...! Pero en contrapartida, ¿cuántas veces, Constanza, con su habitual soberbia, le había asegurado a Leopoldo que no lo amaba?
...Amor hubiera querido escribir que Constanza Andrade amaba más y definitivamente a Leopoldo Huergo, por lo que abandonaba a Adrián Ledesma... Pero no correspondía.
...Los humanos contaban con un escaso margen para poder decidir y ese tipo de descubrimiento y la determinación consiguiente, corría por cuenta exclusivamente de ellos. Todo se armaba en función de no despertar sospechas y dejar a las personas conformes con “su libre albedrío”; para que creyeran que su voluntad tenía peso, que eran los únicos dueños de sus vidas... ¡Falsas dicotomías y opciones engañosas! Así funcionaba el sistema, y el Amor no fue quien hizo las reglas.
Constanza debía elegir, esclarecer su corazón, porque: ¿quién era él para matar el amor que sentía por uno u otro? ¿Cómo podía llegar a ser capaz de suicidarse...?
¡Lo único que podía hacer fue lo que hizo...! Leopoldo era un hombre adulto, cabal e inteligente; y si él pedía amor propio, era porque sabía lo que necesitaba o lo que más le convenía... ¡¿Eso quería?! ¡Eso era lo que iba a tener!
...De esta forma, el Amor, delineó con trazo algo dubitativo el deseo que ese ser tantas veces esperó que se hiciera realidad...
El Señor Destino entró a su oficina, era algo que se podría considerar bastante lógico por tratarse de su jefe, o hasta habitual como parte del procedimiento laboral; pero a la Señorita Casualidad le produjo mucho escozor verlo frente a ella...
Sus obligaciones no habían sido las que lo llevaron allí, fue su ego, la contienda particular que llevaba a cabo con su hermanastra, ésa era la razón...
Él sospechaba que Casualidad conocía algo, un secreto importante y suculento, acerca de la Señora Suerte, algo que ella ocultaba y guardaba con recelo... En muchas oportunidades las había visto cuchichear... El Señor Destino estaba seguro de que esta Señorita sabía de qué se trataba y él estaba dispuesto a averiguarlo, le costase lo que fuere...
-Estimada Señorita... –y detuvo su discurso, no sabía cómo continuar-. ¿Cómo anda todo por esta oficina?
-Muy bien, Señor, todo en orden –no creyó su intención de ser amable-. ¿Algún problema? ¿Tiene alguna queja sobre mi proceder...?
-No por ahora, Señorita... Pero tengo una duda que sé que usted puede despejar... Me gustaría saber si hay algo que quisiera contarme...
Casualidad repasó sus memorias y al no hallar nada que decirle, le aseguró:
-No, Señor, usted lo sabe todo, ¿qué podría contarle yo que usted no supiera...?
-Muy buena pregunta, Señorita, a decir verdad, no puedo enterarme de todo, absolutamente todo, no soy un Dios... y, efectivamente hay algo que usted sabe y que yo necesito conocer...
¿Por qué ese crápula la trataba de igual a igual? ...Si ellos no se parecían... Si él la despreciaba y ella lo aborrecía... Le repugnaba su proceder...
“¿Por qué el Destino me habla de este modo? ...Porque cuento con una información que jamás conseguirá, mensajero crápula...”, reflexionó velozmente... Ahí radicaba su poder sobre él... ¡Sobre el Señor Destino, nada menos! ¡Un poder que hacía que se doblegara ante una Señorita...!
-Si en mis manos está ayudarlo, considérelo un hecho, estimado Señor –le mintió-. ¿De qué se trata?
-De la Señora Suerte... Valoro que no dé rodeos... Quiero saber cuál es el secreto de mi maldita hermanastra... –dijo, deshaciéndose por convencerla...
-Padrino, desconocía que la Señora Suerte tuviera secretos...
-Los tiene, querida...
¡Y vaya que los tenía...! ¡Y ella sabía, al menos, de uno!
...El Señor Destino hubiera pagado con creces por semejante información, habría hecho cualquier cosa con tal de saberlo, pero ella no le revelaría aquello que llevaba callando por siglos... Casualidad no le iba a contar, ella era perfecta, no tenía el defecto de propagar penas ajenas... Además, hablar, significaba la ruina de la Suerte y en verdad no tenía nada en contra de ella; en cambio, el Señor Destino, era un ser tan detestable...
Quería gritarle, insultarlo, decirle todo lo que pensaba acerca de él... Necesitaba descargar su impotencia en alguien, aunque hacerlo frente a su patrón, no era la opción más indicada.
-Perdone mi ignorancia, Señor...
-Dígame lo que quiero saber y le daré a cambio lo que usted quiera... Sólo tiene que hablar... ¿Qué es lo que más desea en este mundo? ¡Piénselo bien! Piense en eso por lo que sería capaz de morir con tal de tenerlo...
-¡No podría morir, Señor Destino! –exclamó, como si se lamentara.
-Piense, tiene que haber algo que quiera más que todo...
“¡Que alguien me ame!”, afirmó mentalmente, pero no se lo dijo; total, él no podía conseguírselo. “¿O sí...? ¡Tal vez, si hablara...!”.
-No se me ocurre nada, padrino... –gimoteó por fin.
Ella debía ser la única que conseguía guardar un secreto...
“A lo mejor podría extorsionarlo, venderle la información”, pero reconsideró la idea y creyó mejor, más sensato, seguir haciéndose que ignoraba por completo el tema... “¡Muchas veces, no saber es más conveniente y saludable...!”.
Casualidad no era una Señorita de muchas palabras y menos le agradaba aún propagarlas por los cuatro vientos. Su problema, su defecto, era su constante inconformismo... “¡Si aprendiera a aceptar mi suerte sin quejarme ni cuestionarme...!”.
Ninguno de los vaticinios que le habían hecho, se habían cumplido... Esos que daban cuenta de su prosperidad, que anunciaban un amor profundo, el más comprensivo, tierno y apasionado... “Un ser con el cual complementarme...”. ¡La buenaventura vedada...! Ninguna de esas predicciones tuvo asidero en la realidad... No sabía por qué estaba tan apurada, si al fin de cuentas, tenía todas las vidas del universo para llegar a ser feliz...
Por un momento especuló con exigirle al Señor Destino sus merecidas vacaciones que siempre eran postergadas por razones insignificantes. Finalmente desistió, “pedirle algo a este canalla rufián... El alcahuete de los Dioses... Deberle algún favor... ¡No!”, se convenció; además, no se las concedería...
-Volviendo al tema, querida Casualidad, andan asegurando por ahí que usted es responsable de aquellos atroces accidentes que tuvieron lugar en Europa, los de hace unos meses...
-Sabe que mi poder no tiene alcance cuando se trata de la vida o la muerte, Señor...
-¡Lo ve...! Le voy a decir una cosa... La Suerte, a la usted tanto protege, disemina su desastre y todos la culpabilizan a usted, querida ahijada, ¿no cree que eso es muy injusto? ...Entonces, ¿por qué aún le guarda tanta fidelidad...? ¿Qué le prometió ella? ...Porque yo puedo darle el doble o el triple, ¡lo que usted desee!
-No hay nada de eso, estimado Señor –y la sensación de sentirse la Señorita más desdichada de la galaxia, volvió a asaltarla...
-¿Es devoción o... o acaso le teme por algo? ...Yo puedo protegerla, estimada mía. ¿La tiene amenazada?
-No, Señor.
-Entonces, ¿está dispuesta afrontar el castigo por los males que le achacan, ésos que produjo esa abominable Señora? –y desplegó una lista de falsas imputaciones...
Las acusaciones la tomaron por sorpresa. Finalmente cayó en la cuenta de que el crápula no podría probar ni la más mínima de aquellas barbaridades... Pero si le creían, la sancionarían severamente... Sin embargo, se imaginó que algún Dios intercedería por ella. Tuvo miedo.
“...Ya es tarde para echarme atrás... Este maldito no me sacará ni una palabra...”.
-Señor, no sé qué decirle en verdad... Yo sé que ninguno de aquellos sucesos tuvo que ver conmigo... Pero si debo hacerlo, acataré las consecuencias...
-Pero los dos sabemos que eso no es necesario...
“La Señora Suerte, ella más que ningún otro, me tendrá que respaldar...”.
Asimismo, el Señor Azar le debía unos cuantos favores, varias veces le había salvado el pellejo evitando que hiciera el ridículo ante los Dioses... Y por otro lado, sopesó: “nadie puede contra el Destino...”.
...Se sintió a punto de desfallecer, pero a penas fue una elucubración, ella nunca se había desfallecido; no podía saber lo que se sentía.
...Caviló acerca de sus posibilidades... Eran pocas... Hablar con los Dioses y presentarles sus quejas, revelarles las amenazas que le hizo el Señor... Pero ésa era una invitación a estropear su existencia. Recobró la cordura... Siempre había respetado la verticalidad del sistema, nadie tenía motivos para quejarse de ella.
-Usted sabe, Señor, cuánto lo admiro –largó por fin-. Haría cualquier cosa por complacerlo...
“...Aunque para ello ya está otra...”, pensó en un segundo...
-...Pero no puedo decirle lo que no sé, padrino... –continuó con su defensa-. Muchas veces me hizo la misma pregunta, y de nuevo tengo que volver a contestarle lo mismo: que no sé nada acerca de la Señora Suerte...
Algo andaba mal para el Señor Destino... Algo no estaba saliendo como esperaba. Había pensado que con sus nuevos métodos coactivos, con un simple apremio, esta Señorita insulsa y frágil, se entregaría, pero otra vez se mostraba hermética. Las acusaciones del Destino no tenían consistencia, y él era conciente de ello; Casualidad era una empleada modelo, dedicada y con un sofisticado estilo para resolver situaciones problemáticas.
Ella, por otra parte, creyó que estaba a punto de quebrarse y ponerse a confesar pecados ajenos, aceptar cualquier responsabilidad...
“Podría inventarle algo convincente con tal de que me deje en paz... Un cuento de mentiras...”. Casualidad no tenía historias propias que contar... “Mil vidas gastadas en vano...”. Igual, se mordió los labios hasta hacerlos sangrar; esos labios que nadie besaba...
“¡La inutilidad de los sentidos!”.
Sobrevivir era bueno, pero tampoco lo era tanto...
Permanecieron en silencio bastante rato...
El Señor reflexionaba sobre las palabras que la convencieran de pasarse a sus filas, mentalmente formuló promesas e ideó nuevas amenazas... Pero siguió callado.
Casualidad se debatía sobre qué hacer... Él podría echar a perder su carrera y no pretendía comprobarlo... Así que otra vez reprimió sus impulsos y tampoco habló.
El Destino detuvo su presión, no quería exponerse a ser demandado por esta maldita criatura desleal...
-¿Así que usted va a seguir encubriendo a esa odiosa...? Muy bien, aténgase a las consecuencias, entonces... –remató y abandonó la oficina de los Sueños Posibles.
...Cuando la Señorita Casualidad era Capricho, se divertía más, saliendo a pasear, compartiendo extensas charlas con sus colegas y amigos, disfrutando de una hermosa ciudad... Todavía recordaba aquello con vivaz intensidad, a pesar del tiempo transcurrido...
Ahora, pasaba cada momento encerrada en ese sitio espantoso, aburrida, trabajando todo el día y rodeada de seres que la ignoraban... Pero ella siempre había aspirado a un cargo de categoría, pensaba que en “El Ministerio” iba a hallar al amor de sus vidas...
“El Ministerio” resultó ser la prisión más sofisticada, y el Destino era su perfecto carcelero...
“Si pudiera elegir, pediría nacer de nuevo, como mortal...”.
...Era preciso que depurara y desinfectara sus emociones... Se consolaba juntando a los hombres y mujeres, como quien no quería la cosa, los empujaba a encontrarse hasta que se enamoraban... Igual, tampoco eso le alcanzaba... ¡La única que no tenía consuelo era ella! Sufría al no tener con quien compartir, a lo mejor tendría que hacer lo mismo que Esperanza... Probar otros aires, tentar a su quietud, aventurarse en un camino incierto... ¿Se atrevería alguna vez a hacer algo por ella misma, algo como revertir su insignificante existencia en este planeta?
...Después de tanto atormentarse con sus pensamientos, se convenció de que debía dialogar con la Señora Suerte, a lo mejor ella sí podía ayudarla a cambiar su realidad. “¡Tengo que ponerla en alerta, y así, me deberá otro favor...!”. Esta idea le agradó, así que se anotó en su ayuda-memoria: “¡suplicarle o exigirle a la Señora que cambie mi suerte!”.
...Esa mañana, Incertidumbre, cuando le consultó un par de pavaditas al Señor Destino, se hizo de tiempo suficiente para mover los hilos de la trama entre Augusta y Basilio... Y forzó un nuevo encuentro entre ellos para que volvieran a estudiarse y que Augusta pudiera completar su entrevista.
“Hola, qué tal, señorita, mi nombre es Augusta Palmero, estuve hace unos días con el doctor Rosales y llamaba para ver si era posible concertar otra cita con el fiscal... ¿A las once...? ...Mirá, a las once me queda un poco complicado, como temprano, podría llegar a las once y media... Muy bien, perfecto, entonces quedamos mañana a las once y media... Mil gracias, hasta luego”.
Puntualmente, Augusta volvió a trepar al ascensor que había depositado a Basilio en su mundo...
La secretaria con la que había hablado, le informó que tendría que esperar al doctor Rosales unos minutitos porque estaba ultimando los detalles de un juicio.
¡Era mentira! ...La joven había recibido la orden tajante de retener a Augusta en la recepción el tiempo que Basilio considerase necesario...
Obediente, haciendo gala de una paciencia artificial, infinita, ajena; se sentó en una de las butacas... Sacó de su bolso el nuevo libro que venía leyendo, al verse imposibilitada de tomar el atado de cigarrillos que la miraba con insinuación...
...Pasaron veinte minutos... Luego, contabilizó cinco más...
-¿No sabés si tendrá para mucho...? –le preguntó a la muchacha, hastiada y deseosa de fumar...
¡...Cuarenta minutos exactos! ¡Cuarenta y otros diez minutos más...!
-¿Podrías llamarlo para ver cuánto le falta...? –volvió a hablar Augusta.
-Disculpe, pero no puedo molestar al doctor... –le explicó la eficiente secretaria que ya empezaba a compadecerse de ella...
-¡Lo debés interrumpir para decirle cada pelotudez! –rezongó, retomando su habitual mal humor...
-Lo siento, pero no puedo...
¡Una hora clavada...! Ése fue el tiempo que transcurrió mientras Augusta aguardaba y Basilio la vigilaba desde su oficina con la intención de que el reloj amansara a la fiera, o por lo menos, le bajara los humos a la periodista...
Entonces, tras una hora exacta, el doctor Rosales abrió la puerta, despidió al amigo con el que había estado haciendo planes para una de esas noches y enfrentó el rostro de esta mujer.
-Ahora sí... Perdóneme la demora... ¡Pasemos a la oficina! –anunció el fiscal.
-Permiso... –pronunció Augusta, aún educada, al entrar...
-Pase, siéntese... –y Basilio la besó en la mejilla, como si fueran amigos o se conocieran de otra vida...
-¡Qué bueno, estaba a punto de irme...! ¡Nunca me quedó bien el papel de la que espera pacientemente...!
-Si se hubiera ido, hubiese salido perdiendo...
-¡Créame, doctor, usted también hubiera perdido conmigo...! ¡Y eso, hubiese sido una lástima, ¿no le parece...?!
-Ustedes, los periodistas son todo un caso, ansiosos, imprudentes... ¡Son una bomba de tiempo! –soltó.
-¿Tiene algo en contra de los periodistas?
-¡No!
-Porque yo sí, y créame que me diferencio de todos ellos. ¡Yo no soy como nadie que haya conocido!
Basilio era un tipo para devorar, como un buen libro, de esos que ella acostumbraba leer...
La Señorita Incertidumbre, se encargó de que dejaran de tratarse de usted, para que se distendieran, propiciando la continuidad de la historia...
-...Yo entiendo perfectamente que vos tengas apuro para publicar tu trabajo que, por lo que veo, es bastante completo... Pero tengo que pedirte que no lo hagas todavía...
-¿Cómo? –objetó o se quejó ella.
-...Que si la nota sale a la calle, el caso se me va al carajo... y yo necesito más pruebas para que el juez me dé la orden de captura... ¿me entendés?
-Sí... ¡Dos semanas!
-...
-En dos semanas, la nota se publica, mi jede de redacción está ansioso y eso deja de depender de mí... yo, más no lo voy a poder retrasar...
-¡Parece que estás apurada...!
-Si querés, podés invitarme a salir y te sigo explicando cómo son los tiempos del periodismo... ¿Algún problema...?
-No, creo que no va a haber ningún problema... ¡Todo está más que bien! ...A mí me gusta abajo, así que va a ser genial...
Augusta se alegró porque notó que tenían mucho más que un par de enemigos en común...
-¿Almorzaste? –le preguntó Basilio, para ir poniéndole fin a la entrevista.
Y a lo lejos, Pasión sonrió, y más lejos aún, Incertidumbre se puso a aplaudirlos y desconcentró a todos los empleados de la oficina de Sueños Posibles en “El Ministerio”.
Cada quien andaba con lo suyo mientras que él trataba de dormir... Pero de tanto abrumarse con sus ideas, el Amor, sólo consiguió enredarse en sus feroces pensamientos...
“¿Qué futuro les podrá tocar a los hombres? ...No a uno en particular, no alguno que haya inscripto en mis papeles; pienso en el Hombre, en general, el género humano... ¿Qué les deparará cuando el mañana sea un hecho? ¿En qué planeta lo vivirán?
...Seguramente, también en aquel momento habrá otros ojos que miren. Otros dedos que sujeten... Pieles que guarden historias. Orejas que escuchen secretos... Otras manos que maten. Nuevos cuellos que se dejen besar. Lenguas deseosas que busquen... Otras bocas que mientan...
¡Almas y personas...! ¡Guerras y pecados...! ¡Será como todo lo anterior!
...Como un espiral que se conduce por un camino que se cree estrenado, pero que sin embargo, toma un cause conocido, repetido, cíclico, natural como la muerte... Tiempos divididos por épocas muy parecidas entre sí... La historia que se continúa para complementarse, para darle la oportunidad al Hombre de enmendar errores, perdonar al pasado, usufructuar al presente y reconciliarse con el futuro; en fin, con la vida... Una condena para la mayoría que no llega a ver más allá... Una reivindicación para otros. ¡Continuidad, más que repetición! ...Porque esa historia no gira en el mismo lugar, sino que en cada vuelta, desplaza su eje, dándoles la chance de observar el recorrido, de apreciar los resultados, descubrir las fallas; de aprender... ¡La vida es inmortal! Pero así como los Dioses son sordos, los Hombres son ciegos.
...Otras personas vivirán las realidades que a muchos les ha sido vedada. ¡Serían como uno! ¡La incongruente fantasía se creerse único en este universo! ...Si lo vieran, al menos... Un ser humano no muere si existe otro capaz de valorar aquella vida, cada vida. La existencia se complementa con las demás existencias. Una persona es persona junto a otra persona... Los otros le dan sentido a uno. Como la madre pare al hijo, pero es el hijo quien desde ese momento, el que reviste de razón de ser a la madre. ¿Alguna vez llegarán a comprenderlo, o continuarán anulándose entre ellos para sentirse únicos y superiores? ¡Seres necesarios e indispensables en este mundo para proseguir en el camino! ¡Todos los rumbos inciertos iluminados por otras personas! ¡Ellos son lo que aman! ¡Cada uno es lo que ama!
...Pero prefieren ignorarse, separarse, destruirse, aislarse. No depender de nadie los hace sentirse fuertes. ¡Eternidades estropeadas con envidias insensatas!
...Probablemente, su futuro sea igual que el pasado. ¡No escuchan sus memorias! ¡No leen sus libros! ¡No quieren ver! ...Seguirán permanentemente insatisfechos, tanto, que no llegarán a reconocer lo bueno con lo que cuentan...
...Poco cambiará cuando llegue el mañana para la humanidad... Si no aprenden, sólo anhelarán lo que tendrán los otros.
¡Qué futuro los esperará!
¿Cuál se merecerán? ¿Cómo lo construirán? ¿Sobre qué bases lo cimentarán? ¿Qué harán ellos por su propio porvenir? ¿Por qué lucharán? ¿A causa de qué serán capaces de dar sus vidas? ¿Con qué armas quitarán otras vidas? ¿Para qué seguirán adelante? ¿Cuánto más derrocharán? ¿Qué no desperdiciarán?
¿Qué gritarán? ¿Qué murmurarán? ¿Qué se callarán? ¿Sofisticarán sus métodos para hacer daño? ¿Descubrirán nuevos venenos? ¿Inventarán mejores medicinas? ¿Cómo curarán sus dolores? ¿Qué fumarán? ¿Dónde los dejarán fumar? ¿Cuánto les costará fumar?
¿Qué los desvelará? ¿A dónde acabarán sus miedos? ¿Qué los hará sentirse dichosos? ¿Cuántas veces por día se van a reír?
¿Qué elegirán: matar o morir? ¿Matar por qué? ¿Morir por quién? ¡Si matar y morir es lo mismo...! ¿Llorarán por amor o por dinero? ¿Qué no harán por dinero? ¿A cuánto se venderán? ¿O se alquilarán? ¿No sería más rentable prestarse? ¿También venderán sus conciencias? ¿Y a qué precio? ¿Cuántos serán capaces de hacerse valer? ¿Qué les faltará comprar? ¿Habrá algo que tenga verdadero valor y se pueda cambiar por dinero? ¿Cuántos cuidarán más a sus autos que a las flores?
¿Cuándo se detendrán? ¿En forma de qué les llegará la resignación? ¿Podrán distinguir entre el premio y la reprimenda? ¿Cambiarán algo? ¿Habrán escarmentado? ¿Serán capaces de reconocer los milagros? ¿Recuperarán su magia? ¿Qué los conmoverá? ¿También se tragarán sus lágrimas? ¿Por cuánto tiempo podrán hacerlo? ¿Sus lágrimas, seguirán teniendo el mismo sabor?
¿Qué enemigos elegirán? ¿Qué desgracias los abatirá? ¿Con qué entereza las afrontarán? ¿Cuánto les durará el orgullo? ¿Tendrán paciencia? ¿Tendrán remordimientos?
¿Continuarán mintiendo? ¿Continuarán creyendo? ¿Querrán oír la verdad? ¿Y verla? ¿A quién extrañarán? ¿Cuándo dejarán de recordar? ¿Qué recordarán: lo bueno, lo malo? ¿De qué manera recordarán las cosas buenas que vivieron? ¿Para qué recordarán lo que les hizo daño? ¿Qué parte de la historia se ocultarán?
¿En qué objetivos gastarán sus energías? ¿Cuáles serán sus prioridades? ¿Qué problemas tendrán? ¿Serán distintos a los de ahora? ¿Qué dudas los guiará? ¿Cuáles verdades los confundirán?
¿Qué será lo que aprecien? ¿Alguna vez desecharán aquello que merezca ser descartado? ¿Qué luces apagarán? ¿Cuántas vidas quedarán en el camino? ¿Cuántas guerras librarán? ¿Seguirán siendo todas tan estúpidas? ¿Qué priorizarán, lo mismo de siempre? ¿Cuánta sangre precisarán? ¿Será que por fin les alcanzará con la propia?
¿Qué sueños resguardarán? ¿Cuántos cumplirán? ¿Harán algo por los otros? ¿Harán algo por sí mismos? ¿Todas las vidas se considerarán importantes, o seguirá todo igual? ¿Podrán matar a la memoria, o les alcanzará con matar la vida? ¿Y los que queden vivos, querrán recordar? ¿Con qué imaginaciones se alimentarán? ¿Qué palabras usarán? ¿Valdrá la pena esperar para ver ese futuro? ¿Qué les quedará por arruinar? ¿Y lo arruinarán?
¿Seguirán corriendo? ¿Hacia dónde? ¿Llegarán algún día adonde esperan llegar? ¿Qué harán cuando lleguen?
¿Cuándo se despertarán?
...En el futuro, muy probablemente, habrá algunos hombres con ojos que miren distinto... Con secretos contados de oreja a oreja... Con otras manos que maten lo mismo. Con nuevas bocas con más mentiras. Nuevos Hombres, parecidos, inexpertos en continuar historias... Seguramente, así será el final de la humanidad que me toque presenciar...”.
...El Amor pensó que pensando así no conseguiría conciliar el sueño... Pero no pudo evitarlo tampoco, las tristes frases brotaban infectando sus cavilaciones. Finalmente, cerró los ojos con la esperanza de anular su mente. Pretendía dormir ignorando los efectos que el exceso de comida producía en él.
...Varias de las siguientes noches, Basilio y Augusta se las pasaron intercambiando posiciones, cediendo terreno un día, recuperándolo en otra oportunidad... Estuvieron en la cama cómoda y suave de él; en la de ella, amplia y turbulenta como el mar...
-Contame algo de vos... –le dijo él.
-No sé qué decirte, no estoy acostumbrada a hablar de mí... ¿Qué querés saber? –se arriesgó.
-¿Amores...?
-¡Pocos, pero intensamente enloquecedores! –admitió y a la vez sonó a invitación-... ¿Sos celoso?
-Creo que no... –dudó.
-Eso es bueno... ¡No tenés idea de lo bueno que es! –afirmó, soberbia, orgullosa y digna.
-¡No lo puedo creer...! ¡...Fumás marihuana en la cama de un fiscal...! ¡Sos única, sabés! –le dijo en uno de los intervalos.
-¡No pretendas hacerme creer que nunca fumaste...!
-¡Es verdad, jamás fumé eso, y al cigarrillo lo dejé hace dos años! –le confirmó...
-¿Vos nunca fuiste a la facultad? –le preguntó una idiotez para burlarse de él.
-¡Parece que Derecho es bastante diferente a Periodismo...! ¡No sé qué imagen tendrás vos de la facultad...!
-¡La mejor! –le aseguró.
-...
-¿Estudiaste en la Católica? –insistió en saber...
-No, ¿por...?
-Porque no parece que hubieras ido a la facultad pública...
-Yo no iba a la facultad para drogarme...
-Yo tampoco, pero por suerte, aprendí muchas más cosas de las que esperaba... ¿Querés probar?
...Formas de vidas distintas... Personalidades contrapuestas... Placeres complementarios...
-¡Me tengo que ir...! –anunció al rato.
-Te llevo –le ofreció Basilio-. Preparate todo que ahí vuelvo...
Él se levantó de la cama y se metió en el baño. Y cuando entró de nuevo al cuarto, ella seguía recostada, intacta enredada en la almohada...
-¿Y, qué pasa...?
-¡Me parece que me arrepentí, no me voy nada!
La progenitora lloraba desconsoladamente, como si la criatura que había llegado al mundo hubiera sido un engendro destinado al fallecimiento... Pero no, el ser era tan inmortal como aquéllos que la habían procreado...
La reconocieron por la sonrisa que la pequeña lucía inevitable y permanentemente...
Su madre seguía llorando entre lamentos... El Señorito Pudor, sin embargo, aunque tan dolido como su pareja, pretendía mostrarse un poco más sensato y discreto respecto a sus sensaciones... Entonces, desesperada, la Señorita Lástima, intentó hacer algo absurdo para lo cual le suplicó ayuda a la Señora Belleza...
-¡Señorita, esta criatura será hermosa! –le explicó.
-Lo sé, pero si usted tuviera el agrado de maldecirla, tal vez ella...
-No hay nada de esto que dependa de mi intervención... ¡Será hermosa, aun a pesar mío! ¡Esto es producto directo de los Dioses, Señorita! ...Como se habrán dado cuenta, la chiquilla ha nacido Risueña y ésa ha sido una determinación Divina... –expuso la Señora.
-Pero si fuese fea, a lo mejor ellos la rechazarían... –la progenitora fundamentó su deseo.
-¡Cállese, por favor, no sabe lo que dice...! Si yo no cobijase a la pequeña, sería infeliz; no obstante, con la gracia natural que muestra tener, será una excelente Risueña y le aseguro que tendrá millones de vidas gozosas...
-¡Pero tan lejos de nosotros...! –ahora sí se lamentó el Señorito Pudor...
-Así son las reglas, querido, y ninguno de nosotros puede quebrarlas...
-¡Reglas injustas hechas por Dioses perversos...!
-Incluso así, siguen siendo reglas que hay que obedecer... –determinó la Señora.
¡Que la pequeña fuese una Risueña, era un castigo para la pareja...!
...Según los Dioses, tal como lo habían establecido Ellos mismos siglos atrás, la criatura nacida Risueña debía ser criada por aquéllos que la engendraron hasta que ella cumpliera las trece infancias, entonces, se consideraba que había llegado el momento adecuado para que la joven comenzara a vivir su nueva realidad, para la cual había nacido... El día convenido por los Dioses, una Risueña Adulta, se acercaría a la familia para llevar a la muchacha a “El Deleite” para iniciar su instrucción...
¡Entonces ellos nunca más volverían a ver a su hija...! ¡Solamente les quedaría apelar al olvido para expulsar de sus retinas al fruto nacido de su unión...!
La Señorita Lástima continuó llorando, incluso, tras haber notado la siniestra presencia del Señor Destino...
“¡Hubiera preferido que naciera Ángel...!”, pensó como plegaria tardía... “¡Pérfidas Deidades impúdicas...! ¡Malévolos perniciosos...!”.
-¡Malditos sean estos Dioses desconsiderados...! ¡Y maldito usted también por ser su mensajero...! –le soltó al Señor.
-¡Cálmese, Señorita! –dijo el Destino con tono complaciente...
-¡Vaya y cuénteles a esos bastardos qué es lo que pienso sobre Ellos...!
¡Dioses bastardos!, los insultó con exactitud...
-¡Basta de ya de hablar así...! ¡Deje de blasfemar a los Dioses, ingrata criatura! –le gritó el Señor Destino, cansado de oír tantas maldiciones.
-¡Usted es un digno truhán, esclavo de esos Dioses envidiosos y bribones...! –habló esta vez el padre de la Risueña.
¡Calificaron la férrea mirada del Destino puesta al servicio de los intereses de estos Dioses...!
-Escúchenme, por favor... Señorita, Señorito, aunque no me crean, entiendo su pesar... –trató de tranquilizarlos-... ¡Les ordeno que encuentren consuelo! ¡...Y no se olviden de que es un orgullo servir a los Dioses...! ¡Ése sí que es un futuro honorable...! Ahora, Lástima, seque sus lágrimas y dedíquese a cuidar a la niña y no se amargue más que yo mismo le auguro para ella un destino sublime...
-¿Cómo la llamarán? –preguntó a los progenitores la Señora Belleza.
-¡Ira! –respondió la Lástima con una resignación cargada de altanería.
En “El Ministerio de los Sueños” todos estaban muy aburridos, pero la más desolada era esa joven fresca y conflictuada que se encargaba de consignar las páginas destinadas a la oficina de los Sueños Reales.
...Se trataba, otra vez, de la Señorita Casualidad que, desordenada, vigilaba a los hombres y Caprichos, vacíos, y todos distantes de la buena fortuna...
Pero ella no era cualquier cosa, era poderosa, ¡claro que lo era...! Si era capaz de cruzar o atravesar vidas... Cambiar presentes y predeterminar futuros...
...Observó, notó ciertos desbarajustes, se lamentó por su rutina hasta que se decidió a mover ciertas piezas necesarias.
...Como una diablura juntó a un hombre y a una mujer que por muchos años no se habían visto, en una fiesta a la que ninguno podría faltar.
...Para Beltrán, el reencuentro con su vecino de la juventud significó una gran alegría... También de eso tuvo la culpa Casualidad... Román fue a buscar a su novia al secundario donde trabajaba dando clases de francés... Ahí fue que vio bajar las escaleras a su antiguo amigo rodeado de adolescentes, cuyos nombres eran elegidos por la mayoría de los Caprichos...
Beltrán enseñaba comunicación en la misma escuela que Galilea. Él no tenía contactos fuertes como para que presionasen y lo hicieran entrar en algún medio de la ciudad; igualmente, no se lamentaba mucho que digamos... Y desde que se encontró con Román, se pusieron al día con sus vidas y alegrías.
“...Román-Beltrán; Beltrán-Román...”, recordaban que de niños jugaban a hacer versitos y bromas con sus nombres... Le decían a todo el mundo que eran hermanos, hasta que un día, dejaron de ser chicos y la mentira ya no le causó gracia a Beltrán... ¡No quería ser el hermano de Román y de Paulina...!
Lógicamente, él se puso su mejor traje para el casamiento de su amigo...
Durante los últimos quince días se había preparado para el reencuentro, pero nada de lo planificado le dio resultado... No le sirvió ensayar una interesante cara de superado. Tampoco le valió alucinar, inconmovible, con otras mujeres presentes en la fiesta...
Paulina fue la testigo del Civil así que estaba realmente deslumbrante, destacándose sobre casi todas las otras invitadas...
...Frente a Paulina, se quedó desnudo y sin coartada. ¡Tiempo perdido practicando no recordar...! Invariablemente, reviviendo los días en que reían juntos sin remedio... Beltrán la reconoció sin la necesidad de que Román le dijera cuál de todas era su hermana... Además de ella, notó al estorbo que la estaba acompañando.
...La promesa que el Viejo Amor, desmemoriado y resentido, había escrito sobre Paulina y Gastón, estaba envejeciendo.
“¡Tendrán que acomodar ojalillos en el libro del pasado, para no sufrir más de la cuenta!”, conjeturó Casualidad, al observarlos.
...Y cuando Paulina se enteró de quién era ese hombre tan bien vestido, cierta extrañeza se asomó a sus ojos, un sentimiento parecido a la pena o al desamparo... Pasaban en fila frente a ella, una a una, las borrosas, maltrechas, acuosas, páginas de la memoria... Asimismo, entrañables esperanzas se renovaron... ¡La novedad de reencontrarse, de volver a ver a alguien que se creía archivado! ¡Una imagen lejana, que parecía oculta en el olvido!
¡Claro que ese tipo de desvaríos y traumas solían aflorar con frecuencia cuando se dejaban capítulos inconclusos...!
-¿Te acordás de mi, no? –le preguntó Beltrán.
-Sí, más vale... –le aseguró Paulina.
-¡Qué bueno, no te hubiera perdonado que me hubieses olvidado!
...En plena comida Gastón se puso cargoso... La retó porque se había aclarado demasiado el pelo y a él no le gustaba el rubio...
-¿Y lo que me gusta a mí, qué, adónde queda? –le retrucó disimulando ante los demás-. ¡Te das cuenta de que siempre es igual, ¿no...?!
-...Te da aire de tilinga –insistió-. Te hace parecer estúpida.
-Es verdad, cuando pienso que estoy al lado de un tipo como vos, creo que tengo que darte la razón... ¡Una estúpida que elige mal! Ahora, sobre lo de tilinga, me parece que me gusta la idea...
Mientras tanto, ella hacía todo lo posible para engañar a su cabeza distrayendo a sus ojos que no paraban de buscar... ¡Envuelta en medio de sus divagues infantiles...! A su vez, fiel a su estilo, no pudo evitar protagonizar alguna que otra payasada para conseguir llamar la atención de Beltrán, aunque más no fuera, lograr una mirada suya.
...Como los Caprichos eran los impulsos más básicos y naturales que se colaban en la tierra, les costaba adaptar sus instintos elementales a las rigurosas reglas de los Dioses.
Una cadena de poder alterada, ignorada por todos; y aquel mundo se fue convirtiendo en un descontrol, aunque esos vicios fueran cosa de los humanos...
Para ellos, las vidas ajenas sólo servían para estimular su profesionalismo...
Dedicados y perseverantes, pero dispersos y descontrolados... Fueron mezclando sus intereses con sus obligaciones laborales.
...La Señorita Esperanza se dio cuenta de todo rápidamente... Los barcos que llegaban a destiempo, estropeados, o con consignas incongruentes...
Ella y Casualidad lo vieron claramente, porque el Señor Destino, lejano y arrogante como de costumbre, estaba muy entretenido aconsejando a la Señorita Incertidumbre...
Así fue como vieron cruzar la frontera de “El Muelle” a Esperanza y aquéllos que la conocían de antes la encontraron más triste y fracasada que nunca...
Había llegado con la intención de permanecer allí una breve temporada, la necesaria para plantearle a los Caprichos sus quejas y críticas, restaurar el orden y... Pero el fin de su estadía nunca dejaba de ser pospuesta...
...Galilea y Paulina se miraban y entendían lo que cada una pensaba mientras una tipa insensata, con el fin de sobresalir, exponía una ridícula teoría sobre los idiomas.
-...Mi segunda lengua materna... –dijo la ignorante...
-Disculpame que te contradiga... –saltó Paulina que, como Galilea era profesora de francés.
-...Alguien puede saber muy bien otro idioma, incluso muchos idiomas... –le retrucó a la “fronteriza ésta”.
...Ella, algo sabía del tema...
-...Pero a lo sumo se pueden incorporar naturalmente ciertos fragmentos de la nueva lengua, la lengua extranjera y traducir mentalmente el resto... –intervino Galilea.
-...Porque hay cosas que nunca se consiguen, porque sólo se hacen en la “única” lengua materna: pensar, sentir, contar y putear... –Paulina, completó la explicación.
Instantáneamente, Paulina obtuvo la aprobación de Galilea, Román y otros de los invitados de la boda... Pero a ella le seguía rebotando en la cabeza la frase que la insensata ésa dijo: “mi segunda lengua materna...”
-...Lengua madrastra debe haber sido –aseguró, y todos volvieron a reír.
...Cada tanto, como en su juventud, Beltrán volvía a emborracharse para no olvidar que su cuerpo aún seguía vivo... Como ese día, en que se dispuso a tomar todo lo que le sirvieran, para que la reminiscencia de aquellos años no prevaleciera sobre el hombre adulto. ¡Para él, emborracharse era como morir, aunque con la ilusión de volver a despertar...! Hasta que un día empezó a sentir que emborrachándose, moría dos veces: primero, cuando tomaba y, finalmente, cuando se despertaba con jaqueca.
En el momento en que Gastón se puso a bailar con la recién casada, Beltrán le dijo a Paulina, algo así como que la “Paulina actual” se había puesto linda, aunque él empleó otras palabras...
-Me acuerdo perfectamente de vos, aunque te hayas convertido en una chica peleadora y soberbia.
-...Para algunos, la soberbia no es un pecado, para otros es una palabra que no saben cómo escribir... –le contestó fríamente, desconfiada y precavida-. En cambio para mí es una simple cualidad...
-Te convertiste en toda una mujer inteligente, que sabe discutir con altura... –opinó.
-¡Con esta cara, ¿qué querías que hiciera...?! De alguna manera me tenía que esmerar para destacarme sobre el resto... –se sinceró.
-¿Qué tiene de malo tu cara...?
...Y Beltrán recordó las benditas carcajadas de la época en que la adolescencia se empezaba a insinuar.
...Mientras tanto, la Pasión los veía hablar y se tentó de signarles su suerte... Pero igual, prefirió escapar de una cama mal tendida para irse a encontrar con Rencor.
-¿Tenés alumnos particulares...?, de francés, digo... –volvió a hablarle Beltrán, para que ella no se alejara, no se le fuera...
-Algunos...
-...Porque a mí me gustaría estudiar... ¡Estaría piola, me parece...! ¡Vos me podrías enseñar...! Dame tu celular y cuando tenga plata que pueda usar para tomar clases, te llamo...
-Estaría bueno, no te cobraría mucho...
-Eso espero, pero igual tengo que hacer cuentas...
-¿No sería más fácil que, directamente, me pidas el teléfono diciéndome que querés que volvamos a vernos o porque tenés ganas de que sigamos hablando, en vez de inventar esa excusa tonta...?
-¡Si te dijera eso, quedaría feo...! ¡Ahí está tu novio...!
-¡Te lo daría igual...!
...La fiesta terminó y así como Galilea y Román se fueron para su flamante departamento, Paulina se marchó exhausta de bailar a lo de Gastón, y Beltrán llegó a su casa con un aire fresco dentro de él, esperanzado en volver a verla...
...En verdad, la gente no le importaba en absoluto a los Caprichos, lo que les interesaba a cada uno de ellos era prevalecer sobre los otros, sus pares, hacer gala de sus logros ante los demás... ¡Engordar su ego!
...Concientes de que sus comportamientos los llevaría a la ruina, pero incapaces de no dejarse envolver, cayeron otra vez en una emboscada de la Suerte que se desvivía por dejar al Señor Destino mal parado ante los Dioses...
Fueron retomando viejos métodos, con los artilugios de siempre, empezaron a hacer desaparecer los papeles de los demás... Iban derribando sus barcos, jugando a hundirlos en una batalla naval...
Cuando Amor, tan torpe y distraído como de costumbre, cruzó la frontera por “su” Tristeza, el caos y la crisis se tornaron inevitables... Las disputas privadas se convirtieron en una guerra en la que el resto de los Caprichos no pudo mantenerse al margen...
Proximamente continuara en otras entregas
miércoles, 19 de agosto de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario